Investigan un viaje privado del Pegasus de la DGT a una bodega

Un helicóptero Pegasus, en una fotografía oficial facilitada por la DGT. /El Norte
Un helicóptero Pegasus, en una fotografía oficial facilitada por la DGT. / El Norte

Un juzgado abre diligencias penales contra el piloto y un agente por el vuelo realizado desde Madrid a Fompedraza

J. Sanz
J. SANZValladolid

La sorprendente visita del temido Pegasus, el helicóptero de la Dirección General de Tráfico (DGT), llamó la atención de los vecinos de la pequeña localidad de Fompedraza al filo del mediodía de aquel último sábado de agosto de hace tres años, cuando se toparon con el aparato posado en una finca próxima a una bodega situada al borde del casco urbano. ¿Qué hacía allí? Aquella pregunta nunca obtuvo una respuesta convincente por parte de la tripulación, y más teniendo en cuenta que procedía de Madrid, por lo que las circunstancias que rodearon aquel viaje han acabado con una reciente denuncia de la Fiscalía y la apertura de una investigación penal por parte del Juzgado de Instrucción número 5 ante la presunta comisión de un delito de malversación de caudales públicos por parte de los funcionarios, es decir, por el posible uso fraudulento de un helicóptero oficial para fines privados, según confirmaron ayer fuentes judiciales, policiales y de la investigación.

Los hechos se remontan al 29 de agosto de 2015, en plena operación retorno de las vacaciones de verano, cuando uno de los Pegasus asignados a la Unidad Central de Tráfico en Madrid tomó tierra a las 11:30 horas en una parcela situada a la salida de Fompedraza, junto a la carretera que une Peñafiel y Cuéllar (en sentido a la localidad segoviana), en las inmediaciones de una bodega.

«Todos vimos el helicóptero de la DGT posado aquel sábado», afirman los testigos

El aparato, en teoría, no debería estar allí al tratarse de un territorio asignado a su homólogo de la DGT en Castilla y León, con base en el aeropuerto de Villanubla. De manera que sus dos tripulantes, el piloto –un operario de la DGT– y un guardia civil, ambos destinados en Madrid, recorrieron aquella mañana los cerca de doscientos kilómetros que separan su base de la pequeña localidad vallisoletana, situada nueve kilómetros al sur de Peñafiel y de poco más de un centenar de habitantes censados, para tomar tierra junto a una bodega y a escasos metros del casco urbano del municipio.

De dos a cuatro años de cárcel

La presencia del llamativo y más que conocido helicóptero, claro, concentró la mirada de los vecinos y algunos llegaron a inmortalizar el momento con sus teléfonos móviles. «Lo vimos muchas personas, además de que la foto circuló por los grupos de ‘Whatsapp’ y entonces se dijo que quizás habían visto algo raro desde el aire y habían decidido aterrizar cerca de esa bodega, que por aquel entonces estaba en obras», recuerdan los vecinos de Fompedraza.

El caso es que el extraño viaje del Pegasus acabó siendo denunciado por un particular y se tradujo inicialmente en la apertura de un expediente disciplinario contra los funcionarios por parte de la Dirección General de Tráfico, a la que pertenece el Pegasus, uno de los ocho que conforman la flota aérea de la DGT, en este caso con su base en Madrid.

El vuelo pudo ser constitutivo de un delito de malversación de caudales públicos

Aquella investigación, al parecer, acabó siendo archivada dos años después por el Ministerio del Interior, ya en 2017, por falta de pruebas objetivas para demostrar siquiera la presencia del helicóptero en la localidad vallisoletana y mucho menos los motivos del supuesto viaje, según apuntan las fuentes consultadas.

El caso es que lo ocurrido, dado que parece fuera de toda duda que el helicóptero en cuestión estuvo aquel 29 de agosto de 2015 en Fompedraza –así lo confirman sus vecinos sin investigar demasiado–, acabó sobre la mesa de la Fiscalía de Valladolid y el Ministerio Público elevó sus pesquisas a los juzgados a finales del año pasado. Aquella denuncia se tradujo en la apertura de diligencias por parte del Juzgado de Instrucción número 5, cuya titular mantiene abierta desde entonces la investigación. Y no es una cuestión menor, ya que en caso de demostrarse que, en efecto, los dos tripulantes del helicóptero realizaron un viaje particular a bordo del mismo, es decir, la comisión de un delito de malversación de caudales públicos, sendos funcionarios –el piloto y el guardia– se enfrentarían a una condena de entre dos y cuatro años de prisión y a su inhabilitación para empleo público.

La investigación interna se archivó y la Fiscalía acabó denunciando los hechos

Eso al margen de las motivaciones del viaje en sí o de que hubieran podido montar a civiles. Algunos testigos, en este sentido, apuntan a que el helicóptero pudo realizar algunas pasadas a baja altura sobre la localidad. Otros señalan que aquel día solo vieron a la tripulación dentro del aparato y un solo aterrizaje y el posterior despegue.

Un aterrizaje poco discreto

El uso para fines particulares de un helicóptero oficial, si es que acaba demostrándose que fue así, aunque fuera una simple visita para saludar a un conocido, sería de por sí fraudulento. Y más si tiene en cuenta que el valor del aparato en cuestión supera los cuatro millones de euros y que el coste estimado de cada hora de vuelto ronda los 1.500 euros.

La investigación, según confirmaron ayer fuentes judiciales, está abierta y por el juzgado están desfilando en las últimas semanas distintos testigos de lo ocurrido aquel 29 de agosto de hace tres años en Fompedraza. Lo que sí parece claro es que los tripulantes que viajaban aquel día a bordo del Pegasus que los vecinos sitúan en la localidad tampoco tomaron precaución alguna para evitar ser vistos al tomar tierra cerca del pueblo, junto a una carretera razonablemente transitada –une Peñafiel con Campaspero y Cuéllar– y en un fin de semana de verano. Su aterrizaje allí, como no podía ser de otra manera, llamó la atención de los presentes, que apuntan sin duda de que el aparato en cuestión era de la DGT. O eso o el helicóptero que vieron los vecinos era uno idéntico, con sus más que llamativas franjas amarillas y azules y la conocida cámara de radar blanca acoplada en un lateral.

«Todos vimos el helicóptero de la DGT posado en una finca del pueblo aquel sábado», concluyen los testigos.

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