El Congreso de EE UU ahora cerca a Boeing

Aviones 737 Max 8 permanecen varados en el aeropuerto de Victorville, en California. /AFP
Aviones 737 Max 8 permanecen varados en el aeropuerto de Victorville, en California. / AFP

El Capitolio, del que se sospecha también connivencia, abre una investigación sobre las dudosas relaciones de la aeronáutica y la Agencia Federal de Aviación

MERCEDES GALLEGOCorresponsal. Nueva York

Con la muerte a sus espaldas de al menos 346 personas en solo cinco meses, el imperio de Boeing se desmorona. De entre el fuselaje desparramado sale a la luz la relación incestuosa que ha mantenido con las autoridades estadounidenses, examinadas ahora con lupa por la opinión pública y el Congreso, juez y parte del proceso de corrupción corporativa que permitió al gigante de la aviación contratar a sus propios inspectores para certificar la seguridad de sus aviones.

«Mi mensaje para Boeing es muy simple: todos los detalles macabros van a salir a la luz», prometió el activista y excandidato presidencial del Partido Verde Ralph Nader, cuya sobrina nieta de 24 años falleció en el accidente de Ethiopian Airlines el pasado día 10. Boeing no podía haber pisado un callo más sensible. A sus 85 años Nader está detrás de los grandes logros de protección al consumidor del último medio siglo, desde los cinturones de seguridad hasta la potabilidad del agua. Publicaciones como 'Time Magazine' o 'Life' le han incluido entre los cien estadounidenses más influyentes. Y aún le quedan fuerzas para dar una última batalla.

EN SU CONTEXTO

346
personas fallecieron en los dos accidentes del modelo 737 Max 8 de Boeing que se vinculan a un error de los estabilizadores que la compañía aernonáutica estadounidense ocultó.
Un enemigo peligroso.
El multimillonario Ralph Nader, que perdió a una sobrina nieta en el accidente del Ethiopian Airlines, ha prometido su empeño absoluto en que «todos los detalles macabros van a salir a la luz» durante las distintas investigaciones abiertas.

El miércoles empezaron las audiencias del Congreso con la secretaria de Transporte y el director de la Agencia Federal de Aviación (FAA). Boeing estaba ocupada con la presentación de un nuevo software que solvente el problema de los estabilizadores que las cajas negras han registrado tanto en el accidente de Air Lion en Indonesia en octubre pasado, como en el de Etiopía. El paralelismo es tan claro que casi todos los países del mundo optaron por aterrizar los 737 Max, el modelo con el que la empresa intentó batir la competencia de Airbus.

Para acelerar el lanzamiento de este modelo que prometía a las aerolíneas más asientos y un ahorro del 14% en combustible, Boeing invirtió millones de dólares en lobby para convencer al Congreso y a las autoridades federales de que ampliasen el programa que le permite utilizar sus propios inspectores para certificar la seguridad de los aviones que fabrica. En otras palabras, ser su propio Policía, aunque la FAA niegue vehementemente el uso de este término. «Nosotros somos los que certificamos los aviones», se revolvió la en un comunicado. O más bien le estampan el sello.

Millones en lobby

Los muertos de Etiopía han arrastrado su nombre por el barro, como el de Boeing. La empresa de Seattle lleva más de dos décadas entre las diez que más gastan en lobby, según la tabla de Open Secrets, y solo el año pasado invirtió 15,1 millones de dólares (13,4 millones de euros). De ahí que el Congreso y hasta la Casa Blanca sean cómplices de lo que un piloto llegó a definir en llamada de emergencia a la NASA como «un manual de vuelo criminal».

Son muchos los pilotos estadounidenses que se habían enfrentado al escalofriante momento en el que trataban de levantar el morro del avión mientras el piloto automático lo inclinaba hacia abajo. La suerte o la experiencia les ayudó a superar ese trago. O tal vez los sistemas de seguridad implementados en sus aviones a un costo adicional, que no venían en los modelos básicos. «Me cuesta creer que una empresa aeronáutica intentase ahorrar un par de miles de dólares en algo que mejora la seguridad», protestó el miércoles el director de la FAA Daniel Elwell ante el acoso del Senado. «¡Sí, puede ser difícil de creer, pero eso es lo que está sucediendo!», le espetó furioso el senador de Massachusetts Ed Markey.