Mohammed VI celebra 20 años de reinado en un Marruecos profundamente desigual

El rey de Marruecos, Mohammed VI, durante la alocución en Tetuán por sus 20 años de reinado./EFE
El rey de Marruecos, Mohammed VI, durante la alocución en Tetuán por sus 20 años de reinado. / EFE

Cuando llegó al trono, en 1999, el joven monarca de 35 años, apodado en aquel entonces «rey de los pobres», despertó grandes expectativas

COLPISA/AFPRabat

El rey de Marruecos, Mohammed VI, celebra el martes sus 20 años de reinado en un país estable, pero todavía marcado por profundas desigualdades, pese a los esfuerzos por desarrollarlo.

Como cada año, las ciudades, provistas de banderines, preparan los actos de la Fiesta anual del Trono, eminentemente protocolaria, mientras que la prensa publica balances elogiosos de su reinado.

Sin embargo, hace solo unas semanas, varias voces advertían de la situación del país y la prensa aludía al «declive marroquí» o al «volcán social en el que bailan millones de jóvenes desheredados».

Cuando llegó al trono, en 1999, el joven monarca de 35 años, apodado en aquel entonces «rey de los pobres», despertó grandes expectativas. En su primer discurso, hizo referencia a los males del país: pobreza, desempleo, desigualdades sociales.

Descontento social

«Mejor no ser marroquí en 2019», escribe 20 años después el semanario Maroc Hebdo, destacando «la persistencia del desempleo [...], la lentitud de las transformaciones estructurales, el ahondamiento de la desigualdad» y la falta de perspectivas para los jóvenes, que representan un tercio de la población, de 35 millones.

«Existe un sentimiento de descontento, no conseguimos encontrar trabajo para nuestros jóvenes, tenemos regiones muy desheredadas», admite Omar Azziman, uno de los consejeros del rey, en una entrevista con la AFP.

La prioridad actual es «la reducción de las desigualdades sociales, espaciales, territoriales [...], lo que requiere un nuevo modelo de desarrollo, más sensible al imperativo de la justicia social», señala.

En veinte años de reinado, «se han cumplido ciertas cosas, se ha hecho lo más importante en materia democrática, pero hay que profundizar más», añade Abdellatif Menouni, otro consejero real, especialista en cuestiones constitucionales.

En los últimos años, el país se vio sacudido por varios movimientos de protesta en regiones marginadas. El más importante, el «Hirak», agitó varias localidades del Rif (norte) en 2016-2017, lo que dejó cientos de arrestos según estimaciones.

Aunque el rey indultó a unos 250 manifestantes, los activistas por los derechos humanos vieron una «regresión» en el episodio del «Hirak», tras la esperanza que despertó la reforma constitucional de 2011, en plena época de la primavera árabe.

La AMDH, una asociación marroquí por los derechos humanos, denunció una «escalada de violaciones», y organizaciones internacionales como Amnistía Internacional suelen exigir al gobierno que garantice la libertad de expresión y de reunión, abandone las detenciones «arbitrarias» y vele por que los juicios sean «imparciales».

«En realidad, no hubo ninguna democratización, sino más bien una forma de liberalización: vivimos un periodo de apertura pero que se correspondía con una transición dinástica que buscaba mantener una monarquía ejecutiva», lamenta Maâti Monjib, un intelectual.

Emigración juvenil

Pero para el politólogo Mohamed Tozi, en cambio, el incremento de los derechos de las mujeres, la reforma constitucional, la existencia de partidos políticos o de organismos de control como el Tribunal de Cuentas ilustran «enormes cambios» en el reino.

Aún así, siete de cada diez jóvenes se plantean emigrar, según un sondeo reciente del Barómetro Árabe, que describe un país «fracturado en dos generaciones»: la antigua, más confiada, y la nueva, más pesimista.

Mohammed VI, que controla los sectores estratégicos, impulsó una política económica centrada en la conquista de los inversores extranjeros, la industrialización y las infraestructuras como carreteras, aeropuertos y puertos.

Pero él mismo hizo hincapié en los límites de un desarrollo «no apto para satisfacer las demandas más urgentes de los ciudadanos».