El PP augura un impulso electoral ante el inminente final del caso máster

El presidente del PP, Pablo Casado (d), junto al decano Paul Almeida. /Ángel Díaz (Efe)
El presidente del PP, Pablo Casado (d), junto al decano Paul Almeida. / Ángel Díaz (Efe)

Los populares confían en el giro a la derecha para arrebatar a Ciudadanos sus opciones en las urnas

Nuria Vega
NURIA VEGAMadrid

El Partido Popular (PP) ve ya la luz al final del túnel. Si el criterio de la Fiscalía resulta determinante, como suele ser, el Tribunal Supremo archivará la causa del máster que pesa como una losa sobre los hombros de Pablo Casado. De ser así, los populares esperan que el cierre sea el impulso decisivo que esperaban para afrontar las próximas citas electorales. De momento, la negativa del Ministerio Público a seguir investigando ha generado en las filas conservadoras tanto alivio como confianza ante un eventual adelanto de los comicios generales.

En los últimos días, fuentes del PP reconocían su temor a que el Supremo aceptara la causa y la instrucción se alargara meses, «incluso hasta primavera», frustrando cualquier opción de crecimiento electoral. Ese escenario, que no se puede descartar al cien por cien, pero que no parece probable, evocaba los peores episodios de la historia del partido, cuando los escándalos de corrupción se traducían en pérdida de votos. «Vamos a tener que aguantar el aguacero -asumía un veterano-, hemos apostado por Pablo y no hay vuelta atrás». La decisión de la Fiscalía, sin embargo, despejó el horizonte para los populares, que podrán dejar de hacer cálculos sobre cómo se releva de urgencia a un presidente.

El PP está, en realidad, a punto de soltar su lastre más importante. El partido se encuentra en pleno proceso de decisión sobre los candidatos que concurrirán a las elecciones autonómicas y municipales de mayo de 2019, y trabaja ya con la hipótesis de que los comicios andaluces se convoquen el último fin de semana de noviembre. Con estas perspectivas, los populares no podían permitirse errar el tiro. Menos aún si Pedro Sánchez no logra aprobar sus Presupuestos -tarea no imposible, pero complicada- y adelanta las generales.

Ahora tienen el convencimiento de que, pese a sus debilidades y las encuestas en contra, podrán hacer frente a calendario. «El PP hoy está listo para afrontar cualquier cita electoral», defendió el viernes el secretario general de la formación, Teodoro García Egea. Esto hace prever que, en los próximos meses, el mantra que acompaña las intervenciones públicas de Ciudadanos (elecciones, elecciones, elecciones) se incorporará al discurso de los populares.

«La legislatura tiene los días contados», sentenciaba el jueves Albert Rivera. 24 horas antes, Casado ya había reclamado a Pedro Sánchez un paso a un lado: «Lo mejor que puede hacer es librar a España del lastre. Convoque elecciones cuanto antes». La presión se incrementará a medida que el Ejecutivo avance hacia los Presupuestos de 2019. Fuentes populares no descartan que las urnas acaben abriéndose en diciembre o marzo, pero también aceptan que, si las cuentas se actualizan, Sánchez querrá aguantar en la Moncloa, al menos, hasta otoño del año que viene. Así que el partido conservador jugará todas sus cartas al desgaste.

El PP ya no sólo cree que el Gabinete de Sánchez «se cae a pedazos», sino que el presidente tiene más complicado que Casado desprenderse de polémicas como la de su tesis doctoral. Además, los populares defienden que un archivo del Supremo, dejará «inmaculado» al líder de su partido también ante Albert Rivera, e imponerse a Ciudadanos es la primera de las aspiraciones del partido conservador.

Refuerzo programático

Con ese objetivo en mente, el equipo de Casado se ha centrado en recuperar «las esencias» del PP y un discurso que había quedado deslavazado. Desde que el 21 de julio accedieron a la sala de mandos, se han sucedido los mensajes que hacen virar al partido hacia la derecha. La crisis de inmigración de este verano llevó al líder de los populares a alertar sobre la imposibilidad de acoger a «millones de africanos». Desde entonces, ha apostado por reforzar el control de las competencias de Educación o aplicar en Cataluña un 155 más profundo y duradero al estilo del puesto en práctica en Ulster.

En el partido no causa ninguna incomodidad el cambio. De hecho, niegan que se haya virado a la derecha. Más bien, defienden, que «ahora se habla con claridad». Aun así, algunas fuentes advierten sobre el riesgo de escorarse demasiado y perder el centro. En público, el líder del PP vasco, Alfonso Alonso, incidía esta semana en la importancia de representar a toda la derecha: «Este es el partido más grande en España y tiene la obligación de abarcar un espectro ideológico que es amplio y, en mi opinión, de buscar permanentemente el centro político».

Para no sufrir nuevas fugas, por un lado o por otro, será fundamental la convención programática que el 1 y 2 de diciembre celebrarán los populares. Una cita en la que quedará negro sobre el blanco el marco definitivo en el que se va a mover el PP.

 

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