El Duero marca la diferencia

El río Duero y la presa de Bemposta. /Luis Calleja
El río Duero y la presa de Bemposta. / Luis Calleja

Amaya Cervera y Fernando Mora defienden el potencial de un río que permite elaborar grandes vinos y con personalidades muy diferentes

Nieves Caballero
NIEVES CABALLEROBurgos

ualquier río es un elemento geográfico, una masa de agua que erosiona y moldea el paisaje, genera vida, refleja la luz y modera el clima. Bajo la influencia de algunos ríos del mundo se han creado grandes zona vitícolas. También en el caso del Duero se puede hablar de vinos de calidad, de diversidad y de riqueza, por lo que se puede reivindicar como uno de los grandes ríos vitivinícolas del mundo, con diez denominaciones de origen en su cuenca: Ribera del Duero, Arlanza, Cigales, Rueda, Toro, Tierra de León, Vino de la Tierra de Zamora, Valles de Benavente, Valtiendas y Arribes. Aunque no se puede olvidar que Castilla y León cuenta, además, con las DOP Sierra de Francia y Vinos de Cebreros, deudoras de las aguas de la cuenca del Tajo, y con la DO Bierzo, perteneciente a la del río Sil.

¿En qué se diferencia el Duero de otros grandes ríos vitivinícolas del mundo, como Ródano, Garona, Mosela y Napa? La periodista de vinos Amaya Cervera, creadora de la web Spanish Wine Lover, y el Master of Wine y bodeguero Fernando Mora, que intervinieron en el primer congreso Duero Wine Fest de Burgos, nos dan las respuestas porque cada uno de ellos tiene su propia personalidad.

El Garona (con 568,9 km), que nace en España (Valle de Arán) y discurre principalmente por la vertiente atlántica de Francia, ha permitido crear la reconocida zona vitícola de Burdeos en el estuario de Gironda, en la desembocadura. La historia ha favorecido que esta zona tenga algunos de los mejores y más caros vinos del mundo. Por todo ello, Fernando Mora lo define como «río aristocrático».

El Ródano discurre por Suiza y Francia (812 kilómetros) y es el río más importante de la vertiente mediterránea. Aunque está íntimamente ligado al cristianismo desde que el Papa Clemente V se instaló en Aviñón, el Master of Wine lo considera «un río 'hippy' porque hoy en día es donde se hacen algunos de los vinos naturales mejores del mundo y hay un importante movimiento de pequeños productores».

El Mosela (560 kilómetros) discurre por el noreste de Francia, el este de Luxemburgo y el oeste de Alemania. Situado en una zona climática muy fría (8º por debajo de la temperatura óptima para el cultivo de la vid), el río ha moldeado el paisaje en zigzag hasta dibujar laderas más soleadas en las que se cultivan las uvas de la variedad riesling. Lo define como «río monástico».

El último río es el Napa (Valle de Napa, California), al que se refiere Mora como «nuevo rico» porque fue una zona vinícola reconocida hace 60 años. Con apenas 48 kilómetros de largo concentra más de 300 productores.

Aunque es el tercer río más largo de la Península Ibérica con 897 kilómetros, el Duero posee la mayor cuenca hidrográfica (98.073 kilómetros cuadrados), de los que 78.859 se encuentran en territorio español y 19.214 en Portugal. Algo más del 98% de la superficie de la cuenca española discurre por Castilla y León. Nace en los Picos de Urbión (Soria) y recorre la Cornisa Cantábrica, el Sistema Ibérico y el Sistema Central antes de morir en Oporto (Portugal). Los viñedos actuales son herederos de la época de la reconquista. Toro contó con el primer viñedo comercial en el siglo XII, pero el mayor desarrollo de la vid se dio en torno a los años 1601-1606, cuando Valladolid fue capital del reino. En el XIX llegó la decadencia con la filoxera y en los años 80 del pasado siglo se produjo una gran revolución vinícola.

Lejos de la imagen plana y mesetaria que se tiene de Castilla y León, «el Duero ha creado una realidad geológica compleja, una cuenca sedimentada con distintos materiales y suelos, altitudes y variedades, que dan lugar a expresiones diferentes. Hemos definido el Duero como un río plural por su diversidad. Es un gran río vinícola porque tiene capacidad de elaborar vinos finos de guarda, cuenta con herramientas para hacer frente al cambio climático como son la altitud y las variedades, y por el potencial de su rica periferia», explica Cervera. Para Fernando Mora el principal potencial del Duero es su diversidad, frente a otros ríos vinícolas con una personalidad muy marcada. Ambos coinciden también en que el 50% del potencial del Duero está por desarrollar.

Amya Cervera y Fernando Mora.
Amya Cervera y Fernando Mora. / Ricardo Ordóñez

¿Qué momento atraviesan los vinos del Duero?

«El consumidor tiene que identificar el mensaje. Hoy se habla todavía de crianza, reserva y gran reserva, en lugar de los diferentes viñedos y las diferentes zonas», se lamenta Fernando Mora, pero «ese concepto está cambiando». Desde el punto de vista de Amaya Cervera, no es suficiente con cambiar las clasificaciones. «España está en un momento bastante creativo y crucial, tiene que dar un salto cualitativo importante para no quedarse descolgado y para crear una imagen de calidad y que sus vinos se reconozcan en el mercado», apunta, antes de asegurar que se tiene que desligar de esa imagen de vinos a graneles y productiva, que siempre va a estar ahí porque somos el tercer productor de vino del mundo». A veces el primero o el segundo, dependiendo de añadas.

¿Los vinos de Castilla y León pueden tener el mismo nivel que los de Burdeos, Borgoña, etc?

«Hay una lista con los vinos más caros del mundo, que se basa fundamentalmente en Burdeos, y solo se destacan dos españoles, Pingus y Vega Sicilia», señala Cervera. Por cierto, las dos bodegas se encuentran en Castilla y León. A pesar de ello, para Fernando Mora la respuesta es que «sí, en España y en el Duero se pueden hacer grandes vinos». Eso sí, advierte que «el objetivo de las DO era homogeneizar y ahora se busca lo contrario, la identidad de cada zona y cada paisaje porque eso es lo que pide el mercado».

Amaya añade que «esta es la única vía para preservar ciertos paisajes, conservar la viña vieja y, para ello, elaborar vinos con expresividad y con precios más altos que lo permitan».

¿Duero podría ser una buena marca para promocionar y comercializar los vinos de Castilla y León en los mercados exteriores?

«Siempre y cuando se explique bien cuál es el Duero y cuáles son la otras cuencas. No puedes meter Bierzo, Sierra de Salamanca y Cebreros en el mismo cajón que el resto porque la geografía y las variedades son diferentes», argumenta Amaya Cervera. Reconoce que es un proceso muy complejo y que hablar de los vinos del Duero permitiría ampliar el enfoque.

Sin embargo, Fernando Mora considera que «hay que lanzar mensajes claros en puntos del mundo donde pocas personas conocen la realidad vitivinícola de España, por lo que Duero puede ser una buena marca».

¿Qué tienen que hacer las bodegas de Castilla y León para que estén en las cartas de los grandes restaurantes de todo el mundo?

El Master of Wine aragonés opina que «en primer lugar, tienen que hacer vinos equilibrados que se entiendan en un contexto internacional, convencer a los distribuidores de que esas marcas merecen la pena y a los críticos para que las recomienden y, por último, conseguir que los consumidores se atrevan a probarlos». Recuerda que existen dos o tres marcas de Ribera del Duero que están en todos los estrellas Michelin del mundo, pero existe una gama por detrás que no somos efectivos.

Ambos coinciden en que «las denominaciones de origen del Duero en lugar de crear una línea de continuidad (también con los vinos del Douro portugués) son compartimentos estancos.

 

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