El entierro del abrazo

Albert Rivera./EFE
Albert Rivera. / EFE

En 2016, ambos firmaron un pacto de gobierno que dio esperanzas al centroizquierda. Hoy, su relación es inexistente

María Eugenia Alonso
MARÍA EUGENIA ALONSOMadrid

Dos imágenes opuestas en solo dos años y medio. Una, en febrero de 2016, con el cuadro de 'El Abrazo' de Juan Genovés como telón de fondo; y la otra, esta semana con el hemiciclo como escenario. Los protagonistas que antes se abrazaban ya ni se hablan. Pedro Sánchez y Albert Rivera han pasado de firmar un pacto de legislatura que dio alas al centroizquierda a no dirigirse la palabra. De ser socios a enemigos públicos. Ya nada les une.

Atrás queda la imagen de ambos líderes bajo la mirada de los siete ponentes de la Carta Magna, cuyos retratos cuelgan de la Sala Constitucional del Congreso, firmando un acuerdo con el que aspiraban a protagonizar una «segunda transición». La guerra entre el presidente del Gobierno y el de Ciudadanos es abierta y han convertido la Cámara baja en su campo de batalla, donde cruzan en cuanto pueden ataques políticos y personales. Este miércoles, en lo que algunos denominaron un «mini debate» sobre el estado de la nación, Sánchez acusó a a su exsocio de ser un «político sin escrúpulos», de usar «el sufrimiento de los venezolanos para consumo doméstico» y de «hacer manitas ideológicas» con Vox. «Cuando se busque la definición de 'sin escrúpulos' en el diccionario va a aparecer su cara», replicó Rivera, que un mes antes arrojó a la cara del presidente las sospechas sobre su tesis. Sánchez respondió indignado ante lo que consideró una «declaración de guerra» del liberal. «Infórmese, usted viene sin prepararse», le reprochó el jefe del Ejecutivo, obligado a hacer pública su tesis a la vista de las sombras sobre la autoría y el plagio.

Persona «sin palabra»

Pero el recelo y la desconfianza entre Sánchez y Rivera viene de lejos. Empezó a producirse nada más perder el socialista su investidura, malograda por la negativa de Podemos a permitir un Gobierno PSOE-Ciudadanos, y después de que Rivera -tras otras elecciones generales-, pactase la de Mariano Rajoy. El socialista nunca olvidó ese cambio de rumbo de su exsocio y así se lo hizo saber durante el debate de la moción de censura que desbancó al PP del Ejecutivo. Sánchez, subió a la tribuna y llamó desleal, mentiroso y persona «sin palabra» a Rivera, además de acusarlo de vivir de la confrontación territorial con un discurso «que suena al pasado».

La moción de censura supuso un punto de inflexión, hasta ahora sin vuelta atrás, en su relación

Aquella maniobra pilló desprevenido al liberal, que siempre ha sostenido que Sánchez tergiversó y manipuló unas conversaciones privadas. Sea como fuere, aquello supuso un punto de inflexión en las relaciones. La situación nunca se recondujo. Al contrario. El distanciamiento se ha hecho mayor, alimentado por el ninguneo del ya presidente al líder de Ciudadanos, al que no ha consultado sobre asuntos de Estado, como la estrategia a seguir en Cataluña, el techo de gasto o la reforma constitucional para suprimir los aforamientos, caballo de batalla de los naranjas. Y al que ni tan si quiera ha citado en la Moncloa, por donde ya han desfilado Pablo Casado, Pablo Iglesias o Quim Torra.

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