Los reyes del no

Imagina Burgos oscila entre el no y la abstención, poniéndose de perfil en asuntos claves para la ciudad

Cargos públicos de Imagina Burgos en el Salón de Plenos del Ayuntamiento de Burgos/Gabriel de la Iglesia
Cargos públicos de Imagina Burgos en el Salón de Plenos del Ayuntamiento de Burgos / Gabriel de la Iglesia
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Le vamos a pedir prestada a Javier Lacalle una de las expresiones a las que más recurre cuando hace referencia a Imagina Burgos. Y es que la candidatura de unidad popular (que en los últimos tiempos no ha demostrado mucha unidad, que digamos) parece que se encuentra cómoda en la «oposición». Son los reyes del NO. Y lo que no es NO acaba siendo abstención, que compromete mucho menos. Ni para mí, ni para ti, ni para nadie.

Si bien es cierto que, en algunas ocasiones, su posicionamiento es justificado, en el Ayuntamiento ya saben que, para asuntos de ciudad o grandes proyectos a medio y largo plazo, no se puede contar con Imagina. Y con dificultad para las propuestas que no vengan directamente de sus filas (imposible si vienen de las filas del Partido Popular).

La decisión de iniciar la candidatura de Burgos como Capital Europea de la Cultura en 2031 es uno de los ejemplos más recientes. Cabiendo, como han cabido para otras formaciones, las críticas al Partido Popular por intentar patrimonializar un proyecto de ciudad, Imagina se desmarca. Se abstienen en un mero acuerdo para empezar a trabajar, sin mayores compromisos, aprovechando que sus cuatro concejales poco pueden influir en el resultado final, y adoptando la postura fácil: ni SÍ, ni NO… pero sale adelante.

La ciudadanía es la gran excusa de Imagina. Se presentan como la única formación que prioriza la resolución de los problemas diarios de los burgaleses, frente a las políticas grandilocuentes, de altos vuelos, del Partido Popular. Sus aportaciones en Servicios Sociales o Medio Ambiente han sido positivas, valoradas y en algunos casos incorporadas para la mejora de los servicios municipales, pero se han demostrado insuficientes, pues la política municipal va mucho más allá.

De nada sirven las propuestas sociales, de promoción de la cultura local, del deporte de base, de defensa de la sostenibilidad y el medio ambiente… si luego no se respaldan con presupuestos. Si, llegado el momento, no se negocian los presupuestos, no se realizan aportaciones, no se apoyan las modificaciones de crédito que permitirán impulsar esas medidas y dejamos para los demás la responsabilidad de sacar adelante las cuentas.

El NO ha sido también la postura recurrente cuando se ha hablado de la reestructuración de la deuda en los consorcios del Desvío y del Polígono de Villalonquéjar. De hecho, no en pocas reuniones de los consejos rectores, Imagina ha estado ausente. Y aunque la gestión que se ha hecho de los consorcios es más que cuestionable, no se puede pasar de puntillas por el problema ni plantear alternativas poco viables para salvar los muebles.

En política hay que mojarse, y comprender que un mandato es mucho más que los cuatro años de gobierno. Que a los ciudadanos se les presta servicio de muchas maneras, con ayudas directas, atendiendo sus necesidades más inmediatas y dando solución a sus problemas, pero también pensando en el futuro, en proyectos a medio y largo plazo, en posibilidades de crecimiento y en inversiones cuyos resultados no son inmediatos.

Que no se puede dejar morir un aeropuerto por nefasta que haya sido la gestión previa, cuando la inversión está hecha y puede ser un activo importante para la economía local. Que convertir la ciudad en un nudo logístico de relevancia europea necesita de una fuerte inversión en el Puerto Seco. Que la promoción alcanza el ámbito deportivo, y que los convenios de patrocinio promocionan tanto el deporte como la ciudad. O que una Capitalidad Europea de la Cultura, unas Edades del Hombre o VIII Centenario de la Catedral puede ser una oportunidad de crecimiento para la ciudad.

La clave no está en el Qué sino el Cómo, en el cómo se gestiona. Y estar en la oposición es todo lo difícil o todo lo fácil que una formación se proponga. Se puede trabajar para intentar dejar huella o ponerse de perfil. Esquivar responsabilidades, escudándose en los rodillos y las muletas, es mucho menos arriesgado. Y si el No no nos convence, siempre nos queda la abstención, y eludimos ser responsables en el futuro de los errores o aciertos del presente.