La UME registra la intervención más baja en incendios de los últimos cuatro años

Un efectivo de la UME, durante el incendio de La Cabrera del pasado verano. / UME

Solo ha realizado dos salidas por este motivo en 2018, aunque en 2014 no participaron en ninguna | El batallón ubicado en León cumplirá en septiembre doce años de ayuda en situaciones de emergencias

LUCÍA CARRERAValladolid

«Llegamos cuando la situación es extraordinaria y nos retiramos cuando la situación deja de ser extraordinaria». Son los miembros de la UME (Unidad Militar de Emergencias) que, como explica el comandante de la base ubicada en León, Javier Trevín, son «soldados con una gran vocación de servicio». El 85% de sus intervenciones son incendios ­–de hecho, su vehículo de combate es una autobomba forestal– aunque en esta campaña la tónica dominante está siendo la tranquilidad.

La estadística que manejan en la base leonesa habla de solo dos actuaciones en incendios en lo que va de año cuando en 2017 salieron en 34 ocasiones, o en 2011, en 37. Desde 2008 no habían tenido unos datos tan bajos, salvo en 2014 que no contabilizaron ninguna actividad de este tipo («no se solicitó nuestra ayuda –explican–, aunque sí que se produjeron fuegos»).

En la última década han participado en el control de 176 siniestros de este tipo. «Eso no quiere decir que no vaya a haber incendios más adelante, quizás en octubre», advierte el comandante. De hecho, la tendencia es, según Trevín, que cada vez se vayan registrando incendios más peligrosos y de distinta naturaleza, lo que se denomina incendios de sexta generación que se producen como consecuencia «del abandono de las tareas tradicionales del campo, del uso de combustibles y del cambio climático».

El rostro cambia

Son conscientes de que cuando llegan al fuego, hasta el rostro de los vecinos cambia. Los afectados se relajan y confían en la labor de estos militares que insisten en que para que puedan intervenir tienen que ser requeridos para ello. La primera administración competente ante un incendio es la municipal.

Si no tiene capacidad para afrontar las llamas, acude a la regional y es esta la que se pone en contacto con el Estado para que dé entrada a la UME en las labores de extinción. Desde que se realiza el requerimiento hasta que los primeros efectivos abandonan la base no pasan más de quince minutos. En un máximo de dos horas y media después de la salida del primer pelotón, sale el siguiente, formado por 50 militares que trabajan en turnos de doce horas y pasadas esas doce horas, se dan el relevo con los siguiente 50 efectivos.

Además, para aquellas zonas a las que no pueden llegar antes de cuatro horas, que es la máxima por la que se rige esta formación, se crean destacamentos para asegurar la cobertura de la zona en caso de situación extraordinaria. Ahora tienen uno en Pontevedra.

Dormir durante dos meses con el perro hasta su recuperación

El Batallón de Intervención en Emergencias situado en León está compuesto por más de quinientos efectivos de los cuales seis son perros. Estos animales se encargan de ayudar en las labores de rescate en las catástrofes identificando posibles heridos y víctimas mortales hasta el punto de que dos ellos están entrenados para encontrar cadáveres en situaciones de derrumbes y otros cuatro, a personas que pueden estar todavía con vida.

Cada perro tiene un guía asignado que es un miembro del batallón y se encarga de su cuidado. «Los perros siguen un entrenamiento de élite, por lo que a los nueve años de servicio, se jubilan», cuenta Trevín. «Una vez retirados del servicio militar, sus guías suelen quedarse con ellos porque el vínculo que crean es demasiado fuerte como para separarse», continúa.

«El cariño de los guías hacia sus perros es enorme», explica Trevín. Hace un tiempo uno de los perros se rompió una pata en un accidente y tras ser atropellado por una motobomba y su guía pasó con él todas las noches durante dos meses, hasta que se puso mejor. «Estos animales son como uno más».

En los casos en los que los guías no pueden quedarse con ellos, suelen donarse, pero siempre teniendo en cuenta las necesidades del perro. «Son animales que están acostumbrados a estar al aire libre y hacer ejercicio, así que siempre nos intentamos asegurar de que, de no poder el guía, se los queden personas que sabemos que van a cubrir sus necesidades».

Los miembros de la UME deben tener plena disponibilidad de tiempo. En cuanto suena el teléfono para hacer alguna misión han de dejar todo lo que estén haciendo «para servir», como dice el lema de la Unidad Militar de Emergencias.

Trevín explica que el mejor ejemplo para entender esta plena disponibilidad es el de la compra: «Si estamos en el supermercado con el carrito de la compra y nos llaman para ir a alguna misión, lo dejamos tal cual está y nos vamos». Además entiende que en muchas ocasiones, cuando se van, no saben cuánto tiempo van a tener que estar fuera. En su caso, narra que una vez estaba tomando una cerveza con unos amigos cuando le llamaron. «Tardé cinco semanas en volver», resume.

«Tiene que haber una solicitud, no un nivel de incendio determinado –explica Trevín–. Se puede activar nuestra actuación cuando se dan muchos incendios simultáneos y no hay efectivos suficientes» como ocurrió el año pasado en Galicia. La coordinación es total entre administraciones y es el mando de la UME responsable en cada momento el que da la instrucciones al destacamento. «Damos las órdenes a nuestro personal, no obedecemos órdenes de otros organismos y gestionamos nuestros propios medios», puntualiza el comandante.

Así actuaron, por ejemplo, el verano pasado en el control de los incendios de Fermoselle, en Zamora o en el de la Sierra de la Cabrera, en León en el que ardieron más de 10.000 hectáreas. Y lo han hecho de la misma manera en la lucha contra las llamas en Chile o en Portugal, donde también han acudido. Y es que entre las tareas de la UME destaca además su colaboración internacional en rescates; las inundaciones y la intervención en nevadas. La última, que tienen muy fresca en la memoria, es la del pasado mes de enero cuando se quedaron atrapados cientos de vehículos en la A-6 a su paso por Segovia.

No era una situación desconocida en España, de hecho, en gran medida, y como recuerda Trevín, ahí radica el origen de su nacimiento. En las Navidades de 2004 miles de personas quedaron atrapadas en la A-1 como consecuencia de las fuertes nevadas cerca de la provincia de Burgos. El Ministerio de Fomento, por aquel entonces con Magdalena Álvarez a la cabeza, fue incapaz de impedir que la nieve colapsara las carreteras del país durante casi cien kilómetros. Siete meses más tarde, en julio de 2005, la provincia de Guadalajara sufría un incendio en el que perdían la vida once agentes forestales y se quemaban más de 10.000 hectáreas.

El primer suceso encendió la bombilla del entonces presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. Había que crear un cuerpo especial que actuara en situaciones de catástrofe y emergencia. El segundo suceso, daría el chispazo para que él y sus asesores se pusieran manos a la obra para la creación de lo que casi trece años después se conoce como la UME (Unidad Militar de Emergencias).

Cinco batallones

La UME es una fuerza militar cuya misión es intervenir en cualquier lugar del territorio nacional para garantizar la seguridad de los ciudadanos y contribuir en las situaciones de grave riesgo, catástrofe u otras necesidades públicas. La unidad está compuesta por cinco batallones de intervención en emergencias (BIEM), situados geográficamente de tal manera que no se tarde más de cuatro horas en llegar a ningún punto del país. Están asentados en Madrid, Sevilla, Valencia, Zaragoza y León. Este último da cobertura a Castilla y León, Galicia, Cantabria y Asturias. Cuenta con 527 militares, 197 vehículos y 6 perros.

En sus instalaciones en la capital leonesa, se soplarán en poco menos de quince días las velas de su doce cumpleaños este mes de septiembre. Durante esta docena de años, además de las capacidades generales para las que están preparados todos los miembros del batallón, como la lucha contra incendios forestales, inundaciones, nevadas, seísmos o cualquier fenómeno meteorológico adverso, también han adquirido capacidades especiales que incluyen misiones de rescate urbano, rescate en grandes nevadas, rescates subacuáticos, acuáticos en superficie, rescate vertical o espeleosocorro.

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