Jesús Quijano: «Viví con angustia los años en que, para unos, los socialistas éramos todos corruptos»

Jesús Quijano posa ante la Facultad de Derecho de Valladolid./Gabriel Villamil
Jesús Quijano posa ante la Facultad de Derecho de Valladolid. / Gabriel Villamil

El catedrático de Derecho Mercantil y exsecretario regional del PSOE habla sobre su vida en política y las perspectivas de futuro de sus jóvenes alumnos

J. I. Foces
J. I. FOCESValladolid

He aquí la personificación del prestigio. En muchos órdenes: prestigio como ser humano, por supuesto; prestigio como humanista, sin dudarlo; prestigio como político, ¡vaya si lo tiene!; prestigio como persona, incuestionable; prestigio como docente, de los que más de cuantos circulan por la universidad española; prestigio como profesional del Derecho, se lo disputan importantes despachos de Madrid; prestigio cultural, del cine a la música es un erudito; prestigio intelectual, muy por encima de la media; prestigio como ciudadano, a prueba de bombas; prestigio ético, sin cuestionamiento posible, y prestigio como analista, con una finura única. Jesús Quijano, catedrático de Derecho Mercantil, otrora político socialista cuya opinión, criterio y consejo buscó en su día hasta el mismísimo Felipe González.

–¿Vivimos malos tiempos para la política?

–Pues, hombre... Quizá, sí: comparativamente, algo peores son. También comprendo que las circunstancias son distintas. Con la crisis económica, y más que económica, en la sociedad se ha instalado un elemento de una cierta distancia, a veces desconfianza, eso que llamamos desafección, hacia la política, que yo creo que será transitorio y pasajero.

–Es que ahora muchos políticos actúan en función de lo que sale en Twitter.

–Es cierto y habría que mirarlo con cuidado. Las redes sociales son un elemento de comunicación tecnológicamente fenomenal, pero tienen algunos peligros muy considerables. La combinación del cuasianonimato, y por tanto de impunidad, y por tanto de un espacio donde uno puede ser agresivo y donde a veces consigue su minuto de gloria si es más agresivo que el anterior, y se convierte en referencia para la agresividad de los siguientes... Hay que tener cuidado; es un fenómeno que tiene mucho peligro.

–Y lo dice usted que es jurista. Alguien o algo están fallando...

–Sin duda. Lo digo como profesional del Derecho y como ciudadano preocupado. Ahí hay un problema que en última instancia, más que de criterios políticos a aplicar, que también cuando haya excesos, es de cultura social y de altura y desarrollo cultural.

–¿Es usted político, expolítico...?

–Ciudadano que durante un tiempo de su vida participó directa y muy intensamente en la actividad política, que sigue interesado y preocupado por la política, pero que no tiene actividad política. He retornado a mis orígenes profesionales, como alguno diría, de donde quizá nunca debería haber salido (ríe)

–¿Es comprensible para la calle lo que sucede? Políticos que se cambian de partido (Silvia Clemente, Soraya Rodríguez), la ultraderecha pisando el acelerador...

–Habrá opiniones para todos los gustos...

–¡Salomón, baja!

–Es que habrá quien esto no lo vea bien y tendrá razones serias para hacerlo; el cambio de opción política puede también tener un componente legítimo. La gente tiene derecho a cambiar si el cambio es sincero y se produce en el contexto de un proceso de reflexión rigurosa. Pero también habrá gente con razones que considere negativo este tipo de supuestos. Es difícil de juzgar en cada persona cuáles son los motivos. A mí este tipo de situaciones me producen inquietud; tampoco me atrevo a hacer juicios rigurosos de sinceridad en esas decisiones: no soy quién.

–¿España se rompe?

–No, no, eso no lo creo. España ha pasado en esta etapa democrática por todos los avatares... Mire, si fue complicado el 23-F, o el 11-M, y el 1 de octubre... Un estado democrático con instituciones bien asentadas, que funcionan correctamente, impide la ruptura por sí mismo. Ahora, además, nos movemos en un contexto extranacional donde, en función de los compromisos que tenemos adquiridos, cualquier tipo de previsión que pusiera en riesgo la estabilidad interna de uno de los estados miembros, y ha habido pruebas de que eso efectivamente es así, no sería aceptada por los demás estados.

–Lo que pasa es que Europa muestra signos de fallo como unión...

–Europa no está en sus mejores momentos, pero bueno, digamos que eso tiene mucho que ver con la situación especial, muy particular, del Brexit.

–Usted está en la universidad. Ve a los jóvenes. ¿Dónde están en la política española?

–Los veo, los trato, los miro, hablo con ellos,... Los jóvenes actuales, incluso los que están en la universidad, tienen una característica: que pesa mucho sobre ellos en su futuro, en sus previsiones de vida, la incertidumbre. Cuando yo estudiaba, sabías que si sacabas una carrera con un aprovechamiento razonable, solo con eso, te asegurabas un nivel para el resto de tu vida fácilmente. Y ahora no. Puede un joven hacer un esfuerzo tremendo para tener una titulación universitaria, añadirle máster, doctorado, etcétera, y eso puede no asegurarle un horizonte vital estable o un nivel que se corresponda con el del esfuerzo que ha hecho. ¡Eso produce una inquietud enorme!

–¿Justifica eso el escepticismo de los jóvenes hacia la política? ¿O al menos la apatía que muestran?

–Esa es una de las razones, desde luego. Creen que el sistema no les garantiza una estabilidad, incluso familiar y de vivienda.

–¿Qué le pasa a la izquierda del PSOE que siempre acaba en crisis: el PCE, Izquierda Unida, Podemos...?

–Una cosa bien notoria: el espacio que queda a la izquierda del PSOE es más pequeño de lo que parece.

–¿Qué no le gustaría ver en la política española a corto plazo?

–Que nos condenáramos a nosotros mismos a vivir en una especie de situación de frentismo y bloques sin ninguna posibilidad de transversalidad que dé estabilidad a corto plazo. Estamos psicológica y sociológicamente instalados en una dinámica de bloques y frentes que, si se mantiene mucho tiempo, generará bloqueo, inestabilidad y dificultades de gobernabilidad.

–¿Cómo se supera eso?

–El día en que desde cada lado haya cosas intermedias capaces de conectar entre sí. Es una lección que tiene que aprender el PSOE y ha de aprender Ciudadanos.

–¡A buena parte va! Albert Rivera veta al PSOE para los pactos...

–Esa negativa a pactar con el PSOE o esa alianza en la que está, no solo la gubernativa en Andalucía, sino incluso la fotográfica en la Plaza de Colón, que es más alianza que la otra, se lo debería hacer mirar.

–¿La vida después de la política activa es como se la había usted imaginado?

–¡La mía, sin duda! Comprendo que soy un caso especial.

–¿Por... ?

–Me decían: «Oye, es que das un mitin y es como si estuvieras dando clase». «Pues claro: es que me gusta dar clase, no mítines», les contestaba. Estuve mucho tiempo en la política sin una dedicación completa a ella, lo cual no sé si fue bueno o malo. Fui candidato a la Junta, procurador, secretario regional del PSOE y seguí dando clase, examinando a alumnos, redactando trabajos de investigación...

–Ya, claro, ¿y?

–Pues que nunca vi la política como alternativa a mi vida profesional, que me resultaba más apetecible que la política, ni como actividad en la que me platease eternizarme si podía. La concebí como una etapa transitoria en la que muchas veces estuve deseando, lo reconozco, que terminara para poder dedicarme más en cuerpo y alma a la actividad universitaria.

–O sea, que no se arrepiente.

–¡No! Eso te da mucha libertad y una actitud en la política distinta, porque no estás mirando si hay competidores, ni estás en política por obligación.

–¿Cómo venció la tentación de ser jarrón chino en el PSOE de Castilla yLeón?

–(Ríe) Fácilmente: intentando no estorbar. A los hechos me remito: dejé la secretaría general socialista voluntariamente.

–Sus sucesores (Villalba, López, Villarrubia y Tudanca), ¿le llamaron alguna vez para preguntarle, pedirle opinión...?

–Poquísimas. Pero no lo echaba de menos, ¿eh?

–Se acordaban más de usted en la derecha: Lucas, Herrera...

–Tampoco, tampoco. Lo que sí reconozco, y lo digo con orgullo personal, es que de mi etapa en la política con aquellos que eran mis adversarios tuve relación cordial y con el tiempo, mucho más que cordial. Con Juan José Lucas ahora tengo una relación de amistad muy profunda, humanamente muy cercana, que trasciende a nuestras familias. Y con Herrera, lo mismo, tengo amistad personal.

–Lo contrario al patrón que se lleva ahora de enfrentamiento y malas relaciones entre signos políticos contrarios...

–Es pública y notoria mi amistad personal con Lucas y Herrera. Y a mí me parece enormemente gratificante y positiva para la propia imagen de la política.

–Pero si se descuida usted, el PP de Castilla yLeón le propone para la beatificación. Política, claro.

–No, no... El que ya no está y no es competidor siempre es un símbolo para enfrentar al que le sustituye. Sí reconozco, como muy importante, que tanto Lucas, primero, como Herrera, después, me nombraron para el Consultivo, un gesto institucional de enorme calibre, pudiendo haber nombrado a alguien de su partido.

–¿Teme verse un día en el brete de darse de baja del PSOE, como por ejemplo Soraya Rodríguez, o sus principios socialistas son a prueba de bretes?

–He tenido opiniones muy discrepantes en el partido, pero a mi edad pensar ya en abandonar la causa formalmente... Otra cosa es que esté más o menos activo.

–¿Quién ganó más una vez que dejó usted la política activa: su familia, la universidad, los estudiantes...?

–¡Yo! Hubo momentos en los que el ejercicio de la política activa me costaba. El rifirrafe diario... Por carácter, seguramente, por forma de ser... Voy a contar una anécdota.

–Cuente, cuente.

–Viví momentos de una angustia enorme. Una de las veces que me eligieron secretario regional socialista fue el día que se escapó Luis Rodán. Yo veía que todos los del PSOE estábamos asociados con el fenómeno de la corrupción, tuvieras o no culpa o responsabilidad. Y a la vez, en mi ámbito profesional yo recibía la siguiente pulla: «Tú, en vez de dedicarte a rentabilizar el Derecho Mercantil, que es muy rentable como disciplina jurídica, mucho, estás dedicado a hacer oposición en la política regional...». Algún colega, con cariño, me lo dijo así de claro: «Tú eres gilipollas». Y, efectivamente, yo había momentos que vivía, simplificando, gilipollas para algunos colegas del DerechoMercantil, corrupto para una parte de la opinión pública que asociaba a todo el PSOE con lo que hacían unos pocos. Eso, quieras que no, te generaba un resquemor interno muy importante.

–Con colegas así...

–Pues si le cuento ya lo que una vez me dijo otro colega...

–Ya que saca la lengua a pasear, venga.

–Había saltado el asunto de Banesto, el lío de Mario Conde. Y la junta general de accionistas del banco había decidido ejercer contra este la acción de responsabilidad social de los administradores. ¡El tema sobre el que había hecho mi tesis doctoral! Y hasta había publicado un libro.

–¿La ocasión la pintaron calva?

–Muchos de mis colegas pensaban que yo era el que mejor sabía ese tema en toda España. Y uno me dijo un día: «Pero como eres tonto y estás a otras cosas, pues mira, el consejo de administración de Banesto ha pedido a un colega un dictamen sobre qué es eso de la responsabilidad de los administradores. ¿Sabes cuánto ha cobrado ese colega por el dictamen?» Ni imaginaba. Y me dieron esta pista: «¿Cuánto te queda para jubilarte?». Les dije que treinta años. Y me dijeron: «Pues con el precio de ese dictamen ya te habías jubilado».

–O sea que pasta, pasta.

–Lo que yo ganaría de profesor los 30 años que me quedaban de vida activa. Para que se haga cargo de lo que se puede llegar a cotizar un informe jurídico en determinados casos. Y, la verdad, no me dejó preocupado aquello.

–¡Es para contárselo a sus nietos!

–¡Se lo contaré con orgullo! Que sepan que su abuelo valoró más otras cosas que el dinero.

–Ya que hablamos de nietos. ¿Qué futuro les augura con lo que tienen por delante de tecnologías que no sabemos ni dónde van a llegar?

–Viendo cómo son, el carácter que van teniendo, cómo van reproduciendo un poco las pautas básicas del carácter que mi mujer y yo quisimos transmitir a nuestros hijos, auguro a mis nietos un buen futuro. Por actitud. Porque luego, en lo demás, todos sabemos que las generaciones que vienen mis nietos se van a exponer a una sociedad enormemente competitiva, donde manejar un poco más de tecnología en no sé qué cosa les colocará en mejor posición que a otros. Y eso, si no lo administran bien, puede que les dé un talante un poco más individualista. Ahí es donde están los problemas, en que la necesidad de competir para salir adelante les lleve a ser más individualistas. Espero que no sea así y trataré de trabajar por ello mientras viva.

–¿Qué quiere ser usted de mayor?

–Me quedan dos años escasos para la jubilación académica. Espero poder ser profesor emérito, para mantener contacto con la Universidad, siguiendo el ejemplo de quien fue mi maestro, el catedrático don Justino Duque. Ahí tengo un testigo que recoger. Y buscar espacios de ocio con la familia, leer muchas cosas que aún no he podido leer. Y de mayor-mayor-mayor, ser un asistente asiduo a las salas de cine, un lector de todas las novelas que no leí mientras leía libros de DerechoMercantil, un paseante, un ciudadano preocupado por el interés general y la política, y viajar.