Pagan cien euros a un mendigo polaco en Benidorm por dejarse tatuarse una dirección

Un momento del proceso del tatuaje al mendigo. /R. C.
Un momento del proceso del tatuaje al mendigo. / R. C.

Unos turistas ingleses incluyen en la fiesta una broma a un sintecho polaco

Daniel Roldán
DANIEL ROLDÁNMadrid

Las despedidas de soltero se han convertido en un verdadero dolor de cabeza para muchas ciudades, donde son los propios hosteleros los que se niegan a atender a grupos de bulliciosos disfrazados y, en muchos casos, con una (o muchas) cervezas de más. Disfrazar al novio de cualquier cosa posible y provocar que pase la máxima vergüenza, es una cosa; llevar a cabo la 'brillante' idea que tuvo un grupo de ingleses en Benidorm es provocar la indignación de toda una ciudad. Estos turistas decidieron remachar unos días de fiesta en la localidad alicantina con un tatuaje. Pero no en sus cuerpos. Era mejor la frente de un pobre mendigo.

Con un desprecio absoluto hacia los más desfavorecidos -aporofobia lo bautizó la filósofa Adela Cortina-, el grupo de británicos pagó cien euros a Tomek, un sintecho polaco de 34 años conocido en la localidad para que el tatuador le pusiera en la frente 'Jamie Blake, North Shields, N28'. El nombre y el lugar de nacimiento -al noreste de Inglaterra, cerca de Newcastle- del futuro esposo que, además, reside en Benidorm. El tatuaje no pudo finalizarse debido a los fuertes dolores que sufrió Tomek durante la intervención, que se produjo a finales de mayo.

El grupo de británicos volvió a casa y Tomek continuó su malvivir por Benidorm. Hasta que un día se cruzó por la calle con Karen Maling. El polaco, con serios problemas con el alcohol, le narró lo ocurrido. De los cien euros no le quedan nada: 17 euros se los robaron en la playa y el resto se lo gastó en comer y beber. Maling no pudo reprimir su ira. En primer lugar, por lo que habían hecho al pobre Tomek; en segundo lugar, porque eran británicos como ella y, en tercer lugar, porque su marido regenta un estudio de tatuaje y no podía entender que alguien del gremio pudiera colaborar en este acto de aporofobia. «Hay que ser responsable y él no lo fue. Eso da muy mala imagen», explicó Maling. Aún más, el salón de tatuaje había colgado la imagen en sus redes sociales.

Maling, que también es presidenta de la Asociación de Comerciantes Británicos de Benidorm, sacó una fotografía del tatuaje, la compartió en las redes sociales y denunció el caso entre la comunidad británica de Benidorm. Los residentes se mostraron consternados y criticaron la mala imagen que sus compatriotas dan a los británicos con estos actos, que también han llegado a las islas. Varios periódicos han cargado contra este grupo de jóvenes y el novio, Jamie Blake, aseguró a 'The Chronicle' que desconocía lo sucedido.

Ahora, los Servicios Sociales del Ayuntamiento de Benidorm intentan localizar a Tomek para ayudarle y Maling ha comenzado una campaña de micromecenazgo para borrar el tatuaje con láser. El objetivo es alcanzar los 3.000 euros y ayer, en apenas 24 horas, ya se habían logrado 1.200 euros. Un pequeño paso para acabar con la pesadilla de Tomek.

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