Solo un 10% de mujeres estudian los grados de FP con más demanda

Alba Sanjuan, estudiante de 2º de Mecatrónica en el instituto Cristo Rey. /Rodrigo Jiménez
Alba Sanjuan, estudiante de 2º de Mecatrónica en el instituto Cristo Rey. / Rodrigo Jiménez

«Una joven que estudie Mecatrónica tiene trabajo garantizado al acabar sus estudios», explican desde la Consejería de Educación

Antonio G. Encinas
ANTONIO G. ENCINASValladolid

«Si eres mujer y estudias Mecatrónica Industrial, en cuanto acabes de estudiar tienes garantizado un contrato indefinido». Lo dice Agustín Sigüenza, director general de Formación Profesional en la Consejería de Educación, amparándose en los datos del último informe de inserción laboral de los diferentes grados, pero también basándose en lo que le demandan las empresas. ¿Dónde está el truco? Pues para empezar en que no hay mujeres apenas en ese tipo de grados. En cuatro de las cinco familias con mayor índice de empleabilidad (Instalación y mantenimiento, Fabricación mecánica, Informática y comunicaciones, Electricidad y electrónica), la presencia de mujeres apenas roza el 10%.

Es un mal, en realidad, que se produce en todos los niveles formativos. En la Universidad de Valladolid han alertado ya muchas veces de la continua bajada de alumnas en los grados de Ingenierías Industriales, Telecomunicaciones, Ciencias o Informática, por ejemplo, salvo por determinados repuntes que no acaban de consolidarse. «Debemos hacer un esfuerzo muy grande en cuanto a la inserción femenina, porque tenemos datos muy bajos en esas cuatro familias profesionales», señala Sigüenza, que se enfrenta a la tendencia usual también en los grados universitarios: las chicas se inclinan por Ciencias de la Salud. Una rama, en FP denominada genéricamente Sanidad, que curiosamente tiene un índice de inserción ligeramente más bajo, el 84,5% frente a las cinco familias que superan el umbral del 85%. «Hablamos del dato de inserción laboal de egresados en el plazo de un año y de los activos, porque hay muchos alumnos que siguen estudiando, por ejemplo porque deciden cursar un grado superior al acabar su grado medio. Nosotros llamamos activos a los que buscan empleo», señala el director general de FP.

Desequilibrio paradójico

En la universidad española se ha tomado conciencia de que algo falla en la orientación previa a los estudiantes, y que debe realizarse en edades más tempranas, al principio de la Educación Secundaria Obligatoria a ser posible. De hecho, la Universidad de Valladolid lanzó un programa para explicar a estudiantes de instituto qué salidas profesionales pueden depararles los diferentes títulos de grado.

Un 41% de los estudiantes afirman que no se les informó en el instituto sobre las opciones que ofrecía la Formación Profesional

Pues bien, a esa corriente se suma ahora la Formación Profesional. Agustín Sigüenza señala que un dato preocupante es que en la encuesta realizada a los alumnos «un 58% dice que ha recibido orientación sobre la FP, ¡pero es que hay un 41% que dice que no!».

Así, al desconocimiento sobre las posibilidades laborales de la universidad se suma la ignorancia sobre a qué profesiones se puede enfocar un determinado grado de FP. El resultado es que hay carreras con sobredemanda para hacer frente a una oferta muy pobre y hay otros estudios, con empleabilidad elevadísima, en los que no se consigue atraer a tantos estudiantes como las empresas son capaces de absorber. Por eso, la propuesta de Sigüenza puede sonar contradictoria. Apuesta por «incrementar la oferta en Robótica, Mecatrónica o Desarrollo de aplicaciones multiplataforma» pese a que, de momento, no tienen cubierto al completo las plazas disponibles.

«Hay que crear más oferta en los grados vinculados a la industria 4.0», aboga. «Y luego hay que hacer una labor añadida, que es la de conseguir que las estudiantes se sientan atraídas por estas titulaciones porque, paradójicamente, no son de las más demandadas, a pesar de que el mercado no encuentra gente suficiente para poder contratar y cubrir sus necesidades».

A cambio, desconfía de las propuestas, en ocasiones lanzadas desde la oposición, en las que se anima a aumentar las plazas en ciclos que tienen mucha demanda por parte de los estudiantes. «No se pueden tener solo en cuenta las preferencias del alumnado, sino la demanda de personal cualificado en el mercado laboral, porque de lo contrario provocaríamos un exceso de personal titulado que no sería absorbido por ese mercado. De ahí la importancia de hacer bien el proceso de planificación y diseñar una oferta equilibrada, que se corresponda con la demanda de personal cualificado por parte del tejido productivo».

«Estaba en Ingeniería Mecánica, pero no me sentía realizada»

Alba es la única chica en una clase de 23 alumnos. Estudia Mecatrónica Industrial. Aunque en realidad no sabía qué era eso hasta que, convencida de que la universidad no era lo suyo, decidió investigar a ver qué encontraba allende los muros. «Estaba en segundo de Ingeniería Mecánica. Eran clases de pizarra y no me sentía realizada. Me puse a investigar y vi la opción de los grados superiores de FP, pero en Internet no encontraba mucha información. Así que me recorrí la ciudad preguntando y me enteré de que en Cristo Rey hacían una exposición. Vine y vi a los alumnos de 2º haciendo la exposición, enseñándote las cosas, y eso me motivó a venir. Porque Mecatrónica es muy general, tienes tanto de autómatas como de mecánica, electricidad, parte de diseño... Me llamó muchísimo la atención y aquí estoy».

Durante la conversación, en un aula plagada de instalaciones, interruptores, circuitos y máquinas, reflexiona sobre qué se puede cambiar para que más chicas se decidan a cursar FP, especialmente modalidades como la que ella ha elegido. «Hice la ESO, Bachillerato, veía asignaturas que me gustaban y otras que no... Nunca tuve claro qué hacer, pero en esta sociedad parece que te encarrilan a hacer una carrera y no te dan pie a ver qué te gusta. Todas las charlas que nos dieron en el instituto eran encaminadas a cómo había que hacer la matrícula de la Universidad, qué grados tenían, y nunca una charla sobre grados superiores de FP. Eso sí te condiciona mucho», explica. Aunque en realidad lo del condicionamiento, explica, comienza mucho antes. Incluso lejos de las aulas, en casa. «No sé qué es lo que te lleva a elegir un rol u otro, pero ya desde pequeños te regalan juguetes condicionados. A los chicos cosas para construir o reparar y a las niñas, no», dice. Aunque ese no fue su caso, ni mucho menos. «Mis padres no hicieron carrera, no tienen nada que ver con este sector, pero es algo que me gustaba desde pequeña, así que mi madre me compraba coches teledirigidos o cosas de fabricar, y mis tíos, muñecas. Me acuerdo de cuando mi madre me regaló una carabina para pegar tiros en el patio, mis tías se llevaban las manos a la cabeza», se ríe.

Sabe, porque así lo dicen las estadísticas, que tendrá trabajo asegurado cuando acabe el ciclo de grado superior de Mecatrónica Industrial. O al menos la garantía de que podrá empezar a trabajar en lo suyo de inmediato. «Te llama la atención, porque te dicen que tienes más posibilidades por ser chica, pero no creas.», desconfía. «En este sector no hay tantas mujeres como parece, pero como las empresas tienen ayudas para contratar a gente en riesgo de exclusión, mayores de 55, menores de 25 y mujeres... No sé si es una acción correcta, aunque tampoco me parece mala».

Porque si algo quiere es que todo se vea con normalidad. Difícil, claro. «Te hace tener más paciencia. Se nota en algunos comentarios, o cómo te tratan. O tienen más cuidado contigo, no sé por qué, porque soy un alumno como cualquier otro. O presuponen que vas a ser más organizada o más lista que los demás, o que te vas a manchar menos las manos. Cuando estuve de prácticas el curso pasado, que hice un curso adicional de electricidad, me dijeron los compañeros que me esperaban más pija», dice asombrada. «O que hagan una broma en clase subidita de tono y te digan, solo a ti, que te tapes los oídos. Y siempre está la duda de si dices algo o no, para que no te llamen exagerada».

El clásico 'chica, cómo te pones' que tantas como ella han sufrido cuando han decidido no callarse la boca en algunas circunstancias. Y que no es exclusivo de la FP, desde luego. «A veces mis compañeros o mis amigos, que están en carreras de Teleco o Informática -también con un escaso porcentaje de alumnas-, cuando oyen que llega una chica nueva van corriendo a ver cómo es. Es exagerado. No sé si se plantean cómo se puede sentir esa persona por el hecho de ser observada solo por ser mujer. Yo se lo intento explicar, desde luego», explica Alba.

En cuanto a lo de la ventaja competitiva por ser mujer, advierte que no acaba de creérselo del todo. «Este beneficio de ser mujer para que te contraten te vale con empresas grandes. He oído casos como el de una empresa pequeña en la que no contrataron a una mujer porque como los trabajadores no sabían comportarse delante de una mujer, el jefe prefería contratar a un hombre».

Confía en que, cuando consiga acabar el grado superior y acceder al mercado de trabajo, su ejemplo y el de otras compañeras que también estudian en minoría les pueda servir a otras niñas «para ver que hay mujeres mecánicas».

«Las empresas sí quieren incorporar mujeres al sector industrial»

El de Patricia es un caso claro de formación continua. Tras probar en Ingeniería Electrónica, decidió virar a un ciclo de grado superior de FP. Se lo aconsejó su hermano. Y desde entonces ha sido un no parar. «Él había estudiado Mecanizado y me dijo 'a ti que te gusta esto, ¿por qué no haces un grado superior?'. Y probé. Para mí Electrónica fueron mis dos mejores años de estudiante, me encantaba, no me costaba ponerme a estudiar. Y cuando hice las prácticas en Mantenimiento, en Renault, pensé ¿por qué no estudio Mecatrónica y complemento mis estudios?Ahora estoy haciendo Ingeniería a distancia, porque siempre he tenido la espinita. Y no es lo mismo empezarla con 18 años que con 25, tienes la cabeza más amueblada».

Dos ciclos superiores más tarde y tras las prácticas en Renault, ahora desempeña su labor en Michelin. «Allí trabajo de Electrónica, que es el primer grado superior que hice, pero no habría aprobado los exámenes que hacen sin tener el otro. Porque buscan gente que valga un poco para todo».

Cuando cursó Electrónica era la única chica en clase. En Mecatrónica, también en Cristo Rey, eran tres. «En Informática es donde más chicas hay», dice. Algo similar ocurre en su trabajo, aunque allí tiene otra compañera. «Me dijeron que tenía que abrir camino a las demás», cuenta. «Desde la empresa se intenta incorporar a más mujeres al mundo industrial, aunque entiendo que hay ciertos puestos que para nosotros están más limitados, y quien no quiera verlo está ciego. Pero en puestos técnicos... Creo que las empresas sí quieren incorporar mujeres», asegura, más allá de los incentivos que puedan recibir por ello.

Es, a su modo de ver, una evolución natural. «A lo mejor antes la sociedad no estaba preparada para que una mujer se incorporara a un mercado laboral industrial», reflexiona. Pero ahora, quizá, solo sea una cuestión de distribuir la información de un modo adecuado y eficaz. «Se tiene que hablar antes de qué es lo que hay, para qué sirve. Sobre todo a esas edades de continuo cambio en la que te llegan muchas informaciones y ninguna clara. La Secundaria sería la primera base por la que habría que empezar», explica. Por ejemplo: «Si quieres algo que te permita trabajar y un esfuerzo menor que lo que supone una carrera como Ingeniería haz un ciclo de grado superior. Vas a tener trabajo en dos años, quizá tres. Está orientada de una manera más práctica, la enfocas de otra manera y el esfuerzo es diferente. Hay que informar a la gente que viene detrás porque las carreras se masifican y en cambio va a haber puestos de trabajo el día de mañana que no se van a cubrir porque no hay gente formada para ellos», advierte.

 

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