15 miradores que ver antes de morir

La ruta por los Arribes del Duero entronca con la filosofía generacional milenial de completar hitos de una lista

Mirador de la Code de Mieza, en el Parque Natural Arribes de Duero, en la provincia de Salamanca./Samuel Regueira
Mirador de la Code de Mieza, en el Parque Natural Arribes de Duero, en la provincia de Salamanca. / Samuel Regueira
Samuel Regueira
SAMUEL REGUEIRAValladolid

De entre todos los parajes paisajísticos que se esconden tras las bellezas naturales de Castilla y León, se pueden tratar de establecer criterios objetivos, con perdón de la risa tímidamente contenida, en cuanto a verdor, salvajismo, profundidad de campo, iluminación, fauna observable, accesibilidad, silencio y concurrencia. Si realmente hubiera una especie de supercomputadora capaz de fijar estos algoritmos con mediciones neutrales, es posible que se ubique un punto exacto, ideal y que cumpla con nota sobresaliente en el mejor de los casos, o al menos con equivalente satisfacción en la mayoría de los campos preconfigurados, y que en ninguno de ellos se encuentre siquiera cerca de la zona de los Arribes del Duero, una vasta extensión que colecciona en torno a una quincena de miradores por la zona de Zamora, Salamanca y Portugal, allá donde el Duero pasa a llamarse Douro, que con todo rivaliza con honores y dignidad alguna de las estampas más ciertamente bonitas de nuestra comunidad.

Y, con todo, hay un componente único e indistinguible de la ruta de los miradores del Parque Natural de los Arribes del Duero capaz de dar el gusto a la gente joven que concibe el viaje sin protección solar, pero no sin la carga del móvil lo suficientemente llena para sus 'stories' y sus 'boomerang' de Instagram. Una de las muchas características de la generación millenial es que, de un tiempo a esta parte, todas sus ofertas de ocio y entretenimiento (especialmente culturales y turísticas) se les ofrece en formato de lista, de logros a desbloquear, de pequeños hitos a completar: los libros, películas y discos que hay que leer, ver y oír antes de morir, las comidas que debes probar cuando viajes al Machu Picchu, las cervezas que no puedes perderte en tu visita a Bruselas... Los ránkings y las enumeraciones ordenadas (de mejor a peor, de más breve a más larga) preconfiguran el modo de disfrutar las cosas con la misma sensación de control y de culminación de tareas como más tarde han hecho los retos de pasos durante una caminata o las calorías quemadas a lo largo de una excursión. En esa línea, la presentación de visita a miradores de Arribes del Duero ofrece una ruta ordenada ya para el gusto de los viajeros más jóvenes. Las buenas fotos están ya garantizadas con unas vistas fenomenales y del todo punto impresionantes, que aseguran instantáneas de múltiples 'likes', desde el Mirador del Puente de Requejo, el equilibrio entre la elegancia de la obra del hombre y de la Madre Tierra desde el Mirador del Castillo de Fermoselle, las sinuosas curvas del río que se atisban desde el Mirador de las Barracas o los muy estimulantes y silenciosos vértigos que suscitan el Picón de Felipe, el Teso de San Cristóbal o la Presa de Almendra.

Eso sí. A diferencia de una serie de Netflix, esta ruta no se puede ver en maratón (o como dicen los entendidos, 'binge-watching'). La distancia entre diferentes enclaves y el reposo y quietud que despiden la paz que emana su visionado piden prudencia y tranquilidad para completar la lista de miradores que hay que ver antes de morir. Al fin y al cabo, partimos de la base de que nuestra vida es, o será, larga. Y además, qué caray, estamos de vacaciones.

Dos provincias, dos países

Aves.
A lo largo de Arribes del Duero, entre Zamora, Salamanca y Portugal, se puede observar una importante comunidad de aves: la cigüeña negra, el águila real, el buitre leonado, el alimoche o el águila perdicera.
Artesanía.
Los municipios que conforman el Parque Natural Arribes del Duero ofrecen variedad de artesanía en piel, mimbre, cerámica, forja…
Cruceros.
El parque ofrece no solo descubrirlo con rutas a pie o a coche -solo en algunos miradores- sino también cruceros fluviales desde Fermoselle y Miranda do Douro.