EL PATRIMONIO BURGALÉS EN PELIGRO VII: PUENTE DE SAN PEDRO DE ROYALES

Una campaña de voluntariado desde ambos lados del río Pisuerga pretende poner en valor el monumento

Puente de San Pedro de Royales/ALEJANDRO RAMOS
Puente de San Pedro de Royales / ALEJANDRO RAMOS
César Ceinos
CÉSAR CEINOSBurgos

El burgalés Alejandro Ramos y el palentino Raúl Rubio capitanean un proyecto de voluntariado con el objetivo de consolidar y potenciar las ruinas del Puente de San Pedro de Royales, que están ubicadas entre Valtierra de Riopisuerga (Burgos) y Olmos de Pisuerga (Palencia). Este plan, que llevan preparando durante varios años y verá la luz este verano, se llama 'Proyecto Royales' y pretende aunar a voluntarios de ambos lados del río Pisuerga para «recuperar su historia y su memoria», según declara el profesor Alejandro Ramos.

En concreto, las primeras acciones, que se llevarán a cabo el 13 al 24 de agosto consistirán en limpiar de maleza tanto la infraestructura como la zona adyacente para comprobar qué queda del monumento. La participación está abierta a todos los interesados y esperan que el interés de los vecinos sea alto. Para inscribirse, deberán mandar un correo electrónico a proyectoroyales@gmail.com y consultar toda la información en la página web oficial.

Seguidamente, la idea de los directores es consolidar los restos del puente para luego elaborar un estudio de puesta en valor orientado al turismo y realizar alguna intervención arqueológica para conocer más sobre el puente. Por desgracia, no hay mucha información sobre este punto entre las provincias de Burgos y Palencia que por su calamitoso estado -solo quedan varios pilares y uno de los ocho arcos que tuvo- entró en la Lista Roja de Hispania Nostra el 8 de noviembre de 2013.

Las primeras fuentes documentales sobre la infraestructura están fechadas durante el reinado de Carlos III (1759 – 1788), cuando ya estaba en ruinas, y son de un maestro arquitecto en cantería, José Antonio del Otero, que elaboró un proyecto de restauración que no vio la luz por la dificultad de financiación. Poco después fue el ilustrado Gaspar Melchor de Jovellanos quien citó los restos del puente tras conocerlo en un viaje por el cercano Canal de Castilla, que por aquel entonces estaba en construcción. Ya en el siglo XIX, Pascual Madoz, en su 'Diccionario geográfico – estadístico – histórico de España y sus posesiones de Ultramar', explicó que había unas «ruinas de un puente de sólida construcción».

Pasado sujeto por alfileres

Por ello, hay puntos de la historia de este lugar que están cogidos con alfileres. Sí se sabe que estaba asociado cercano hospital de peregrinos del despoblado de San Pedro de Royales que atendía a los caminantes que tenían como meta llegar a Santiago de Compostela, pero no está certificada la fecha de su construcción. Los investigadores comentan que puede ser un puente original bajomedieval datado mientras gobernaba la Casa de los Trastámara (1369 – 1555) o la reforma de una infraestructura anterior.

Sea como sea, en ambos casos, el protagonista, bien en la construcción o bien en la rehabilitación, podría ser uno de los dos reyes castellanos que se llamaron Juan (entre los hay 35 años de diferencia y puesto que al indicarse en las fuentes solo su nombre podría ser cualquiera), ya que aparece ese nombre en la regla de la cofradía de San Pedro de Royales.

Previsiblemente, el puente se utilizó durante varios siglos, hasta que las crecidas del Pisuerga en la decimoctava centuria destrozó los accesos y lo dejó inutilizable. Con las dos entradas en mal estado, el deterioro se fue contagiando al resto del monumento, si bien es cierto que -al igual que en otros lugares de la geografía de la región- los habitantes de la zona colaboraron con esa destrucción, llevándose piedras para utilizar en otros edificios.

En esta situación ha llegado al tercer milenio. Probablemente, ninguna persona cruzará el río por el puente, pero dos vecinos de la zona, cada uno procedente de una orilla, van a poner desinteresadamente su granito de arena para que recupere parte de su esplendor y sea un símbolo de los pueblos cercanos. Ahora solo falta que se sumen más gente.

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