Santiago Abascal, un agitador en la Carrera de San Jerónimo

El líder de Vox, Santiago Abascal./REUTERS
El líder de Vox, Santiago Abascal. / REUTERS

El líder de Vox culmina su plan de irrumpir en el Congreso, aunque la debilidad del PP impedirá sacar adelante su proyecto político

Miguel Ángel Alfonso
MIGUEL ÁNGEL ALFONSOMadrid

Mientras el resto de formaciones celebran su resultado o se lamen las heridas, hay un hombre contento por haber clavado una pica en el Congreso de los Diputados. Santiago Abascal (Bilbao, 1976), el líder Vox, ha culminado este 28 de abril su plan de obtener diputados y convertirse, no solo en una formación oficial, sino también en una fuerza a tener en cuenta en el parlamento. Sin embargo, su sentimiento personal es agridulce, ya que ningún hipotético pacto con el PP o Ciudadanos, del que es socio en Andalucía, permitirá sacar adelante su proyecto político.

Con una concepción 'trumpista' de la política basada en el nacionalismo, el proteccionismo, la antiimigración y la crítica de la posmodernidad, su irrupción llega en un momento en el que las derechas populistas abanderadas por los Salvini, Bolsonaro o Le Pen están triunfando en sus respectivos países bajo el paragüas ideológico de Steve Bannon. Pupilo aventajado de este estilo, Abascal invoca la Reconquista como periodo histórico para reivindicar su visión de España: la católica, rural y homogénea. Si montó a caballo duralte la campaña de las elecciones andaluzas, para las generales viajó a Covandonga, en un acto cargado de simbolismo que han premiado los electores.

Esta constucción ideológica ha encontrado un nicho en la sociedad española y ha supuesto el triunfo político de alguien que ni siquiera quería dedicarse a ello pese a que lo llevaba en la sangre. «Me encontré el carnet del Partido Popular en casa», recuerda el hijo de Santiago Abascal Escurza, un hombre regentaba un negocio textil en Amurrio (Alava) y era dirigente local del PP alavés. Su abuelo, Manuel Abascal Pardo, fue quién inició la saga política familiar como alcalde de Amurrio durante el Franquismo.

El actual dirigente de Vox siempre recuerda que el hecho de que su familia estuviera amenazada por ETA marcó su vida, por lo que justifica el hecho de salir a la calle con una pistola de la marca Smith & Wesson, «para defender a mis hijos». La tienda familiar sufrió un ataque con piedras en 1999. Ese mismo año, cuando contaba con tan solo 23, obtuvo su primer cargo público al ser elegido concejal del PP en el Ayuntamiento de Llodio (Álava), un puesto que revalidó hasta 2007. El día en que fue a recoger su acta fue increpado por un grupo de simpatizantes de Batasuna, formación que acababa de ser ilegalizada por el Tribunal Supremo.

En noviembre de 2000 fue elegido presidente de las Nuevas Generaciones del Partido Popular de Euskadi, cargo que ejerció hasta 2005. Durante ese período también fue miembro de la Junta Directiva Nacional del PP. Desde 2000 hasta 2013 formó parte de la ejecutiva del Partido Popular de Euskadi y desde 2005 secretario de Educación del PP en la CAV.

Triunfo en Andalucía

En 2012 se marcha del PP vasco y acude a la llamada de Esperanza Aguirre, que lo sitúa como presidente de la Agencia de Protección de Datos. En ese momengo funda la Fundación para la Defensa de la Nación Española En noviembre de 2013, su alejamiento es mayor y se siente «traicionado» por las políticas de Mariano Rajoy y lo que considera una «debilidad» con los nacionalistas. Por ello presenta la baja del Partido Popular por «diferencias irreconciliables con su cúpula».

Abascal no dudó en integrarse en un nuevo partido político de extrema derecha, Vox, del que se hace con la presidencia en 2014. La «denuncia del multiculturalismo», la «defensa de la identidad nacional frente a los intereses de Bruselas» y la salvaguarda «de los pueblos europeos frente a la masiva inmigración islámica». Postulados cercanos a los que promulgan otras formaciones ultraderechistas europeas como el Frente Popular francés, un espejo dónde siempre se ha mirado.

El 20 de diciembre de 2015, el día que se celebraban Elecciones Generales en España, a las que se presentaba como diputado por Madrid, Abascal fue padre por cuarta vez. «Ojala venga con un escaño bajo el brazo», escribió en su cuenta de Twitter. Sin embargo fracasó estrepitosamente y solo consiguió 18.017 votos, un 0,45 % del total.

No sería hasta diciembre de 2018, en las elecciones andaluzas, cuando la formación de ultraderecha irrumpe en un parlamento. Al grito de «Viva España» y «por fin tenemos voz» se recibieron los resultados históricos que daban 12 escaños a la formación de Abascal en el Palacio de San Telmo. Desde entonces, su formación no ha hecho más que ganar adeptos.

Abascal no cejó en intentar una y otra vez lo que entonces parecía imposible, conseguir algún escaño para la ultraderecha en España, que entonces parecía ajena a la política europea. Pero dos años más tarde, su discurso ha calado y Abascal viene para quedarse.