Abrazos y lágrimas en la recepción de los niños saharauis de 'Vacaciones en paz'

Una familia abraza al niño saharaui que va a acoger/CLR
Una familia abraza al niño saharaui que va a acoger / CLR

Esta mañana han llegado a Burgos otros 18 niños saharauis, seis lo hicieron hace unos días, para pasar los dos meses de verano con una familia de acogida burgalesa

Cristina López Reques
CRISTINA LÓPEZ REQUESBurgos

«¡Ya llegan!». Había muchas ganas de pronunciar esas palabras y, a mediodía, las familias de 'Vacaciones en paz' por fin lo han podido gritar. El autobús que traía a los niños saharauis desde el Aeropuerto de Villanubla (Valladolid) ha tardado unos minutos más de lo previsto en llegar a la capital burgalesa. Pero la espera no ha sido esa. Han sido diez meses – desde que se despidieron el pasado año – los que han pasado pensando en cuándo iba a llegar este día, de reencuentro para la mayoría, y de presentaciones para otros.

Del autobús han bajado 18 sonrisas, a pesar del cansancio del viaje, y otras seis lo hicieron el pasado 29 de junio. El trayecto que realizan para viajar desde los campamentos de refugiados en Tindouf, Argelia, no es fácil. Primero son trasladados en un camión hasta el aeropuerto que les trae hasta Valladolid, lo que se refleja en su ropa, llena de polvo. Pero merece la pena, pues finalmente llegan a Burgos, con apenas una mochila medio vacía, para olvidarse durante dos meses de las duras condiciones de su hogar. Esto es gracias al programa 'Vacaciones en Paz', que organiza cada año la Asociación Burgalesa de Amigos del Pueblo Saharaui.

En la otra parte están los que lo hacen posible. Familias que, a pesar de dar todo lo que pueden a los niños, reciben mucho más. «Con cada cosa que descubren se les pone una cara de felicidad que, realmente, te hacen feliz a ti», confiesa Edita. Ella lleva tres años acogiendo a un niño saharaui y, aunque al principio «tiemblan un poco las piernas», la reflexión final es que «compensa».

Los testimonios de las familias de acogida reflejan una realidad en el Sáhara, la falta de agua. «Lo que más sorprende a los niños y lo que más les gusta es la playa y la piscina», comenta Edita. Quizás por ello, en cuanto se ponen delante de ello «se tiran sin pensarlo», recuerda riéndose el hijo de Toñi, otra familia de acogida. Durante dos meses será el hermano de otra niña, con la que compartir experiencias y, sobre todo, enseñanzas. «Hay veces que no sabe hacer las cosas y es frustrante, pero acabas orgulloso de lo que va aprendiendo, que es todo», cuenta el chico.

Se necesitan más familias

Los 24 niños que conforman el programa de este año de 'Vacaciones en paz' son unos afortunados, pues ellos tienen una familia que se ha ofrecido a compartir con ellos los dos meses de verano. Sin embargo, hay muchos otros que están esperando salir de los campamentos. Para ello son necesarios nuevos voluntarios dispuestos a acogerlos y, cada año, son menos. «Ya no sabemos cómo divulgarlo», lamenta la presidenta de la Asociación, Mayte Giménez.

La crisis fue la principal causante de que muchas familias se echarán atrás. «Dos meses es mucho tiempo», reconoce la presidenta, pero «se puede hacer, pues no hace falta comprar nada especial al niño, simplemente pedir ropa a familiares o vecinos y querer llenar tu vida». Toñi tiene tres hijos, pero no dudó en apuntarse a 'Vacaciones en paz' cuando conoció el programa. «Parece que las dimensiones de traer a los niños son mayores, pero no supone tanto», afirma. Y es que, ellos «se adaptan a todo lo que hacemos y a donde les llevamos, por lo que en mi casa no he notado más trabajo».

Pero todavía hay esperanzas. Marian se ha unido este año, aunque «siempre ha querido hacerlo». Entre lágrimas al verles llegar, reconoce que tiene miedo de estar a la altura, pues la niña a la que acoge estuvo el año anterior con otra familia. Tampoco es fácil el tema de la alimentación, lo que pueden o no comer. Sin embargo, se ha lanzado a esta aventura porque «tiene mucho que darles», aunque ella «reciba más». Por eso, antes de conocer a su niña saharaui ya sabía a los sitios que la iba a llevar, entre ellos a la playa y a la piscina.

Dos meses de actividades

Dos meses dan para mucho. Los niños saharauis van a participar en muchas actividades, en todas aquellas que conforman la vida cotidiana de una familia. Aunque también tendrán actos más oficiales, como la visita al Ayuntamiendo de la ciudad y la recepción del presidente de la Diputación de Burgos prevista para este lunes.

Y como no solo han llegado niños a Burgos, también se han programado encuentros a nivel regional. El 18 de julio, todos los participantes en el programa pasarán el día en Valencia de Don Juan. Una jornada de campo y diversión. Tampoco hay que olvidarse de la chocolatada en Fuentes Blancas, aunque será un momento triste, ya que anuncia el final de la aventura.

Pero un aspecto muy importante de su estancia, quizás el que más, es la salud. En los campos de refugiados no tienen los cuidados médicos que necesitan. Por eso, aquí se les va a llevar a revisiones, como por ejemplo al dentista o al oftalmólogo. Tampoco se va a descuidar la alimentación, imprescindible que lleven una dieta variada y equilibrada, pues en el Sáhara tampoco tienen acceso a todos los alimentos.

Así van a pasar el verano estos niños. Pero en su lugar de procedencia, el Sáhara Occidental, siguen esperando que se resuelva el conflicto. España abandonó la colonia y Marruecos la ocupó. Ahora se desea un referéndum de autodeterminación que permita al pueblo saharaui decidir en libertad su presente y futuro inmediato, en un Sáhara libre e independiente.

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