Trump prolonga la tregua comercial con China

El presidente de EE UU, Donald Trump, durante un acto este lunes en la Casa Blanca./Reuters
El presidente de EE UU, Donald Trump, durante un acto este lunes en la Casa Blanca. / Reuters

Los aranceles que impone Estados Unidos a los productos del gigante asiático no aumentarán el próximo 1 de marzo y las bolsas del país reciben la noticia con exaltación

ZIGOR ALDAMAShanghái

 Los negociadores que tratan de desactivar la guerra comercial que enfrenta a Estados Unidos y China aseguran que un tratado de paz está cercano. Y muestra de que las conversaciones van por buen camino es que este lunes Donald Trump decidió extender la tregua acordada en diciembre. De esta forma, el próximo día 1, los aranceles que gravan los productos chinos se mantendrán invariables y no aumentarán del 10% al 25%, como estaba anunciado.

«Me resulta satisfactorio anunciar que Estados Unidos ha logrado avances sustanciales en las negociaciones comerciales con China, incluso en asuntos estructurales importantes como la protección de la propiedad intelectual, la trasferencia tecnológica, la agricultura, los servicios, la divisa, y muchos otros temas», anunció Trump en un mensaje publicado en Twitter. El presidente estadounidense también avanzó una próxima cumbre con su homólogo chino, Xi Jinping, para formalizar el trato definitivo en Mar-a-Lago. «¡Un gran fin de semana para Estados Unidos y China!», sentenció exultante.

Aunque no han trascendido aún cuáles son las concesiones concretas que ambos bandos están dispuestos a hacer, diferentes analistas y fuentes relacionadas con las conversaciones coinciden en señalar que China está dispuesta a aumentar considerablemente las importaciones de productos americanos para reducir el superávit comercial endémico que lastra la relación entre las dos principales potencias mundiales. También se ha filtrado que Pekín podría ofrecer la apertura de varios sectores vetados a las empresas extranjeras, y que tanto Visa como MasterCard tienen interés en acceder al mercado chino de los pagos electrónicos.

Estados Unidos también busca que China se comprometa a poner en marcha las reformas económicas que sus líderes prometen a menudo pero que luego nunca implementan, algo que también se critica en el resto del mundo. Trump exige una hoja de ruta detallada para esas reformas, de forma que las empresas extranjeras tengan en China el mismo acceso al mercado local del que disfrutan las empresas chinas que salen fuera de sus fronteras. No obstante, parece que este punto es uno de los principales escollos en las negociaciones.

Euforia en las bolsas

A pesar de todo, el anuncio de este lunes se ha recibido con satisfacción en el gobierno chino y con euforia en las bolsas del país. Después de un 2018 para olvidar, ayer el mercado de valores de Shanghái se tiñó de rojo (el color que en China marca las ganancias) y marcó con un 5,6% su mayor subida en los últimos tres años y realizó operaciones por valor de un billón de yuanes, también el volumen más elevado desde 2015. Por su parte, la divisa china se apreció frente al dólar hasta el máximo de los últimos siete meses, y el optimismo se contagió al resto de los parqués asiáticos, que cerraron en positivo.

Como era de esperar, la prensa china se mostró aliviada por la posibilidad de que un acuerdo ponga pronto punto final a un conflicto comercial que amenaza con erosionar la economía china en un momento de desaceleración. «La situación demuestra al mundo que China y Estados Unidos son capaces de resolver sus disputas y de sentar las bases para alcanzar un acuerdo final», escribió el Diario del Pueblo. «Pero también es evidente que todavía hay que esquivar algunos escollos en la fase más crítica de las negociaciones», añadió en una nota más cauta la agencia oficial Xinhua.

En cualquier caso, todos coinciden en subrayar que ya resulta urgente zanjar la disputa. El problema radica en hacerlo de forma que ambas partes puedan mostrarse victoriosas frente a sus ciudadanos. Porque Trump necesita una victoria en el frente más importante de su política económica internacional, para demostrar que tenía razón cuando decía que hay que presionar a China para crear empleo y riqueza en Estados Unidos, y Pekín no puede demostrar debilidad en un momento en el que la confianza en el futuro del país se encuentra en un claro declive.