La derecha francesa se descompone tras la debacle en las europeas

Laurent Wauquiez. /Reuters
Laurent Wauquiez. / Reuters

El partido de Nicolas Sarkozy pasó en las legislativas de 2017 de 199 a 104 diputados

PAULA ROSASCorresponsal en París (Francia)

La derecha tradicional francesa ha caído herida -quizá de muerte- en las elecciones europeas y a su izquierda y a su derecha se ha abierto una auténtica batalla por intentar capitalizar sus despojos. Laurent Wauquiez, hasta entonces líder de los Republicanos (LR), dimitió el domingo después de obtener el peor resultado del grupo conservador en los últimos sesenta años. Su cadáver político aún estaba caliente cuando, tan sólo horas después, desde las filas de la mayoría presidencial de Emmanuel Macron se iniciaba la ofensiva para cortejar a los desencantados de la formación. El entorno de la ultraderecha de Marine Le Pen no se ha quedado atrás y también ha lanzado la caña: llama a una «gran coalición» de derechas.

El partido, en riesgo de explosión, maniobra a contrarreloj para evitar la catástrofe. Mañana se reúne su buró político para buscar un presidente interino e intentar taponar la herida. Una veintena de diputados de LR ya había amenazado el fin de semana con abandonar el grupo si Wauquiez no tomaba nota del penoso resultado electoral. No está claro que su dimisión vaya a conseguir frenar la hemorragia. La estrategia de Wauquiez de derechizar el partido y adoptar parte de la agenda de la Reagrupación Nacional (RN) de Le Pen, defendiendo, a su vez, una economía liberal, le ha llevado, como señala 'Le Monde' en su editorial, a una «doble falta estratégica y moral»: sus votantes se le han ido por los dos flancos.

Wauquiez, que se alzó a la cabeza de LR hace un año y medio, no ha conseguido reflotar un partido que había quedado descolocado tras la irrupción en las escena política francesa de La República En Marcha (LREM) en 2016. La joven formación del ahora presidente, con una propuesta reformista y liberal, consiguió pescar en los caladeros del Partido Socialista y en los de la formación conservadora, y arrastrar hacia sí a pesos pesados de ambos grupos. El partido de Nicolas Sarkozy pasó en las legislativas de 2017 de 199 a 104 diputados, un mínimo histórico. En los pasados comicios europeos tocó un nuevo fondo. Quedó cuarta con sólo un 8,5% de los votos tras la ultraderecha, LREM y los Verdes. Los sondeos auguraban que el resultado sería malo, pero no esperaban tal debacle.

Algunos de los que abandonaron Los Republicanos en 2017 para unirse a LREM han comenzado ya la ofensiva con la vista puesta en las municipales de 2020. Tanto el ministro de Territorios, Sebastien Lecornu, como el de Hacienda, Gerald Darmanin, han apelado a los alcaldes a seguir «la senda (del primer ministro) Édouard Philippe», ex-LR, para no acabar haciéndole el juego a la ultraderecha.

Desde ese extremo también llegan los cantos de sirena. Marion Marechal, exdiputada y sobrina de Marine Le Pen, ha invocado «una gran coalición» de esa corriente de la derecha burguesa con la Reagrupación Nacional, «manteniendo sus especificidades». Marechal, que ahora dirige una escuela diplomática para formar a los futuros cuadros de la ultraderecha nacionalista, parece ser consciente de que la RN sola no suma y busca crear «un gran compromiso patriótico en torno a esa idea de defensa de la nación».