Castilla y León capta seis trabajadores de otras regiones por cada diez que se marchan

Jóvenes con maletas en una estación de autobuses. /Jesús Andrade
Jóvenes con maletas en una estación de autobuses. / Jesús Andrade

De los 12.317 asalariados que marcharon de la comunidad, casi seis mil se fueron a Madrid y más de mil, a Cataluña

Ángel Blanco Escalona
ÁNGEL BLANCO ESCALONA

Disponer de información detallada acerca de la realidad sociolaboral de Castilla y León y sus provincias –más allá del trazo basto que aporta el dato mensual del paro– es, casi casi, sinónimo de ponerse a temblar. Según pone de manifiesto el informe de Movilidad del Mercado de Trabajo de la Agencia Tributaria, el éxodo de trabajadores de la comunidad autónoma se recrudeció el año pasado con 12.317 salidas, 254 por encima de las que se registraron en 2016. El 8,6% de las personas que se trasladaron de una región a otra dentro de España partieron de Castilla y León.

Al final, y gracias a la creación de nuevos empleos, el número de asalariados creció en Castilla y León en 2017 en 4.941 personas con respecto del año anterior, al pasar de 929.625 a 934.566. No obstante, el incremento apenas supone el 0,5%, frente al 2,7% registrado en el conjunto de España, donde se produjeron ganancias como el 4,4% de las Islas Baleares o el 3,7% de Murcia. El balance de Castilla y León es el peor de todo el país, si exceptuamos el de Ceuta y Melilla. Ya en el ejercicio anterior, la comunidad había sido la tercera autonomía con menor crecimiento relativo, solo por encima de Extremadura y Asturias.

La Agencia Tributaria considera asalariados a todos los que prestan sus servicios en el llamado 'territorio de régimen fiscal común' (esto es, quedan fuera los trabajadores del País Vasco y Navarra) y que hayan trabajado un periodo mínimo de 15 días.

El aumento en el número de personas asalariadas registrado en Castilla y León se debe a que hubo un mayor número de altas (81.945) que de bajas (72.263) y fue 'rectificado' a la baja por el saldo migratorio negativo de Castilla y León con el resto de autonomías, ya que la comunidad fue la que, proporcionalmente, presentó el segundo peor balance de flujos de entradas y salidas con el resto de regiones de España.

De las 142.472 personas que se mudaron de comunidad por motivos laborales, 12.317 salieron de Castilla y León. Superaron las 12.063 que marcharon en 2016, se añadieron a las 10.528 de 2015... y así sucesivamente. En el otro lado de la balanza, la cifra de asalariados que se instalaron en alguna de las nueve provincias procedentes de otros territorios ascendió a 7.576. El resultado es una pérdida de 4.741 personas, que solo fue superada en volumen por Andalucía y Castilla-La Mancha. Si simplificamos la proporción, el resultado es que Castilla y León captó el año pasado seis trabajadores de otras regiones por cada diez que se marcharon por razones de trabajo, fundamentalmente salariales.

Por desgracia, esta mala noticia no es nueva para Castilla y León, que todos los años desde 2006 tiene saldos migratorios de signo negativo con el resto de autonomías. Además, tiene el triste honor de ser la única región en la que se da esta circunstancia que, para más inri, aumenta año a año o se modera menos que en el promedio del país, en un momento en que nos encontramos en plena recuperación económica.

Las consecuencias sobrepasan el terreno del drama para adentrarse en el de la tragedia si tenemos en cuenta que la comunidad es una de las más envejecidas del país y, con una tasa de natalidad en caída libre, lleva años arrojando crecimientos vegetativos negativos.Que además se marchen las personas en edad de tener hijos agrava más aún un escenario demográfico ya de por sí tremebundo.

Campos despoblados

Por otro lado, desde la óptica sectorial el informe revela que la agricultura, ganadería, silvicultura y pesca es el único sector productivo que todavía sufre pérdida de empleo. Es otro factor que juega en contra de Castilla y León, una de las comunidades con más población rural. Con datos del conjunto de autonomías y en un año en el que hubo un incremento de casi medio millón de asalariados –hasta totalizar 17.727.324, el 2,75% más que en 2016–, el agrario fue el único sector en negativo, con 26.271 asalariados menos, más del 4% de los efectivos, hasta un total de 630.739 personas.

El modelo económico imperante en la poscrisis está, así, despoblando las zonas más rurales de España, mientras las capitales más grandes y las zonas de costa se erigen en vencedoras. Mientras Extremadura, Castilla-La Mancha y Castilla y León son los territorios con mayor pérdida de asalariados, Madrid (con un saldo positivo de 17.493 personas en los flujos de salidas y entradas), Baleares (3.878), Canarias (1.248)y Murcia (366) son los mayores ganadores. También tiene un saldo positivo de 88 trabajadores La Rioja.

En cuanto a los destinos de quienes dejaron atrás Castilla y León por una oferta laboral mejor, la Comunidad de Madrid fue, una vez más, el gran 'agujero negro' absorbe trabajadores. Allí se establecieron 5.795 asalariados, casi la mitad de los 12.317 que causaron baja en la región. A continuación, con la que está cayendo por aquellos lares, se situó Cataluña, con 1.137 personas, y en tercer lugar, Andalucía con 831. Otras 632 se marcharon a Galicia;626 fueron a la Comunidad Valenciana; 606 a Asturias;462 a Cantabria;405 a Aragón y una menos, a Canarias. Baleares (350), Castilla-La Mancha (350), Extremadura (250), La Rioja (236) y Murcia (168) completan la lista, a falta del País Vasco y Navarra.

En cuanto al flujo de entrada, Madrid (2.459), Andalucía (802) y Cataluña (574) fueron los principales lugares de procedencia. Les siguen Extremadura (485)y Asturias y Castilla-La Mancha (479 cada una). Solo hubo una comunidad, la extremeña, con la que Castilla y León registró saldo positivo.

Valladolid es a la vez la provincia con más bajas y con más altas

Las nueve provincias castellanas y leonesas tuvieron saldo negativo de trabajadores el año pasado, en especial León, que tras ver cómo se marchaban 2.880 y llegaban 1.830, sufre una pérdida de 1.050. Le sigue Salamanca, que despidió a 2.350 asalariados y presenta un saldo de 927 menos. Valladolid fue a la vez la que más bajas sufrió, 3.013, y la que más altas obtuvo, 2.868. El resultado fue una diferencia negativa de 145 personas. Es el segundo saldo menos negativo, tras el de Soria. Mientras Palencia, con 1.180 salidas y 840 entradas, arroja un resultado de 340 trabajadores menos, frente a los 346 de Burgos. Segovia pierde 514, ya que las 1.437 bajas tampoco fueron compensadas con las 923 altas. Los saldos de Ávila, 646 menos, y Zamora, 633, también fueron de los peores de la comunidad. En el detalle provincial, el informe de la Agencia Tributaria sobre movilidad laboral distingue entre flujos de salida hacia otra provincia de la misma autonomía, o de otra. En este sentido, de los más de tres mil 'fugados' de Valladolid 2.235 se fueron a otra comunidad y los restantes 778, a algunas de las otras ocho provincias castellanas y leonesas. De los que llegaron a la provincia vallisoletana, 1.307 procedían de la región y 1.561, de otra comunidad.

 

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