Una pareja cuestiona que las campanas de la iglesia de un pueblo en Gredos cumplan la Ley del Ruido

Iglesia de Hoyos del Collado. /E.G.
Iglesia de Hoyos del Collado. / E.G.

Se plantean demandar al Ayuntamiento de Hoyos del Collado (Ávila), por no hacer una medición oficial solicitada hace siete meses y pedida a la Diputación de Ávila, y a la Iglesia por ser la emisora del ruido

ISABEL MARTÍN Ávila

En Hoyos del Collado, un pequeño pueblo del norte de la Sierra de Gredos, suenan las campanas todos los días. Lo hacen a las horas, de 9 de la mañana a 9 de la noche, de lunes a viernes, y para el ángelus a las 12 del mediodía. El domingo, además, se toca a misa de diez. Esto ocurre desde el pasado mes de septiembre,cuando en las fiestas del pueblo se anunció que se iban a automatizar las campanas para evitar que el sacerdote tuviera que subir al campanario.

El problema surgió cuando unos vecinos, que viven a pocos metros del campanario, se quejaron por el constante tan-tan de las campanas que, en su opinión, era más alto de lo normal y, además, sonaba con demasiada frecuencia. Por ese motivo, la pareja presentó el 24 de septiembre, por vía administrativa, un escrito solicitando que se aplicara la Ley del Ruido de Castilla y León, que debería haberse hecho efectiva en menos de tres meses. El alcalde solicitó la medición oficial a la Diputación de Ávila. Sin embargo, en diciembre no se produjo dicha medición; tampoco en los siguientes tres meses.

Evitar accidentes

Antes era el propio sacerdote el que subía al campanario y tocaba, solo los domingos, la campana; pero el sacerdote, ya mayor, pidió al Ayuntamiento una ayuda para automatizar el sonido, de forma que nadie tuviera que subir y jugársela con un accidente. Al fin y al cabo, la media de edad de los 35 habitantes censados en Hoyos del Collado es bastante elevada.

El alcalde del pueblo, Elio González, hizo la correspondiente consulta tanto en el consistorio como a algunos vecinos y accedió a esta demanda y, de paso, pidió que se marcaran las horas durante el día.

De Madrid a Gredos

En este punto comenzó la polémica. Una pareja que vivía al lado de la iglesia, que trabajaba en casa -ella haciendo entrevistas como consultora de recursos humanos por Internet- se quejó de varias cosas. Primero, de lo difícil que les resultaba trabajar y concertar dichas entrevistas de forma que no coincidieran con el ruido de las campanas. Y, en segundo lugar, de que el sonido de las mismas era demasiado elevado.El insistente tantaneo había pasado de sonar únicamente los domingos a repicar cada hora, de lunes a domingo.

La pareja habló con el cura y con el alcalde, buscaron mediadores para que quitaran o bajaran el sonido de las campanas, ya que éstas le «crispaban». Así que aguantaron dos meses y se fueron «temporalmente» del pueblo porque «psicológicamente no podía estar allí», cuenta la mujer, M.J. Además, el tema había provocado también «un roce con los vecinos allegados al alcalde».

M.J., que se trasladó con su pareja en 2017 desde Madrid a esta pequeña localidad para llevar «una vida alternativa», no comprendía el cambio ni que «algo nos marcara las horas como si estuviéramos en un convento». Tras haberse construido su casa «con ilusión y esfuerzo» en el pueblo, ahora se plantean cuatro vías de acción: «aguantarnos», «demandar al Ayuntamiento por no hacer la medición», «demandar a la Iglesia por ser la emisora del ruido», o lo más radical: «irnos del pueblo definitivamente». Esta última opción sería la más dolorosa para la pareja, que ha «trabajado en la zona y colaborado en las actividades del pueblo».

Esperando las mediciones

Tras recibir la queja de los dos vecinos, el alcalde solicitó una medición a la Diputación de Ávila y, tras siete meses desde el requerimiento, «estamos pendientes de que se lleve a cabo por medios homologados», dice el alcalde.

Él, por su parte, pidió a otra empresa que realizara una medición –no homologada- para su propia tranquilidad. Está seguro de que el volumen de las campanas no supera el nivel establecido porque en el ayuntamiento, que está al lado de la iglesia también, «no se oye»;pero si los técnicos determinan que no es así, cambiaría lo que fuera necesario o quitaría las campanas, según explicó a este periódico. Pero no antes de que se dictamine que se está incumpliendo una normativa.

El sacerdote, por su parte, ha dejado en manos del alcalde el asunto al considerar que han sido el consistorio y el propio pueblo quienes han determinado finalmente que se pusieran los toques de las campanas a cada hora. De esta forma, «como en el resto de los pueblos»,los vecinos «tienen una orientación cuando van por el campo o de paseo», cuenta el párroco, que atiende también las localidades de Hoyos del Espino, Navalperal de Tormes y Zapardiel de la Ribera. Y las campanas, reconoce, son parte del paisaje acústico de la zona.

Vista general de Hoyos del Collado (Ávila), un pueblo de 35 habitantes ubicado en la Sierra de Gredos.
Vista general de Hoyos del Collado (Ávila), un pueblo de 35 habitantes ubicado en la Sierra de Gredos. / E.G.

Despoblación

El alcalde lamenta que la situación haya llegado hasta este punto, sobre todo porque Hoyos del Collado, como el resto de pueblos de Gredos, sufren una ingente despoblación «que va a más». «Necesitamos personas que quieran realizar su actividad aquí, pero que se integren en nuestras costumbres», asegura. De hecho, «nos alegra que venga a vivir gente nueva», y que vengan los visitantes a las dos casas rurales que hay en el pueblo, pero «tiene que haber una integración mutua».

Rodeado de montañas, con su río y su olor a campo, en este minúsculo pueblo, como en tantos otros, tras la generación de abuelos y padres vinculados a las zonas rurales hay una tercera en la que la desvinculación es casi total porque, desde edades bien tempranas, tienen que salir a estudiar fuera «primero, al instituto; luego, a la universidad».

Lo mismo opina Luis, el cura de Hoyos del Collado. «El tema de la despoblación y la edad de los vecinos, eso sí es una realidad aquí», nos cuenta. Y «la realidad está muy por encima de lo anecdótico», añade, considerando que el contencioso de las campanas como «una circunstancia lamentable» en la que cada cual tiene su punto de vista y que hay que solucionar por la vía legal. En su opinión, con esto, «el pueblo queda en segundo lugar, cuando debería ser lo primero».