De Burgos a Mali

José Parareda: «La ONU es una molestia para el crimen organizado en África»

José Parareda Masnou, en su despacho de Minusma en Bamako (Malí), desde donde se coordinan los proyectos para el país africano./J.M.
José Parareda Masnou, en su despacho de Minusma en Bamako (Malí), desde donde se coordinan los proyectos para el país africano. / J.M.

Vecino de Burgos y jefe de Tecnología de Minusma, este oficial en excedencia trabaja en Malí con un presupuesto de 86 millones de dólares para desplegar las telecomunicaciones

Jorge Moreno
JORGE MORENO

Este catalano-burgalés («mi mujer es de Burgos, me casé allí, cuando la Academia de Ingenieros estaba en la ciudad, y llevó media vida»), ocupa desde hace poco más de un año uno de los puestos claves en la Misión Multidimensional Integrada de Estabilización de las Naciones Unidas (Minusma) en Malí, donde la ONU trata no solo de garantizar la seguridad en este país africano, dando apoyo con 13.000 efectivos, sino en la reconstrucción de uno de los Estados más pobres del planeta. José Parareda (1963, Sant Hilari Sacalm, Gerona), coronel del Ejército de Tierra, obtuvo la puesto de la ONU tras un proceso de selección en el que se valoró su trabajo como ingeniero de Transmisiones. Su unidad supervisa un presupuesto de 86 millones de dólares (76,3 millones de euros).

–¿Un exmilitar español en Naciones Unidas y en África?

–Así es. Soy oficial de Transmisiones que ahora está en excedencia, en una comisión de servicios especiales para la ONU.

–¿Qué es Minusma?

–Es una misión de la ONU con una proyección multidisciplinar que abarca no solo los programas civiles y militares, sino que incluye también la colaboración con los países africanos que integran el G5 Sahel (Mauritania, Níger, Chad, Malí y Burkina Faso). La misión se estableció en el año 2013 con la finalidad de evitar que Malí se convirtiera en un Estado fallido. Por desgracia, en estos más de cinco años este es el encargo más letal que desempeña la ONU, y donde más bajas de cascos azules han existido.

–Su trabajo aquí, ¿cuál es?

–Dar apoyo a Malí dentro de la Sección de Tecnología. Este es un país muy grande, como España y Francia juntas, y los retos para trabajar tienen más dificultades. Por un lado, porque el norte es semidesierto, y por otro, por cuanto no hay medios económicos. Desde esta Sección de Tecnología gestionamos el apoyo a las comunicaciones, desde Internet a equipos de radio, de ordenadores a las aplicaciones o la gestión de vídeoconferencias. Damos apoyo, además de a los 13.000 militares, a otros 2.500 policías y a un millar de civiles repartidos por todo el territorio maliense. Aquí hay una presencia multinacional de Alemania, Suecia, El Salvador, Portugal, Francia, Irlanda, Noruega, Holanda, Eslovenia, Egipto, Senegal, Nepal y China.

–Y España, ¿qué aporta a Minusma?

–Al contrario que la misión europea de EUTM Malí, solo aportamos un oficial.

–¿La presencia de Naciones Unidas cómo se desarrolla?

–Apoyándose en los pilares civil, militar y político. Aquí existen oficinas para temas electorales y de desarrollo organizativo que trabajan conjuntamente con el Gobierno de Malí para poder desarrollar sus estructuras. Minusma también da seguridad policial para luchar contra el contrabando. En mi caso, me ocupo de respaldar los proyectos de ingeniería técnica de telecomunicaciones y de tecnologías de la información (TIC).

–Estuvo antes en puestos de la ONU en Haití y Somalia, ¿nada comparables con Malí, supongo?

–Efectivamente, cada país es diferente, como también lo son sus conflictos. Aquí en Malí, existe un enfrentamiento entre tribus nómadas contra agricultores. A ello se suma el ingrediente religioso, con grupos yihadistas que combaten al gobierno y comunidades cristianas. Y además de pugna por separación territorial, como son los touaregs. Por Malí pasan redes del crimen organizado de armas, drogas y tráfico de explotación de personas. Para ellos, Naciones Unidas es una molestia a la que combaten.

-¿La opinión pública española entiende lo que hace España en esta zona del continente africano?

–Creo que no, que se desconoce. En el caso de Malí, es fundamental la presencia multinacional. Si este país cae y la zona del Sahel, tendremos el radicalismo musulmán a las puertas de Europa. Es cierto que puede ser difícil explicar para muchos españoles qué hacen sus tropas en zonas como Afganistán o Líbano. Hay que saber que ello puede llegar a afectar a la propia seguridad del país y, en el caso de Malí, es más claro todavía al estar tan cerca del estrecho. Estamos a dos pasos del sur de Europa, y eso los franceses lo tienen más claro que nosotros.

De Gerona a Burgos

Nacido a pocos kilómetros del pueblo de Carles Puigdemont (Amer, 1962), Parareda rompe los tradicionales esquemas sobre la relación de la sociedad catalana con el ejército español. Como lo hicieron en la Transición varios oficiales integrados en la Unión Militar Democrática (UMD).

En 1982, Parareda ingresó en la Academia de Ingenieros de donde salió en 1987 con el empleo de teniente. Su primer destino fue en Vitoria (1987-1989) y luego pasó por Huesca y Burgos (1991), donde reside desde entonces con su mujer.

Su primer contacto con la ONU, que se nutre en muchas ocasiones con personal militar técnico en excedencia, fue en una misión en Líbano, como casco azul. La organización mundial le ofreció trabajar para ella anualmente, y después de dos años de intercambios comenzó en Haití. Luego vino Somalia y República Centroafricana. Cuando el trabajo en Malí finalice, José Parareda regresará a un puesto en la Subdelegación de Defensa en Burgos.

–Desde la 'primavera árabe' en 2011, no han parado los conflictos en el Mediterráneo.

–Así es. La caída de Gadafi en Libia ha contribuido más todavía a desestabilizar a países como Malí. Uno de los mayores temores que se han incorporado ahora es que estas crisis lleguen también a Argelia, con la dimisión del presidente Bouteflika. No podemos olvidar el pasado de los grupos terroristas argelinos.

–¿Qué proyectos prácticos realiza su área desde Minusma?

–Los mayores proyectos que tenemos tienen que ver con los sistemas de protección para los campos de entrenamiento y bases. Estamos equipando los mismos con sistemas de vigilancia y seguridad, que tiene un coste elevado dada la superficie del país. El año próximo elevaremos con otros 14 millones más el presupuesto actual. Israel es el principal país que más concursos está ganando, por su experiencia empresarial en este campo, y en el de los radares que previenen contra los proyectiles por fuego indirecto. Han vendido a EE UU y a la India, incluso. La ONU está también trabajando para prevenir los ataques con drones. Hemos tenido la desgracia que cinco cascos azules de Chad murieron por la utilización de este tipo de equipos. Los drones se están usando sobre todo para obtener información de la localización de las instalaciones de las bases de la ONU. Los países europeos están, por ello, priorizando el despliegue de este tipo de equipos, para garantizar la seguridad de sus tropas. Compañías suecas y alemanas disponen ya de material que es capaz de controlar 'enjambres' completos de drones, de tal modo que les puedes obligar a descender al suelo evitando que se consume su objetivo. También estamos desarrollando con Ericsson, un sistema de red LTE, que está entre la tecnología 4G y la 5G, que está en camino.