Trump canta victoria tras el testimonio de Mueller

Donald Trump. /Efe
Donald Trump. / Efe

Los demócratas presionan a Pelosi para iniciar un 'impeachment'

MERCEDES GALLEGOCorresponsal en Nueva York (EE UU)

Hace dos años, cuando se supo que el Departamento de Justicia había encargado a Robert Mueller la investigación sobre la injerencia rusa en la campaña electoral, Donald Trump pensó que era el fin de su presidencia. «¡Estoy jodido!», dijo según el informe. El miércoles, tras la comparecencia del fiscal especial ante el Congreso, que quiso poner así el epílogo a la investigación, el presidente tenía una actitud muy distinta. «Este ha sido un día devastador para los demócratas», se ufanó. «Antes no tenían nada y ahora todavía menos. Creo que van a perder las elecciones del 2020 a lo grande, incluyendo las del Congreso».

El giro que le daba el presidente a los acontecimientos del día, que tuvieron a trece millones estadounidenses siete horas pegados al televisor, era, como siempre, exagerado y distorsionado, pero se apoyaba en un trasfondo de verdad. Mueller no quería testificar e hizo todo lo posible por no darle a los demócratas los cortes explosivos que buscaban. Rehusó leer su propio informe. Se cuidó de no pronunciar nunca la palabra 'impeachment' ni otras que hubieran galvanizado a la oposición. Ni siquiera les dio la satisfacción de decir que, de no haber sido Trump presidente, hubiera presentado contra él cargos de obstrucción a la justicia.

Lo suyo no son los ratings televisivos, que es lo que valora Trump y perseguían los demócratas. Un revulsivo para forzar el proceso del 'impeachment' que algunos buscan a toda costa, pero al que se resiste con uñas y dientes la líder del Congreso Nancy Pelosi. Según las cuentas informales de varios medios, 93 de los 235 legisladores demócratas en la Cámara baja están a favor de iniciar el juicio político al presidente, que no sólo boicoteó la investigación del fiscal especial sino que bloquea cualquier intento del Congreso para supervisar su gobierno. Con todo, incluso estos reconocían ayer que la esperada declaración del miércoles no dio a su causa el impulso que buscaban.

Probablemente eso satisface a Mueller, un republicano chapado a la antigua que midió con lupa sus palabras para mostrarse lo más neutral posible y defender a las instituciones para las que ha trabajado toda su vida. Su meta era no dar titulares. A punto de cumplir 75 años y bajo el estrés de la audiencia más estelar de su vida, el exdirector del FBI al que todos recordaban como un ágil sabueso se mostró torpe, aturdido y balbuceante. No sólo fue incapaz de recordar aspectos clave del informe de 448 páginas con el que ha terminado su carrera. También erró al responder quién fue el presidente que le puso en la carrera judicial al nombrarle fiscal de Massachusetts (no fue Bush padre, sino Reagan).

Trump y sus acólitos no tardaron en hacer sangre de su debilidad. «¡Estuvo horrible, lo hizo fatal!«, celebró el presidente. »¡Patético!«, tuiteó su abogado Rudy Giuliani. «Esto es como una película de serie B». Precisamente por eso algunos creen que no queda más remedio que iniciar un 'impeachment'. Por la misma causa, otros piensan que habrá que dejar al pueblo el juicio político en una cita electoral que esta vez sí batirá récords de audiencia.