Navegar por el campo, hacer realidad un sueño de la Ilustración

El embarcadero de Carrecalzada permite dar un paseo en barco por el interior de Castilla a través de una de las obras de ingeniería más importantes de España

Barco San Carlos de Abánades./Carrecalzada
Barco San Carlos de Abánades. / Carrecalzada
César Ceinos
CÉSAR CEINOSBurgos

El Canal de Castilla es una de las joyas españolas que merece admirar tanto por la construcción como por la historia llena de vaivenes, ilusiones y trabajo que esconde. Esta vía navegable, que mide 207 kilómetros y cuenta con 49 esclusas que salvan un desnivel de 150 metros, es una de las obras de ingeniería más importantes de la España de la Edad Moderna. Ideada bajo el pensamiento de la Ilustración, comenzó a construirse en 1753, si bien se topó con la realidad del país y las obras concluyeron en 1849.

El principal objetivo del Canal de Castilla era el transporte de mercancías, pero en este caso podría decirse que el progreso le llegó demasiado pronto. En 1866, apenas quince años después de su finalización, ya existía una línea férrea que unía Santander y la meseta, por lo que el negocio de arrastrar la carga en barcazas, arrastradas principalmente por mulas que circulaban por las sirgas paralelas al canal decayó hasta que el Gobierno prohibió el tráfico en 1959.

Por suerte, el recuerdo más palpable del Siglo de las Luces en las provincias de Palencia, Burgos y Valladolid goza de buena salud. Con 170 años a sus espaldas ha visto florecer fábricas a sus orillas, ha dado de beber a muchos campos y ha vuelto a acoger barcas. No son las de antaño (estas no necesitan de animales), pero permiten disfrutar plenamente de un monumento que fue declarado Bien de Interés Cultural (BIC) en 1991.

Acueducto de Abánades.
Acueducto de Abánades. / Carrecalzada

A unos cinco kilómetros de Melgar de Fernamental se conserva el embarcadero de Carrecalzada. Se accede por un camino que enlaza con la carretera N-120 (Logroño – Vigo) a mitad de camino entre la citada Melgar y la localidad palentina de Osorno. El acceso al barco, que lleva como nombre San Carlos de Abánades, está ubicado junto a un hotel – restaurante y el viaje dura aproximadamente una hora. Los grupos de excursionistas pueden organizar un servicio 'a la carta', aunque regularmente hay una expedición los sábados a las 17:00 horas que en temporada alta se amplían al miércoles y al domingo.

Surcar el canal es, salvando las distancias, culminar el deseo que en el siglo XVIII tuvo el Marqués de la Ensenada: navegar por el campo, por el interior, a kilómetros del mar. El pasajero, además, observa las tierras de labranza que cambian de color en cada estación y toda la fauna de la zona. Naturaleza en estado puro que se mezcla con el paso de ciclistas que, a la vera del agua, pasan su tiempo libre haciendo deporte. A mitad de camino, el barco se detiene para que los turistas vean al detalle el acueducto de Abánades. En este punto, el Canal de Castilla se cruza con el río Valdavia aunque sin tocarse. Por arriba pasa la vía artificial, por debajo el curso natural. Es, sin duda, un punto único en toda la infraestructura.

También es interesante visitar la esclusa 14, que está en San Llorente de la Vega. No dista mucho de Carrecalzada, pero para ir en coche es necesario volver a la N-120, girar en dirección Melgar y, antes de llegar a esta localidad (está señalizado de manera óptima), coger la PP-6112 hasta San Llorente. En total son 6,6 kilómetros.

Por último, un buen complemento a este plan es adentrarse en Melgar de Fernamental, villa que conserva un rico Patrimonio Cultural. El buque insignia es la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción. De grandes dimensiones, está levantada sobre un templo románico y en su arquitectura combina los estilos gótico y renacentista. Además, se puede visitar el centro de interpretación Pisórica, la ermita de Zorita o el museo etnográfico Pilar Ramos.