La Tercera Ley de Newton

La Tercera Ley de Newton
Gabriel de la Iglesia
GABRIEL DE LA IGLESIABurgos

Isaac Newton aseveraba ya en el siglo XVII que «a toda acción se opone siempre una reacción igual». Lo que quizá no sospechaba entonces el físico inglés es que su Tercera Ley podría servir siglos después para explicar el terremoto político vivido el pasado fin de semana en Andalucía. Un terremoto que, más allá de otras cuestiones clave -participación exigua, batacazo histórico del PSOE y crecimiento desorbitado de Ciudadanos- tiene como protagonista a Vox.

Cierto es que las encuestas lo venían anunciando desde hace tiempo -algunas con un innegable mayor acierto que otras-, pero la irrupción en el parlamento andaluz del partido liderado por Santiago Abascal ha pillado a más de uno a contrapié, incluidos los grandes partidos, que se han encontrado con un nuevo jugador en el tablero político. Un jugador que, además, amenaza con trastocar radicalmente principios que hasta ahora parecían inamovibles.

Así, a la estela de lo que viene sucediendo ya en buena parte de Europa, el discurso de Vox, impregnado de mensajes populistas, xenófobos y reaccionarios, parece haber calado, y mucho, entre los andaluces. Prueba de ello son los casi 396.000 votos que obtuvo la formación en los comicios del pasado domingo.

Hay casi 400.000 andaluces cansados de la estulticia política

¿Significa eso que hay casi 400.000 andaluces de extrema derecha? No, ni mucho menos. Lo que hay son casi 400.000 andaluces cansados -hartos- de la estulticia política que diariamente han de soportar. Una estulticia que, en los últimos años, además, ha entrado en terrenos demasiado pantanosos, atacando sin reservas los principios constitucionales, esos que hace justo ahora 40 años llevaron a nuestros mayores a poner las bases de una España moderna, con errores, sí, pero también con innumerables aciertos.

La situación en Cataluña -la primera medida del programa de Vox habla de la «suspensión de la autonomía catalana hasta la derrota sin paliativos del golpismo y la depuración de responsabilidades civiles y penales»-, las idas y venidas a cuenta de Franco, la corrupción sistémica de los grandes partidos y los coletazos de la crisis son el caldo de cultivo perfecto -siempre lo han sido- para la irrupción de extremismos. Y más cuando, como sucede en España, se vota más con las vísceras que con la cabeza. A toda acción se opone siempre una reacción igual

Pero más allá de análisis sobre las causas, hay que comenzar a plantear las consecuencias que la irrupción de Vox en Andalucía puede tener en el resto del territorio nacional. No en vano, los comicios andaluces no han sido sino el preámbulo de un año muy cargado de convocatorias electorales, incluidas las europeas, las autonómicas, las locales y las cada vez más probables generales. Y el resto de partidos han comenzado a temblar. Eso sí, salvo honrosas excepciones, casi nadie ha enarbolado la autocrítica.

En el caso que nos ocupa, y a la vista de todos los precedentes, casi nadie duda de que Vox entrará tanto en el Parlamento Autonómico como en muchos municipios. Ya en 2015, la formación de Santiago Abascal obtuvo en Burgos 2.032 votos, insuficientes como para obtener representación en el Consistorio, pero formalizando un empate técnico con formaciones como UPyD -que venía de tener tres concejales- y PorBur, y duplicando en apoyos al PCAS.

Casi cuatro años después de aquello, las previsiones son bien distintas. Y es que, más allá de nombres concretos -en 2015 el candidato a la Alcaldía fue un desconocido Ángel Martín, mientras que Ortega Lara ocupó el tercer puesto-, todo hace indicar que la corriente nacional se trasladará también a la capital del Arlanzón. Veremos cómo y en qué medida afecta a una Coproración ya de por sí fragmentada.