SEGUNDA DERROTA DEL GOBIERNO DE RAJOY

La actitud digna y declaradamente neutral del expresidente, unida a la exaltación de sus éxitos, recogió los más enfervorecidos aplausos del Congreso pero no fue suficiente para que Soraya Sáenz de Santamaría se convirtiese en su sucesora en la presidencia del partido

SEGUNDA DERROTA DEL GOBIERNO DE RAJOY
DIEGO CARCEDOMadrid

El resultado de las elecciones primarias del Partido Popular se ha convertido en la segunda derrota sufrida por el Gobierno que hasta hace escasas semanas encabezaba Mariano Rajoy. La actitud digna y declaradamente neutral del expresidente, unida a la exaltación de sus éxitos, recogió los más enfervorecidos aplausos del Congreso pero no fue suficiente para que Soraya Sáenz de Santamaría, que durante tantos años fue su mano derecha y la cara más resolutiva de un Gabinete lastrado por su pasividad se convirtiese en su sucesora en la presidencia del partido.

Santamaría, con buena imagen en la calle, partió como favorita, ganó en las votaciones de la militancia, pero en una campaña a cara de perro los errores y dudas que arrastra su gestión en el Ejecutivo, empezando por el problema catalán, unido a la crítica a las actitudes autoritarias que le prodigan sus ministros, la arrinconó ante la reivindicación enérgica de la ortodoxia del partido de su adversario Pablo Casado. Casado en su campaña fue muy duro en los análisis de la gestión de Rajoy y Santamaría. Algunas veces parecía estar asumiendo los argumentos de Pedro Sánchez en la moción de censura pasada, y alcanza el liderazgo por su talante renovador.

El liderazgo de Casado, aunque lastrado por las dudas sobre sus títulos académicos, abre nuevas y complejas perspectivas al futuro del Partido Popular que ya no cuenta con el monopolio de la derecha y el centro derecha. Aunque de las atenciones que le esperan en su despacho de la calle Génova quizás la más urgente y delicada será reconstruir la unidad y cohesión de la formación. Tanto él como su oponente repitieron con mucha frecuencia voluntad integradora; ambos prometieron recíprocamente contar con el otro en su equipo, pero durante la campaña ni siquiera dieron el ejemplo de intentarlo.

Tanto el resultado como la dificultad de ambos para avenirse a echar pelillos a la mar y aprestarse a cerrar la brecha abierta entre las dos corrientes que lideran no permiten contemplar el futuro inmediato con optimismo. Las heridas en política tardan en cerrarse y con frecuencia se cierran en falso. En este caso las perspectivas de acuerdo son escasas. Será difícil además olvidar que los compromisarios se impusieron a sus representados. Tanto Casado como Santamaría son dos personalidades firmes, con planteamientos claros y poco proclives a los pasteleos a que el pragmatismo de la política invita o incluso obliga.

Aunque el PP es el que cuenta con mayor representación parlamentaria, amplia presencia ejecutiva territorial y, por lo tanto, con muchos resortes para ejercer la oposición al Gobierno de Pedro Sánchez, la situación interna que encontrará Pablo Casado, además de obligarle a dividir sus fuerzas, no será la más apropiada ni para poder ejercer plenamente su influencia opositora ni para conseguir la recuperación del Partido Popular ante las citas electorales que en el próximo y año y medio tendrá que afrontar.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos