Cuando la naturaleza se abre camino

El Salto del Nervión, la cascada más alta de la Península Ibérica, se muestra estos días en su máximo esplendor

El Salto del Nervión ofrece una espectacular caída de agua de más de 220 metros/GIT
El Salto del Nervión ofrece una espectacular caída de agua de más de 220 metros / GIT
Gabriel de la Iglesia
GABRIEL DE LA IGLESIABurgos

Si uno tiene la suerte de acercarse en un momento de soledad, puede escuchar cómo el murmullo del agua va incrementándose. Allí, en el horizonte, asomada entre la frondosidad de un milenario bosque de hayas, se comienza a dibujar una línea que corta el terreno como si fuera mantequilla. De manera abrupta, casi sin avisar. Millones de años de erosión explosionan allí en un paisaje indescriptible. Un paisaje que en temporada estival es cuanto menos magnífico, pero que es en esta época del año cuando muestra toda su grandeza. Y es que es en esta época del año cuando las aguas del recién nacido Nervión se precipitan con furioso ímpetu hacia Orduña.

Es el Salto del Nervión, una de las muchas y más singulares joyas de la naturaleza que atesora la provincia de Burgos. Una joya que estas semanas luce en todo su esplendor. La proliferación de lluvias y nieves del invierno, sumada al incremento de las temperaturas registrado durante los primeros días de la Semana Santa, han permitido que la cascada reaparezca.

En total, algo más de 220 metros de caída libre que convierten al del Nervión en el salto de agua más grande de la Península Ibérica, y que le permiten erigirse, por méritos propios, en una de las cascadas más famosas de todo el territorio nacional. No hace falta más que acercarse cualquiera de los días de Semana Santa para comprobar el poder de convocatoria que tiene. Miles de personas se agolpan desde primera hora para admirar una estampa que, en los últimos años, se ha afanado en ocultarse.

Y es que, el Salto del Nervión no está siempre ahí. Sólo aparece cuando la meteorología lo permite y los arroyos Iturrigutxi, Ajiturri y Urita, de cuyas aguas bebe, presentan un caudal suficiente. Si no lo tienen, el agua se filtra por el terreno kárstico de la zona.

En todo caso, esas aguas acaban confluyendo, sí o sí, en el valle de Délica y la localidad vizcaína de Orduña, que se adivina en el horizonte si uno se asoma al precipicio. Esa es, sin duda, una de las estampas más reconocidas y reconocibles del Monte Santiago, que, al margen del Salto del Nervión, atesora muchos otros secretos, como los vuelos de las muchas rapaces que anidan allí, la histórica lobera ubicada a medio camino de la cascada, la cima del Charlazo, las ruinas del Monasterio de Lagrériz, la Fuente de Santiago o la propia Casa del Parque. Sobran los motivos para acercarse. No se lo pierdan.

 

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