Sánchez rompe relaciones con Casado tras su acusación de golpista

Pedro Sánchez, durante el pleno del Congreso de los Diputados. / Reuters/Europa Press

El presidente asume el discurso del PNV sobre lo «frívolo» de calificar de rebelión el proceso secesionista de Cataluña

Paula De las Heras
PAULA DE LAS HERASMadrid

La tensión entre el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el líder de la oposición, Pablo Casado, alcanza ya elevadísimas cotas. En un remedo del enfrentamiento entre Mariano Rajoy y José Luis Rodríguez Zapatero, cuando el primero espetó al segundo aquello de «usted traiciona a los muertos y ha revigorizado a una ETA moribunda», el presidente del PP acusó este miércoles al jefe del Ejecutivo de ser «partícipe y corresponsable del golpe de Estado que se está perpetrando en España». Sus durísimas palabras cayeron como una bomba en el Congreso, donde se celebró una suerte de debate general con el Consejo Europeo de la pasada semana como excusa formal. Sánchez exigió una rectificación inmediata. «Si no usted y yo -advirtió- no tenenos nada más de qué hablar».

En la manera de actuar de Casado hay mucho de tacticismo electoral. Ya el pasado agosto, tras su encuentro con Sánchez en la Moncloa -en el que el presidente le concedió un trato excepcional al dejarle comparecer en la sala de prensa destinada a los miembros del Gobierno o mandatarios internacionales- el líder de los populares se esforzó en escenificar su intención de plantear una tregua sin cuartel al PSOE. Fuentes de su entorno explicaron entonces cuáles eran sus intenciones: revitalizar el bipartidismo, bajo la presunción, además, de que la polarización favorece ese objetivo. Algo que también comparten fuentes socialistas.

«No se ponga tan digno», replica Casado tras exigir el jefe del Ejecutivo que rectificara sus palabras

Pese a ese reconocimiento, el partido del Gobierno acusa al PP de hacer una oposición de tierra quemada, desleal y obstruccionista, y de ser incapaz de distinguir entre asuntos de Estado y cuestiones que entran dentro del debate partidista. «Aquí vivimos un golpe de Estado, con Tejero. Los españoles se lo recordarán en las urnas», dijo mostrándose muy ofendida la vicepresidenta, Carmen Calvo, tras el debate en la Cámara baja.

Posteriormente, en la sesión de control al Ejecutivo, Casado trató de rebajar la crítica sin llegar a rectificar. El líder del PP esgrimió que, del mismo modo que a todo Gobierno se le responsabiliza de la tasa de paro del país por más que no sea el que crea o destruye puestos de trabajo directamente, el actual Ejecutivo es responsable de que «no se pongan medidas» para frenar lo que ha insistido en llamar «golpe de Estado» de los independentistas catalanes. «No se ponga tan digno», llegó a espetar a Sánchez.

El Senado insta al Gobierno a aplicar de nuevo el 155

Casi un año después de que el Senado autorizase, tras seis horas de intenso debate, al Gobierno de Mariano Rajoy a aplicar el artículo 155 de la Constitución en Cataluña, la Cámara alta volvió este miércoles a instar al Ejecutivo para que intervenga otra vez la autonomía. Esta vez lo hizo con los votos a favor del PP y de Ciudadanos y el rechazo expreso del PSOE, que negó que el escenario actual justifique el empleo de esta medida. Un rechazo muy criticado por el portavoz popular, Ignacio Cosidó, que acusó a los socialistas de cambiar el pacto con los constitucionalistas por el «pacto con los independentistas».

«¡Vale ya!»

El caso es que la trifulca sirvió también para medir dónde está cada cual. Con el portavoz de Esquerra, Joan Tardà, insistiendo en que no se sentará a hablar de los Presupuestos si el Ejecutivo no insta a la Fiscalía a retirar las acusaciones de rebelión en el juicio del proceso secesionista, entró en escena contra Casado Aitor Esteban, el portavoz del PNV (partido que trabaja porque las cuentas salgan adelante). Y de paso, propició un gesto del presidente del Gobierno hacia los secesionistas.

«¡Vale ya de hablar de golpe de Estado!» -clamó Esteban-. El mismo concepto de golpe de Estado implica la fuerza, la coacción creíble de la fuerza y todo el proceso catalán ha sido pacífico, a pesar de algunos que hubieran querido otra cosa». El diputado nacionalista defendió también que es una «frivolidad» hablar de rebelión o sedición y comparar a Oriol Junqueras, el líder de ERC encarcelado, con el coronel Antonio Tejero, protagonista de la asonada del 23-F. «Trivializan las palabras -acusó a PP y a Ciudadanos- y eso luego es un problema a la hora incluso de dar pasos jurídicamente».

El líder socialista aboga por tomar nota del «error» del 'brexit' para trabajar por la unidad de España

Sánchez hizo entonces suyas estas palabras. «Ha estado usted muy acertado», le dijo a Esteban. El presidente del Gobierno sacó a colación una enmienda que, según esgrimió, presentó en 1994 el exministro de Defensa del PP Federico Trillo para defender que el delito de rebelión sólo podía ser cometido por militares o civiles armados que siguieran las órdenes de militares, y acusó a Casado de asumir unas posiciones extremas que incluso le «adelanta por la derecha» un político que siempre estuvo en posiciones muy conservadoras.

Antes, Sánchez había hecho un llamamiento al secesionismo para que aprendan del «error» del 'brexit', que, a su juicio, está demostrando ser «lesivo» tanto para la ciudadanía británica como para la europea, y pasen a trabajar por la unidad de España y de Europa.

«Si el señor Casado pudiera, nos fusilaría»

M. E. ALONSO | Madrid

«Si el señor Casado pudiera, nos fusilaría». La frase del portavoz de Esquerra retumbó en las paredes del Congreso. Fue una más en el cruce acusaciones gruesas y descalificaciones de todos los colores que se escucharon en las cinco horas de debate en el Congreso, que, en teoría, debía de versar sobre el último Consejo Europeo y la polémica sobre la venta de armas a Arabia Saudí.

Joan Tardá atribuyó esas tenebrosas intenciones al líder del PP porque Casado advirtió hace un año a Carles Puigdemont de que si no desistía de su estrategia rupturista se arriesgaba a «acabar como acabó el señor (Lluis) Companys», el expresidente de la Generalitat fusilado por la dictadura de Francisco Franco tras ser detenido en Francia y entregado por los nazis.

Las palabras del diputado de Esquerra motivaron las protestas de la bancada popular y obligó a la presidenta del Congreso, Ana Pastor, a pedir respeto y templanza, pero dio igual. Tardá exigió a Casado disculpas por sus reflexiones sobre Companys, y el presidente del PP explicó que se refería a la detención, no al fusilamiento, pero la matización cayó en saco roto. «Punto y pelota, ya está», zanjó el diputado republicano.

Cuanta más dureza verbal, más se encendían los ánimos. Las llamadas al orden de Pastor eran una raya en el agua. La satisfacción y el alborozo se extendió por la bancada popular tras las acusaciones de golpista de Casado al presidente del Gobierno. En los escaños socialistas reinó un clima similar cuando Sánchez habló de los «trillizos» de la derecha.

Vox, que hace unas semanas exhibió fortaleza con un multitudinario acto en Madrid, se coló en el discurso del presidente del Gobierno, que echó pimienta en la batalla de la derecha metiendo a la formación de Santiago Abascal, al PP y a Ciudadanos en el mismo saco. «Les ha salido un trillizo», ironizó el jefe del Ejecutivo dirigiéndose a los «mellizos» Pablo Casado y Albert Rivera, a los que calificó de «políticos sin escrúpulos». «¿Usted, que está aliado con los batasunos, nos habla a nosotros de ultraderechas?», contestó el líder de los populares, que insistió al socialista en que lecciones de democracia, las justas.

«Sin escrúpulos»

Albert Rivera tampoco se amilanó y respondió con parecida contundencia al presidente. «Cuando se busque la definición de 'sin escrúpulos' en el diccionario va a aparecer su cara», le reprochó el líder de Ciudadanos, recordando que el socialista fue investido con la promesa de convocar cuanto antes unas elecciones que ahora descarta. En esa falta de escrúpulos enmarcó también la negociación de «indultos y prebendas» con los «golpistas» catalanes a cambio de que le aprueben los Presupuestos. «Se le ha atragantado la moción de censura, supérelo», respondió Sánchez a Rivera.

Hasta el Rey recibió su dosis sin estar presente. Tardá se acordó de la dinastía real para afirmar que el apoyo internacional que, a su entender, presta España a «la genocida» Arabia Saudí tiene un responsable en el «apellido Borbón». El portavoz de Esquerra se refería a las estrechas relaciones del ahora rey emérito Juan Carlos con los monarcas saudíes. Incluso el diputado de EH Bildu Oskar Matute achacó al padre de Felipe VI y a las «comisiones que se ha llevado para su bolsillo» la venta de armas al reino saudí.

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