La Montaña Palentina duplica su población de osos en dos décadas

Un oso, sobre una gran piedra en la Montaña Palentina./
Un oso, sobre una gran piedra en la Montaña Palentina.

La Fundación Oso Pardo y la Junta trabajan para que el incremento de ejemplares no aumente los riesgos derivados de las interacciones entre humanos y plantígrados

Marco Alonso
MARCO ALONSOPalencia

De dos docenas, a medio centenar. De esta forma ha crecido, en solo veinte años, el número de osos que viven en la Montaña Palentina, según los datos ofrecidos por la Fundación Oso Pardo. Ese incremento del número de ejemplares es motivo de satisfacción para administraciones, ONGs y otras entidades que colaboran en la conservación de esta especie en peligro de extinción, y no es para menos. La población se redujo en España hasta finales del siglo XX, y no fue hasta bien entrada la década de los 90 cuando comenzó un periodo de recuperación, gracias a la lucha contra el furtivismo y a la mejora del hábitat, entre otras muchas acciones llevadas a cabo.

350 son los ejemplares que residen actualmente en España y de ellos una séptima parte habitan en la Montaña Palentina. «Estamos acabando ahora un estudio en el que, gracias a diferentes herramientas genéticas, vamos a censar al detalle el número de osos. Sabemos que en esta zona hay unos cincuenta y pronto sacaremos a la luz los resultados de este estudio», explica el presidente de la Fundación Oso Pardo, Guillermo Palomero, que hace unos días ofreció una interesante charla en el Ateneo de Palencia en la que habló de las consecuencias de ese aumento de ejemplares.

El número de osas con crías ha ido saliendo lentamente del bache del siglo XX y este año se han llegado a ver hasta seis madres con oseznos entre la A-67 y el límite de provincia con León, una circunstancia positiva para esta especie en peligro que, como contrapartida, puede ir acompañada de un incremento del número de encontronazos entre plantígrados y humanos. La oportunidad de ver un oso en su hábitat natural es un reclamo turístico de primera magnitud para los amantes de la naturaleza, pero desde la Fundación Oso Pardo creen que este tipo de experiencias únicas deben contar con un control para evitar problemas. Por esa razón, la ONG está trabajando codo con codo con la Junta de Castilla y León y el Principado de Asturias para regular el turismo de observación de grandes carnívoros.

«Estamos trabajando para que el turismo vinculado a la observación del oso no entre en conflicto con la conservación de la especie. Ambos se deben apoyar: que el oso atraiga visitantes y clientes, pero que esto se haga de una manera regulada y ordenada que no interfiera en los animales», aseguró Guillermo Palomero, que recordó que acercarse a ejemplares salvajes entraña unos riesgos que se deben conocer y evitar a toda costa. «Hay mucha pasión por seguir las huellas, y eso puede en un momento dado generar conflictos. Los osos pardos pueden parecer muy simpáticos pero no son de peluche. Son fieras que no quieren hacernos daño, pero no debemos provocarlos para que la convivencia entre ellos y nosotros sea lo más pacífica posible», asegura.

La patrulla Oso Cantábrico Oriental examina un rastro de oso.
La patrulla Oso Cantábrico Oriental examina un rastro de oso.

Cada vez son menos las personas que residen en la Montaña Palentina. No obstante, existen poblaciones habitadas por humanos que se encuentran junto al ecosistema del oso, y Palomero no oculta que el gran reto al que se enfrenta la fundación que preside es minimizar los riesgos derivados de ese anunciado aumento del número de ejemplares de oso pardo en la Montaña. «Hay que poner en marcha estrategias de disuasión para que los osos jóvenes no se habitúen al humano y no se acerquen a los pueblos», recalca.

Si hay un colectivo que tiene más posibilidades de verse afectado por el incremento del número de ejemplares de oso, ese es el de los apicultores del norte de la provincia. La miel natural cada vez escasea más en la montaña y los plantígrados ven en las colmenas de los elaboradores del norte de Palencia un excelente lugar en el que disfrutar de su alimento preferido: la miel. La administración ya ha tomado cartas en el asunto y la Junta ha subvencionado con 6.480 euros a 18 explotaciones apícolas para la instalación de pastores eléctricos con la meta de rebajar el número de ataques a colmenas. No obstante, el oso es un animal muy astuto y es complicado frenar su ansia de alimentarse de miel. «Aún cuando las colmenas están protegidas, el oso busca la manera de entrar. Pastores con cuatro hilos, con entre 1,5 y 2 julios, han servido de poco porque al final pasan por debajo o por encima. Me parece muy bien que la Junta apoye la implantación de estos pastores con un subvención de un porcentaje alto de la instalación, pero creemos que se debe pagar el 100% del coste porque es nuestra responsabilidad evitar problemas. A parte de pagar los daños, se deben prevenir los problemas», afirmó.

Una forma de prevenir esos problemas es saber qué hay que hacer cuando uno se encuentra cara a cara con un oso. «Lo más importante es evitar que se sienta amenazado. Para ello, el humano siempre debe identificarse sin mostrarse agresivo. Tirarle, piedras o palos puede hacer que cargue contra nosotros y hay que tener mucho cuidado con los oseznos, ya que si nos acercamos a una cría, la madre puede estar cerca y puede pensar que somos una amenaza», explicó.

El último ataque del que se tiene constancia es el que sufrió un vecino de Polentinos el pasado año, que hizo exactamente lo contrario que recomienda la fundación: golpear al oso con un palo en la cabeza. «Se metió con el perro en una zona muy espesa, donde estaba el oso encamado, que cargó de forma disuasoria para decirle que se marchara. Los osos no son agresivos, no quieren comernos, atacarnos ni modernos. Ha habido pocos ataques con contacto y siempre han sido por ejemplares que se han visto amenazados en una corta distancia. Han cargado, mordido o golpeado a la persona y han salido corriendo», concluyó un presidente de la Fundación Oso Pardo que se muestra satisfecho por ese incremento del número de ejemplares y a la vez preocupado por las posibles consecuencias de ese incremento. «De los seis ataques que ha habido en la Cordillera, cuatro han sido en la Montaña Palentina», concluye.