Un ejército de Giacometti invade el Museo del Prado

Obras de Giacometti en la sala de 'Las meninas' de Velázquez en el Museo del Prado/EFE
Obras de Giacometti en la sala de 'Las meninas' de Velázquez en el Museo del Prado / EFE

Veinte obras del artista contemporáneo se enfrentan al arte clásico en las salas de Velázquez, El Greco o Zurbarán, en la nueva exposición temporal del Prado

Doménico Chiappe
DOMÉNICO CHIAPPEMadrid

Siete mujeres de Venecia han comenzado a custodiar el gran cuadro 'El lavatorio' de Tintoretto, en el Museo del Prado. Fueron realizadas por Alberto Giacometti, en 1956. Desde este lunes veinte obras de este artista suizo, uno de los más importantes del siglo XX, dominarán los principales espacios de la primera planta del edificio Villanueva, en una exposición enmarcada dentro de la celebración del bicentenario del museo. En esta especie de invasión artística, en las que lo contemporáneo se enfrenta a lo clásico, la escultura de la 'Mujer de pie', realizada entre 1948 y 1949 se encuentra rodeada de las figuras estilizadas y alargadas de El Greco; y dos óleos, 'Isaku Yanaihara' y 'Cabeza de hombre I', están entre los bustos romanos del siglo XVI. Otras obras de Giacometti se encuentran al lado de Veronés, Tiziano, Zurbarán y, desde luego, Velázquez.

Obras de Giacometti en El Prado. / EFE

«Del 'Hombre que camina' en la sala de Velázquez partió la idea», explica Carmen Jiménez, comisaria de la exposición, en medio del salón más importante del Prado, el que alberga a 'Las meninas'. En este «sancta sanctórum», cuatro piezas de Giacometti se miran entre ellas sobre un gran círculo blanco y parecen ignorar la obra maestra realizada por encargo de Felipe IV al pintor español. Lo que se exhibe aquí de Giacometti también se hizo por contrato, esta vez del Chase Manhattan Bank. «Fue un encargo que empezó con el 'Hombre que camina' y no terminó», asegura Jiménez, que mira el resultado del montaje, donde lo moderno reta a lo académico. «No hay diálogo con 'Las meninas'. Nosotros somos parte de ese cuadro pero no de las esculturas de Giacometti, que son herméticas. Este recinto es como una plaza, donde 'Las meninas' viven de forma natural. Pero las esculturas están pensadas para mirarse a sí mismas, el espectador no participa para nada».

Giacometti encontró el camino de su arte después de la II Guerra Mundial, aunque antes se dejara influir por el surrealismo. A partir del final del conflicto armado comenzó a representar al ser humano, entre los años 1945 y 1966, cuando falleció a los 65 años. Aunque nunca visitó el Museo del Prado sí conoció parte de sus obras, cuando se resguardaron de la Guerra Civil española, se expusieron en Ginebra y se confrontó con 'Las meninas'. Ahora son sus creaciones de madurez las que de forma alegórica se reflejan en ese espejo de Velázquez. «Invitamos a las obras de un artista del siglo XX a que se distingan por algunos de los espacios más cargados de historia», dice Miguel Falomir, director del Museo del Prado, en la presentación de 'Alberto Giacometti en el Museo del Prado' que se podrá visitar hasta el 7 de julio. «El resultado es extraordinariamente sugerente. Dentro de muchos años se recordará y diremos: 'yo estuve allí'. Giacometti se exhibe con los pintores que más amó, como Tintoretto, El Greco y Zurbarán. El gran arte no necesita justificación y verlo entre 'Las meninas' es tan lógico porque él hizo de la figura humana y del espacio que genera sus grandes preocupaciones».

El director del Museo del Prado, Miguel Falomir, en la inauguración de 'Alberto Giacometti en el Museo del Prado'
El director del Museo del Prado, Miguel Falomir, en la inauguración de 'Alberto Giacometti en el Museo del Prado' / D. Ch

La exposición consta de veinte obras y su montaje se realizó la semana pasada incluso en horario de visita. Tiene, además de los mencionados, otros dos grandes momentos. O choques, inesperados pero siempre felices, como expresó Falomir. Uno sucede en la sala de los Hércules de Zurbarán. Entre estos lienzos del siglo XVII se expone 'La pierna' de 1958. «A partir del año 43 él pensaba hacer una mano o un vientre separados, influido por el tiempo terrible que vivió», dice Jiménez en la visita guiada de esta muestra que contó con el apoyo de la Comunidad de Madrid, la Fundación Beyeler, el Grupo Mirabaud y la Embajada de Suiza. «Es singular y por eso, bella».

El segundo momento se reserva para el final y encierra algo de nostalgia. La 'Mujer grande I', flanqueada por dos grandes lienzos de Rubens, 'La cena de Emaús' y 'El cardenal-infante Fernando de Austria, en la batalla de Nördlingen', llega hasta la mitad del pasillo central y mira hacia el fondo, donde comienzan las salas dedicadas a Goya, y hasta donde no llegó la invasión de Giacometti.