El acusado de acuchillar, golpear y atropellar a su mujer le culpa a ella de la agresión

El acusado, Eduardo S. G., durante su declaración./R. J.
El acusado, Eduardo S. G., durante su declaración. / R. J.

Dos testigos y un policía ratifican que el sospechoso dio puñetazos e intentó arrollar a la víctima en la calle Aguanieves

J. Sanz
J. SANZValladolid

Dos vecinos y un policía local avalaron ayer la acusación de intento de homicidio contra un vecino de la parte alta de Pajarillos, Eduardo S. G., al ratificar uno de ellos que vio cómo el sospechoso «propinaba seis o siete puñetazos a su mujer en el abdomen» y declarar los otros dos que después «se montó en el coche, aceleró e intentó atropellarla» a la puerta del domicilio familiar de la calle Aguanieves, una perpendicular a la calle Villabáñez. Antes, según declaró la propia víctima, había intentado clavarle un cuchillo dentro de la casa. El presunto agresor, que se enfrenta a penas que oscilan entre los 8 años y cuatro meses y los 10 años de prisión por dos delitos de intento de homicidio y contra la seguridad vial –dio positivo en alcoholemia–, lo negó todo y le culpó a ella de intentar agredirle inicialmente con un cuchillo y de cortarse después en una mano con el filo. «En ningún momento he intentado hacerle daño a mi mujer simplemente por respeto a mi hijo porque le quiero con locura», esgrimió el propio Eduardo en una suerte de intento de alegato exculpatorio al final de la vista celebrada en la Audiencia Provincial.

Los hechos tuvieron lugar pasadas las diez de la noche del 12 de noviembre de 2016 en el domicilio familiar de la calle Aguanieves, en la parte alta de Pajarillos, donde ya no residía el hoy acusado con su mujer y el hijo de ambos, de 17 años entonces, al estar en pleno proceso de divorcio. Ella había sido condenada solo doce días antes por agredir a su marido y él, sin embargo, continuaba frecuentando la vivienda al no existir órdenes de alejamiento. El caso es que aquella noche fue a casa. Entró y, a partir de ese instante, las versiones de acusado y denunciante difieren de manera irreconciliable.

Él asegura que fue a sacar a sus perros y que, cuando entró, ella sostenía un cuchillo en la cocina y le miró «de una forma muy extraña que me dio miedo». Así que, siempre según su testimonio, la sujetó de la mano en la que tenía el cuchillo y fue entonces «cuando se cortó al intentar cogerlo con la otra por el filo». Eduardo afirma que después comenzó un forcejeo que continuó en la calle. «Solo quería calmarla porque no dejaba de gritar e intentar pegarme», justificó el procesado, que solo reconoce que le lanzó un afilador de cuchillos que ni siquiera le alcanzó. Después se montó en el coche justo antes de la llegada de una patrulla. «Di un volantazo para esquivar a una persona que se puso en medio, pero ni siquiera sé si era ella», concluyó en su versión de lo ocurrido aquel 12 de noviembre de 2016.

«Vino a por mí sin decir nada»

La mujer, hoy divorciada del acusado, relató que esa noche entró en casa cuando ella estaba sentada en el sofá viendo un partido de la selección –España ganó a Macedonia–, «comenzó a sacar cuchillos de la cocina y vino a por mí sin decir nada e intentó clavármelo». Ella puso las manos, y de ahí el corte que sufrió en la izquierda. «Si no pongo las manos hoy no estoy aquí», declaró. Después su hijo, que estaba en su habitación, le gritó que saliera. «Y me fui pensando que no seguiría en la calle». Pero, siempre según su testimonio, siguió. «Me tiró cuchillos, me dio puñetazos en el abdomen y cuando le paró mi hijo –el joven le dio, al menos, dos puñetazos a su padre– me caía al suelo y fue cuando intentó atropellarme, aunque me libré de milagro arrastrándome por el suelo», concluyó la víctima.

El hijo se acogió ayer a su derecho a no declarar. Así que lo que ocurrió en el interior de la casa lo tendrán que valorar los magistrados sobre la base de los testimonios, y contradicciones, de la pareja. Fuera sí había testigos. El primero confirmó que el agresor propinó varios puñetazos a la víctima. La segunda dijo que intentó atropellarla. Y el tercero, el policía local que acabó deteniendo al sospechoso, también confirmó que hizo una «maniobra extraña para intentar arrollarla» cuando él se acercaba con la patrulla. El juicio quedó visto para sentencia.