Una monja salmantina alza la voz y pide que la Iglesia «deje de ser patriarcal y a veces machista»

Carmen Soto Varela./ICAL
Carmen Soto Varela. / ICAL

Carmen Soto Varela, de la congregación de las Siervas de San José, denuncia que las religiosas feministas son «un colectivo invisible»

El Norte
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Carmen Soto Varela, una religiosa de la congregación de las Siervas de San José de Salamanca, sorprendió este martes a todos tras hacer pública una carta abierta invitando a reflexionar sobre el feminismo, la violencia de género, la brecha salarial y el techo de cristal a poco días de la celebración del Día Internacional de la Mujer. En la carta, distribuida a los medios de comunicación mediante la Diócesis salmantina y que lleva por título '8M, desafío y compromiso', la religiosa pide que la Iglesia deje de ser «una institución patriarcal y a veces machista»..

Soto Varela asegura que, después de haber sido arrinconado, «el feminismo vuelve a ser protagonista en conversaciones, calles y medios de comunicación». La religiosa sostiene que «las mujeres son un colectivo con más fuerza para alzar su voz ante las desigualdades, los estereotipos y la violencia». Además, añade que el 8M está cerca, deseando que aparezcan «acciones que visibilicen una vez más los anhelos, luchas y propuestas de las mujeres», informa Ical.

Colectivo invisible

En este sentido, manifiesta que las mujeres religiosas participan también en esa 'red de sororidad'. «Somos mujeres, pero también tenemos un compromiso con la causa de Jesús de Nazaret y nuestra fe en un Dios liberador que nos impulsa a llevar liberación y transformación allí donde existe injusticia, violencia o negación de la dignidad de cualquier ser humano», expresó la religiosa.

Por todo ello, reconoció que las religiosas feministas son «un colectivo bastante invisible en los medios de comunicación y también en muchos espacios sociales», denunciando que con frecuencia la mirada que la sociedad tiene hacia ellas «está cargada de estereotipos que apenas responden a lo que somos ni a lo que estamos haciendo».

Como mujeres, continúa Carmen Soto, «celebrar el 8 de marzo es un desafío por experimentar los muros invisibles que la cultura patriarcal levantó a lo largo de los siglos y que siguen impidiendo la igualdad y el desarrollo de todas las potencialidades de las mujeres».

La religiosa invitó al resto de monjas a «alzar su voz» porque como ciudadanas reclaman «equidad y dignidad para vivir sin miedo a padecer cualquier tipo de violencia y porque en nuestra sociedad la pobreza sigue teniendo nombre femenino». Además, concluyó deseando que «la Iglesia deje de ser una institución patriarcal y a veces machista» para poder sentirse hermanas de sus hermanos en la fe «ofreciendo en igualdad la palabra y los dones».