Análisis

Al Real Madrid le atenazan sus fantasmas

Hruska aborta una acción de Gareth Bale en el duelo que midió al Real Madrid con el Viktoria Pilsen. /Mariscal (Efe)
Hruska aborta una acción de Gareth Bale en el duelo que midió al Real Madrid con el Viktoria Pilsen. / Mariscal (Efe)

El soponcio final ante un rival de escasa enjundia como el Viktoria Pilsen aviva las dudas sobre un equipo cuyas demandas de tranquilidad se topan con el clásico y un ambiente enrarecido

Óscar Bellot
ÓSCAR BELLOTMadrid

Lejos de aminorar la tormenta, el triunfo ramplón del Real Madrid ante el Viktoria Pilsen ha avivado las dudas que genera el campeón de Europa. Con un gol tan precoz como el de Benzema, en otro tiempo los blancos habrían sometido a su endeble rival por aplastamiento. El Santiago Bernabéu asistió por contra a un verdadero suplicio a raíz del tanto de Hrosovsky que puso en vilo a la parroquia merengue, cuyos silbidos de despedida reflejaron la desesperación de una hinchada que no reconoce en su escuadra a la que reinó hace cinco meses en Kiev. Una diana que no provocó sólo los temblores del respetable sino que dejó también con tiritona a los pupilos de Julen Lopetegui, que terminaron pidiendo la hora ante un contrincante de escasa enjundia. Un epílogo al que contribuyeron evidentes problemas de índole puramente futbolística pero que precipitaron también las cuitas de unos jugadores a los que la falta de confianza ha colocado al borde del diván y que incluso andan afectados de manía persecutoria, como evidenció Marcelo con su diatriba contra la prensa.

Más allá de los desajustes defensivos que han provocado que el Real Madrid contabilice 15 goles en contra en trece partidos oficiales, con sólo cuatro porterías a cero en esos duelos, y las carencias ofensivas que le llevan a necesitar trece remates de promedio para 'vacunar' al rival cuando antes presumía de una demoledora pegada, emerge un bloqueo mental que provoca que el grupo se venga abajo anímicamente al primer revés. Es por eso que un conjunto acostumbrado a remontadas imposibles únicamente ha logrado levantar uno de los siete partidos en los que ha comenzado perdiendo este curso.

Y la bajada de brazos se extiende también a la merma de su instinto asesino, que permitió que un contrincante que venía de encajar una humillante goleada ante la Roma se recompusiese del mazazo inicial para inocular el terror en el coso sobre cuyo miedo escénico y su efecto en los visitantes filosofase Jorge Valdano allá por los años ochenta. Ese miedo escénico lo sufre ahora en sus propias carnes el anfitrión, que paradójicamente puede hallar alivio en tener que viajar a Barcelona para encarar el clásico, liberado en el feudo del eterno enemigo de los inclementes ojos de su propia afición.

Manía persecutoria

«Ganamos un partido de Champions y rompemos una dinámica. Vamos poco a poco y seguramente el equipo irá a más porque las victorias dan tranquilidad», señaló en rueda de prensa Lopetegui, que aludió al triunfo ante el Viktoria Pilsen como «un punto de inflexión» tras atravesar «circunstancias adversas». «Generamos muchas ocasiones y ahora el equipo, con un entorno de tranquilidad y triunfos, va a ir mejorando», agregó el vasco, al que Nacho ve «dolido» por la trayectoria y las críticas.

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«Hoy el objetivo era la victoria y son tres puntos importantísimos. Tenemos que estar contentos. Anímicamente nos viene muy bien y nos da confianza para hacer un gran partido el domingo», comentó Lucas Vázquez, improvisado lateral derecho frente al Viktoria Pilsen en un once que dejó damnificados como Odriozola, Marco Asensio o Varane e incluso otros como Ceballos que ni entraron en la convocatoria. «Este resultado nos sirve para coger confianza», abundó Casemiro, de nuevo uno de los pocos que hicieron autocrítica al reconocer que el juego no es bueno pero que lanzó otro mensaje de confianza en el técnico, como también hizo Marcelo.

Pero todas esas demandas de tranquilidad y rearme anímico se topan con la proximidad de un pulso a vida o muerte con el Barça, siempre con el cuchillo entre los dientes cuando huele sangre, y un ambiente enrarecido. Zarandeada en las últimas semanas, la plantilla se ha revuelto contra lo que considera un enemigo externo, la prensa, con Marcelo oficiando de altavoz. «Los periodistas intentáis hacer daño al vestuario. A lo mejor es envidia porque no sabéis jugar al fútbol», espetó el brasileño en zona mixta en un tenso rifirrafe. Patina el zurdo, cuya presencia en el Camp Nou depende de la evolución de su tobillo derecho, dañado por una entrada de Ekpai, al buscar falsos enemigos externos cuando la salida de la crisis pasa única y exclusivamente por el cambio de mentalidad de unos futbolistas que necesitan reconciliarse consigo mismos.

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