La Iglesia administra en la diócesis ocho millones de euros de cuatrocientos fieles

Un sacerdote reza en una iglesia de Valladolid. /G. V.
Un sacerdote reza en una iglesia de Valladolid. / G. V.

Se trata de los depósitos de fundaciones pías, creadas para poder ayudar en fines sociales, caritativos y en obras

Lorena Sancho Yuste
LORENA SANCHO YUSTE

Unos cuatrocientos fieles vallisoletanos tienen actualmente creada una fundación en la diócesis de Valladolid por la que depositan una serie de bienes (dinero, inmuebles o fincas) que la Iglesia se encarga de administrar durante cincuenta años a cambio de destinar el rendimiento financiero anual de esos fondos a la voluntad estipulada por el fundador, que habitualmente se refiere a la celebración de misas por el alma de familiares, a acciones vinculadas con Cáritas o misiones y a obras de restauración de iglesias y ermitas.

Aunque su creación tiene décadas de antigüedad, las denominadas fundaciones pías canónicas siguen muy presentes en la Iglesia de Valladolid, de tal forma que las vigentes suman cuatrocientos expedientes y contabilizan unos ocho millones de euros depositados o entregados por estos fieles, que la diócesis se encarga de administrar durante los cincuenta años que el Derecho Canónico estipula de vigencia para estas fundaciones. En ese periodo, el arzobispado no puede disponer de estos fondos para uso propio, solo de los rendimientos que genera para destinarlos a los fines estipulados por los fundadores. Una vez transcurrido este medio siglo, estos expedientes se amortizan y pasan a ser patrimonio de la Iglesia, que ya podrá destinarlos a los usos que considere. Este año, por ejemplo, se han amortizado diez que se abrieron en el año 1968 y que suman poco más de 7.000 euros de los que la diócesis ya puede disponer para destinar a los usos que considere. «Hay que tener en cuenta que el dinero no valía entonces lo mismo que ahora», señala el ecónomo de la diócesis, José María Conde.

Las fundaciones pías se erigen así en la fórmula elegida aún hoy en día por vallisoletanos que quieren contribuir con la acción eclesiástica y que, en lugar de hacer donativos o legar unos bienes en su testamento, optan por entregar unos fondos para fines habitualmente sociales o caritativos, aunque en muchas ocasiones estipulan también voluntades tan diversas como la de destinar fondos a adecentar su tumba o a colocar flores a la patrona de su municipio.

Son de media entre dos y tres las fundaciones que se crean anualmente en el Palacio Episcopal de Valladolid. Aquí se solicita su apertura y se lleva ante el notario diocesano, que extiende un edicto que posteriormente firma el obispo auxiliar, Luis Argüello, por una vigencia de cincuenta años. La cantidad es voluntaria y, por tanto, variable, y puede oscilar desde los 600 a los 400.000 euros (hay al menos dos con esta última cifra). Durante estos cincuenta años, los fundadores no podrán cancelar su compromiso, mientras que sí podrán incrementar el importe cuando lo estimen oportuno.

El rendimiento que la diócesis entrega a las fundaciones es variable, en función también de los tipos de interés. El compromiso es destinar este año medio millón de euros de esos ocho millones depositados por los fieles a los fines que hayan estipulado. La mayor parte, según explica José María Conde, van a parar a la restauración de iglesias y ermitas. Es así una de las voluntades más habituales de estas fundaciones la de la conservación del patrimonio, de ahí que de los 900.000 euros presupuestados el próximo año para atender las reparaciones más urgentes, la mitad aproximadamente se financien con estos rendimientos de las fundaciones pías. «Nos inyectan liquidez pero no podemos disponer de este dinero. Solo podemos disponer de los rendimientos y ahí por ejemplo es muy importante la labor que estos fieles realizan para conservar el patrimonio, para ayudar a Cáritas o para prestar atención a las misiones que la Iglesia desarrolla», señala el ecónomo.

Al no considerarse donaciones, estas fundaciones no desgravan a la hora de realizar la declaración del IRPF. Sí declara la diócesis estos depósitos financieros, con sus correspondientes rendimientos, aunque, según recuerda el ecónomo, la Iglesia está exenta de tributar.

 

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