Los candidatos muestran sus cartas sin esperar a la campaña

De izquierda a derecha: Pedro Sánchez, Pablo Casado, Albert Rivera, Pablo Iglesias y Santiago Abascal./R. C.
De izquierda a derecha: Pedro Sánchez, Pablo Casado, Albert Rivera, Pablo Iglesias y Santiago Abascal. / R. C.

Sánchez, Casado, Rivera, Iglesias y Abascal lanzan sus mensajes sin esperar a las dos semanas oficiales ante la invariable fotografía que ofrecen las encuestas

Ramón Gorriarán
RAMÓN GORRIARÁNMadrid

Los candidatos de PSOE, PP, Ciudadanos, Unidas Podemos y Vox se han guadado pocas sorpresas, aunque alguna habrá, para la campaña electoral que empieza este jueves a medianoche. Ya han mostrado sus cartas para el 28 de abril y a partir de ahora solo se trata de desarrollar la estrategia trazada. Las fotografías sin apenas cambios que muestran las encuestas abonan la sensación de que poco se va a mover en estas tres semanas.

Pedro Sánchez y su equipo de campaña tienen una máxima, no equivocarse, o hacerlo lo menos posible, de aquí a la jornada electoral. Hace solo un año, el PSOE figuraba en los sondeos como tercera fuerza por detrás del PP y Ciudadanos, ahora las encuestas sonríen al PSOE. Diez meses en la Moncloa y la fractura a su derecha han obrado el milagro.

Pero un asunto inquieta a los socialistas, que la campaña se convierta en un pimpampum sobre el conflicto político en Cataluña, un terreno que habían evitado pisar en sus 110 propuestas de gobierno, pero que no tienen más remedio que afrontar. Sánchez se mueve en el difícil equilibrio de defender el diálogo con las fuerzas soberanistas al mismo tiempo que niega el pan y la sal a sus pretensiones rupturistas. Un discurso arriesgado por las contradicciones que conlleva esa estrategia.

La campaña del candidato del PSOE se asienta en dos mensajes, movilización y centralidad. Una afluencia a las urnas por encima del 70% del censo juega a favor de las expectativas de Sánchez. Al menos en eso coinciden los expertos. La alta abstención jugó una mala pasada a los socialistas en Andalucía hace cuatro meses, y el riesgo de que se repita es real. El líder socialista subraya también que su partido ocupa el espacio intermedio entre una derecha «que quiere volver 40 años atrás» y unos independentistas que quieren «romper España».

Pablo Casado ha endurecido su mensaje a medida que avanzaba la precampaña y ha centrado su discurso en dos premisas: «Echar a Sánchez», en palabras de uno de sus colaboradores más cercanos, y combatir a los independentistas. Una categoría que ya no engloba solo a los soberanistas catalanes y que ha ampliado al PNV y los «proetarras» de EH Bildu tras su respaldo a los decretos leyes del Gobierno, «decretazos abertzales», dijo.

Anulado el peligro del 'sorpasso' de Ciudadanos, el candidato del PP está empeñado en convencer a los liberales y a la extrema derecha, sus socios en Andalucía, de que sus votos en las urnas perjudican al gran objetivo de desalojar a Sánchez de la Moncloa. En busca del voto útil de la derecha, ha pretendido, sin éxito, que ambas formaciones se echen a un lado en las circunscripciones de menor tamaño o que compartan listas al Senado. Quiere demostrar al electorado que hasta 2011 votaba en masa al PP y que ahora se ha minorado en tres facciones, que él es la alternativa a Sánchez, y que Albert Rivera y Santiago Abascal frenan esa tarea. Por eso busca con denuedo un cara a cara con el líder socialista, que éste, por ahora, desdeña.

Credibilidad

Del discurso de Albert Rivera se desprende que tiene asumido que de nuevo va a ser el segundo de la derecha, o del centroderecha como prefiere decir. Sus insistentes peticiones al PP de alcanzar un pacto para gobernar en coalición despiden aroma a perdedor, conclusión que niegan en el estado mayor naranja. Pero es difícil leer de otra manera la insistencia para pactar con alguien al que, en teoría, espera superar en las urnas y del que tiene que diferenciarse en la campaña.

Rivera, además, arrastra el lastre de su dudosa credibilidad. En las anteriores elecciones aseguró que no haría presidente del Gobierno ni a Sánchez ni a Mariano Rajoy, y con ambos llegó a acuerdos de investidura. Ahora garantiza de nuevo que «jamás» apoyará al líder socialista, pero sus palabras son acogidas con escepticismo tanto entre los populares como entre los socialistas.

El candidato de Ciudadanos también ha hecho 'casus belli' de las relaciones entre el PSOE y los independentistas catalanes, un argumento que en su caso tiene el aval de la historia de su partido, nacido en Cataluña en 2007 como bastión antinacionalista, y el hecho de que fuera la primera fuerza en las últimas elecciones catalanas.

La conjura de los poderosos y las cloacas del Estado son las dos cartas de presentación de Pablo Iglesias en estas elecciones, las terceras generales a las que concurre y las que peor pintan. El candidato de Unidas Podemos se ha planteado la remontada en términos épicos, aferrado al espionaje que sufrió su partido para impedir que llegara a gobernar en la pasada legislatura. Un asunto acreditado en una investigación judicial que está bajo el secreto del sumario y al que Iglesias pretende sacar chispas.

El segundo eje sobre el que pivota su campaña es que Podemos es imprescindible para que gobierne la izquierda, y que lo haga en coalición con el PSOE. Pretensión ninguneada de momento por Sánchez, pero que Iglesias pone como condición irrenunciable para apoyar su investidura. Como los que no tienen nada que perder, ha presentado un programa electoral audaz, con guiños populistas de todos los colores y en todos los terrenos para taponar la hemorragia de votos hacia el PSOE y la abstención, y recuperar algo de la desbandada.

Santiago Abascal lleva una campaña medida y estruendosa. Dosifica sus apariciones y evita a los medios de comunicación, salvo que sean afines, pero sus mensajes marcan la agenda, en especial la de PP y Ciudadanos, que buscan diferenciarse de Vox, pero con tacto para no abrir grietas insalvables después del 28 de abril. El muro en Ceuta y Melilla, las facilidades para el uso de las armas, la demolición de las autonomías o la desintegración de la Europa comunitaria han agitado el debate, y lo volverá a hacer en lo que resta de campaña porque su oferta electoral desborda los moldes tradicionales de la política española.