Pedro Sánchez entra en el cuerpo a cuerpo con Esquerra

Pedro Sánchez participa en un acto de campaña en Baleares. / EP

El presidente del Gobierno insiste en que ERC no es «de fiar» y se erige, en el primero de sus dos días de campaña en Cataluña, como garante de que no habrá independencia

Paula De las Heras
PAULA DE LAS HERASMadrid

Cataluña no es una plaza cualquiera para Pedro Sánchez. La ventaja electoral en esta comunidad, sumada a la de Andalucía, ha cimentado siempre las mayorías del PSOE. El motor del PSC se gripó en 2011, después de haber logrado en 2008, con José Luis Rodríguez Zapatero al frente de un Gobierno implicado de manera directa en la aprobación del nuevo Estatuto, un resultado histórico: 25 diputados. En 2016, la representación de los socialistas catalanes se quedó en unos exiguos siete escaños (fueron cuartos), pero ahora vuelven a verse en condiciones de erigirse en primera fuerza política. Su principal competidor es, según las encuestas, Esquerra.

La pugna con esa formación y la posibilidad, apuntada en no pocos sondeos, de que Sánchez pueda acabar gobernando con el apoyo de Unidas Podemos, el PNV y Compromís, sin necesidad de más respaldos, explican que, después de una precampaña en la que esquivó cualquier referencia a la crisis territorial, el presidente del Gobierno decidiera entrar hace unos días en el cuerpo a cuerpo con el secesionismo. El domingo, en una entrevista con este periódico, no dudo en advertir de que volverá a aplicar el 155 si es necesario. Y este jueves, en Onda Cero, puso en duda la disposición de Oriol Junqueras para auparle de nuevo a la Moncloa, sin líneas rojas, solo por impedir un Ejecutivo de derechas, como dio a entender en una reciente carta a la militancia de su formación.

El secretario general del PSOE recordó así que ERC fue la primera de las dos fuerzas independentistas de Cataluña en presentar una moción de censura contra «los Presupuestos más sociales de la historia» este febrero y forzó la convocatoria de elecciones, a pesar de que se supone que su posición es mucho menos radical y más posibilista que la del partido del expresidente Carles Puigdemont. E insistió en algo que, en los últimos días, ha repetido en distintos foros, que los líderes de estas formaciones han demostrado no ser «de fiar».

Baño de masas

En su primer día de campaña en Cataluña -antes de regresar el jueves 25 a Barcelona para participar en el mitin de cierre del PSC-, Sánchez realizó un breve paseo por Lleida, donde en los últimos comicios perdió un escaño a favor del PP, y, por la tarde, se dio un baño de masas en un barrio trabajador de Badalona en el que se erigió como «la garantía de que no va a haber un referéndum, de que no va a haber independencia y de que no se va quebrar el ordenamiento constitucional». En su programa electoral, Sánchez pasa de puntillas sobre la promesa del reconocimiento de la España plurinacional, que sólo cita indirectamente, y apuesta por revisar los estatutos de autonomía para perfilar «aspectos identitarios, históricos y culturales» con el limite de la igualdad entre españoles. Ya no cree indispensable la reforma constitucional, según dijo en Antena 3 el lunes.

En Badalona acusó al secesionismo de estar gobernando «contra Cataluña» y argumentó que por ese momento es importante que «sobre todo en Cataluña» los electores «den un paso al frente» el 28 de abril. «Es una gran oportunidad para pasar pantalla y decir a los independentistas y la derecha que por ahí no, que la política son soluciones, no es discutir 'ad eternum'», esgrimió. El jefe de filas del PSC, Miquel Iceta, también advirtió de que la movilización es sustancial y pidió que no se dé nada por ganado. Como aldabonazo: el resultado de Susana en Andalucía, el 2 de diciembre, cuando todo el mundo asumía que tendría mayoría suficiente para gobernar y la victoria de los socialdemócratas finlandeses por solo un escaño frente a la ultraderecha en las elecciones del domingo pasado.