El G-20 discurre al ritmo de Trump

Macri (i) habla con Trump. / AFP

Expectación mundial por la reunión sobre la guerra comercial que mantendrán la noche de este sábado los líderes de EE UU y China

MARCELA VALENTEBuenos Aires

Con decisiones imprevistas, demoras y gestos de fastidio, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, tuvo este viernes en jaque al anfitrión de la Cumbre del G-20, el argentino Mauricio Macri. Las expresiones de Trump y sus idas y vueltas respecto de las reuniones bilaterales con sus pares de Rusia y China están acaparando la atención de la gran cita que debe culminar este sábado con un documento difícil de consensuar por la intransigencia del estadounidense.

Antes de llegar, Trump resolvió que no se reuniría con el presidente ruso Vladímir Putin como estaba previsto debido al ataque ruso a barcos ucranianos. El portavoz del Kremlin, Dimitri Peskov, lamentó la decisión. Pero más tarde dio a conocer la posibilidad de un encuentro «breve e improvisado». Con su colega chino, Xi Jinping, está prevista una cena esta noche aunque Trump mismo declaró antes de llegar a Buenos Aires que ese encuentro podría no tener lugar. «Hay buenas posibilidades de que se logre el acuerdo», adelantó el asesor de la Casa Blanca, Larry Kudlow, sobre un cara a cara entre Trump y Xi que podría contribuir a aliviar las tensiones de la guerra comercial entre ambas potencias.

Trump debía reunirse con Macri este viernes a primera hora. Pero el estadounidense se demoró media hora, ocupado en responder a la tormenta mediática provocada por la confesión por su antiguo abogado Michael Cohen de que mintió en su declaración ante el Congreso sobre la supuesta injerencia de Moscú en su campaña de 2016, un asunto que para algunos observadores explica la decisión de suspender la cita con Putin.

Trump llegó finalmente pero en la rueda de prensa con Macri se molestó por la traducción. Mientras el presidente argentino le daba un saludo de bienvenida en español, Trump tenía en la mano un dispositivo para la traducción simultánea. Pero lo que escuchaba no lo convenció y lo dejó caer al suelo. «Te entendí mejor en tu idioma que a este aparato», dijo a su anfitrión.

Los dos mandatarios tuvieron luego una bilateral que también derivó en polémica. La portavoz de Trump, Sarah Huckabee Sanders, comunicó que los dos líderes reiteraron su compromiso de enfrentar desafíos regionales «como el de Venezuela y la actividad económica depredadora china». El canciller argentino, Jorge Faurie, debió poner paños fríos. «No creo que haya habido una referencia en esos términos», dijo, aunque luego aclaró que «el adjetivo corre por su cuenta».

Mientras tanto, Trump estaba reunido con el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, y el presidente de México, Enrique Peña Nieto, para firmar el nuevo acuerdo de libre comercio entre los tres países que reemplazará al Nafta. Trump, artífice del nuevo texto, dijo que el pacto «cambia para siempre el panorama del comercio». Si bien Canadá y México no lograron que EE UU se comprometa a reducir los aranceles al acero y el aluminio, Trump le dijo a Trudeau que lograron hacerse «grandes amigos» y felicitó a Peña Nieto por terminar su mandato con este «hito». El mexicano entrega este sábado el mando a su sucesor, Andrés Manuel Lopez Obrador.

Putin, el más efusivo

Trump se ausentó de la reunión a puerta cerrada de los presidentes sin asesores. Acudió a la tradicional 'foto de familia', aunque allí dejó plantado al presidente argentino en el escenario. «Donald, Donald», lo llamó Macri, pero su colega siguió caminando.

Los organizadores tuvieron un susto en el momento de la apertura de la cumbre, cuando se produjo un seísmo a 32 kilómetros de la ciudad que se sintió en la capital argentina. Fue un inusual temblor de 3,8 grados en la escala de Richter que se produjo al sur de Buenos Aires.

En la cita participa el príncipe heredero saudí, Mohammed bin Salmán (MBS), investigado por la justicia argentina. Invocando la jurisdicción universal la organización humanitaria Human Rights Watch pidió que se abra una causa penal en su contra por crímenes de guerra en Yemen, torturas a disidentes y el asesinato del periodista Jamal Khashoggi en el Consulado saudí en Estambul.

Había curiosidad por el recibimiento que Bin Salmán encontraría entre los líderes reunidos en Buenos Aires. El primer ministro de India, Narendra Modi, se reunió con un príncipe que estuvo prácticamente recluido en su Embajada hasta el inicio del encuentro. También el presidente francés, Emmanuel Macron, mantuvo un diálogo con MBS sobre el crimen de Khashoggi. Pero el récord de saludo efusivo y entusiasta al saudí se lo llevó Vladímir Putin, que chocó palmas con él antes de sentarse a la mesa del G-20.

Protestas multitudinarias en un circuito cercado por vallas

Una multitud convocada por movimientos sociales, partidos políticos y sindicatos marchó ayer por las calles de Buenos Aires en rechazo a los líderes de la cumbre del G-20. Lo hicieron por un circuito habilitado por el Ministerio de Seguridad, cercados por vallas y con un helicóptero que sobrevolaba la concentración.

Los manifestantes fueron hasta el Congreso Nacional donde activistas británicos instalaron un 'Baby Trump', un muñeco inflable de seis metros que tiene la cara del presidente de Estados Unidos, lleva pañales y exhibe un móvil en la mano.

La ministra de Seguridad, Patricia Bulrrich, dispuso un operativo policial de 2.500 efectivos para disuadir de cualquier incidente. Se trata de apenas el 10% de los uniformados que están custodiando esta cumbre.

Los manifestantes rechazaron la presencia de los presidentes, sobre todo de Trump, pero también del príncipe heredero saudí, Mohamed bin Salmán, y de Theresa May, la primera ministra de Reino Unido.

La cumbre se celebra en una coyuntura crítica para Argentina, con la pobreza y el paro en aumento, caída de los salario y la inflación en alza. Por eso los activistas también repudiaron la presencia en la ciudad de la directora ejecutiva del FMI, Christine Lagarde.

 

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