Los inquilinos del edificio de Alonso Martínez desalojado por grietas confían en regresar en quince días

El edificio fue clausurado hace un mes. /Alba Herrero
El edificio fue clausurado hace un mes. / Alba Herrero

Ya se ha dado luz verde al proyecto de apeo de la fachada norte, que comenzará a desarrollarse la semana que viene

Gabriel de la Iglesia
GABRIEL DE LA IGLESIABurgos

Los inquilinos del edificio de la plaza Alonso Martínez desalojados hace ahora un mes confían en regresar en dos semanas, después de que se haya dado luz verde al proyecto de apeo de la fachada norte.

Según confirma el concejal de Licencias, Daniel Garabito, los propietarios del inmueble, responsables de su mantenimiento, ya cuentan con el preceptivo permiso para actuar en la fachada que da a la calle Trinidad. Allí, la aparición de problemas estructurales motivó que el Consistorio declarara el peligro de ruina inminente y ordenara el desalojo el pasado 25 de julio. Desde entonces, el edificio continúa cerrado y precintado a la espera de que se acometan los trabajos de apeo.

Se trata de una obra relativamente sencilla, basada en el apuntalamiento de la fachada mediante una «estructura estabilizadora», a imagen y semejanza de lo realizado con anterioridad en otros inmuebles del centro histórico. Así, la intervención «se debería hacer rápido».

De hecho, los inquilinos del inmueble confían en que se lleve a cabo en unos días. Esa es al menos la previsión con la que cuentan tras hablar con la empresa que va a colocar la estructura. «Se supone que en unos 15 días estará solucionado y podremos volver a abrir», subraya Alberto Santamaría, gerente de la Taberna Donde Alberto.

Su negocio, ubicado en los bajos del inmueble, y la Academia Ilima, son los dos afectados por la situación de un edificio en el que no hay vecinos. Ambos negocios tuvieron que echar el cierre de manera precipitada tras la aparición de los problemas estructurales, lo que ha supuesto una «faena».

Así, Santamaría explica que «agosto suele ser un buen mes» para la taberna, que aprovecha el tirón del verano y la llegada de turistas para hacer buenas facturaciones. Sin embargo, este año, se ha visto obligado a cerrar y dar días a todos sus trabajadores.

Algo parecido ha sufrido David Preciado, responsable de la Academia Ilima, situada en el segundo piso. En su caso, se ha visto obligado a modificar su actividad a otros lugares durante estas semanas. «He tenido que anular algunas clases y otras las he tenido que trasladar a otros sitios», explica confiando en poder volver a abrir la academia en septiembre.

Sea como fuere, ambos insisten en que, más allá de los problemas de la fachada, el inmueble es «seguro». «Muchos clientes nos están preguntando si nos vamos a ir de allí», pero «el edificio no se cae», asegura Santamaría. De hecho, insiste, los locales «siguen estando en perfectas condiciones».

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