La nueva movilidad

La nueva movilidad
DANIEL ARENASprofesor del Instituto de Innovación Social ESADE

El mundo de la movilidad está en medio de una especie de tormenta perfecta, debido a distintas disrupciones que se han dado simultáneamente. Desde la invasión de patinetes eléctricos y solowheels hasta los coches sin motor de combustión y autónomos, pasando por los servicios de movilidad compartida de motos y coches intra e interurbanos, facilitados por las apps de nuestros teléfonos. Por no hablar de los peajes para entrar en las ciudades, las VTC y las necesidades de grandes inversiones en transporte público. Es para ponerse nerviosos: todo ello afecta a puestos de trabajo y a toda una red de empresas alrededor de la movilidad tradicional. La industria de la automoción, en concreto, es clave para la economía española. Se trata del segundo país productor en Europa con 17 plantas de fabricantes líderes mundiales y más de 1.000 empresas de componentes. Las ventas están en auge, pero la transición hacia el vehículo eléctrico no será fácil para todos.

No deberíamos olvidar que la necesidad de cambio viene dada por la urgencia de hacer frente al calentamiento global. El sector de la automoción es de los que más contribuye a los gases efecto invernadero. En el informe 'Hacia una automoción baja en carbono' del Instituto de Innovación Social de ESADE y la Fundación Caja de Ingenieros apuntamos que el coche particular se lleva la mayor parte de las emisiones del transporte, con un 63%. Para limitar el aumento de las temperaturas a menos de 2ºC (y lo deseable sería no pasar de un aumento de 1,5ºC), empresas y organizaciones del sector se han comprometido a promover su descarbonización. Esto debería ser una prioridad en el caso español. A menudo no somos conscientes de que es el país más vulnerable al calentamiento global, por sus tremendas repercusiones en el balance hídrico y en la agricultura, entre otras. Es más, en contraste con la tendencia europea, en España las emisiones de gases efecto invernadero crecieron un 17,8% desde 1990. Queda poco más de una década para evitar cambios climáticos catastróficos. Y la transformación de la movilidad es clave para este gran reto.