El rumor del agua

Ermita del Cristo del Refugio, en Candelario. /Lisset Otaño
Ermita del Cristo del Refugio, en Candelario. / Lisset Otaño

Situado en la Sierra de Béjar, es un lugar perfecto para practicar deportes de nieve y, en verano, rutas en bici o para senderistas

M. E. García
M. E. GARCÍA

Ubicado en plena Sierra de Béjar, en un lugar tan emblemático como la Ruta de la Plata, Candelario es uno de esos pequeños pueblos de Castilla y León no solo con personalidad propia, si no con un encanto muy especial. De hecho, está considerado uno de los pueblos más bonitos de España y en 1975 fue declarado Conjunto Histórico-Artístico.

Sus vías empedradas, estrechas y llenas de recovecos ofrecen una singularidad: las regaderas, unas pequeñas acanaladuras a ambos lados de las calles que transportan el agua del deshielo y los arroyos de la sierra y proporcionan riego a las huertas. Además, en décadas anteriores, durante la época de matanza, servían para evacuar la sangre de los cerdos y los despojos durante la matanza.

Para no perderse

Cómo llegar:
Desde Salamanca por la N-360 hasta Béjar, desde donde parte la desviación hacia Candelario.
La ermita del Cristo del Humilladero:
Data del siglo XVIII.
La iglesia de la Asunción:
Destaca el retablo de los Mártires del siglo XVI
Las fuentes:
La de las Ánimas, la de los Puentes y la de Lapachares datan de la época romana. Existen otras once.
Casa chacinera.
El museo etnográfico de la localidad se encuentra en una de estas casas, ambientada gracias a los enseres cedidos por los vecinos.

El agua es protagonista en Candelario gracias a estas regaderas pero también a las fuentes. Tres, colocadas en las entradas de la villa, datan de la época romana y todavía perduran: la de las Ánimas, la de los Puentes y la de Lapachares. Dentro del casco urbano se pueden encontrar muchas más, prácticamente al doblar cada esquina se puede ver un nuevo manantial. En total son once fuentes las que salpican Candelario. Algunas de las más conocidas: la de La Hormiga, la del Parque, la del Arrabal, la del Barranco, la de las Ánimas o la de la Corredera.

Otro de los elementos arquitectónicos particulares de Candelario son las batipuertas, una puerta externa a la principal y que solo ocupa la parte inferior. En principio, sirve para proteger las viviendas de la nieve pero también hay quién dice que servía para evitar la entrada de animales a las casas.

En la explanada, la ermita del Cristo del Refugio da la bienvenida al viajero. Frente a ella se encuentra la Cruz de término. En su interior, un retablo barroco preside el templo en el que también se puede disfrutar de una escultura de San Vicente Ferrer y, por supuesto, la talla del Cristo que da nombre a la ermita, datado en el siglo XVI. Pero es la iglesia de la Asunción el edificio más destacado de la villa, toda una mezcla de estilos arquitectónicos, desde el románico al barroco pasando por el mudéjar y el gótico.

Batipuerta.
Batipuerta. / L. O.

Fuera del casco urbano de Candelario de puede disfrutar de la naturaleza. En invierno, se pueden practicar deportes de nieve gracias a su cercanía a la sierra y a la estación de esquí de La Covatilla. Durante el buen tiempo las rutas para senderistas o en bici son el principal atractivo. Una de las más concurridas es la de la Garganta del Oso, un recorrido de unos siete kilómetros y medio que se puede completar en algo más de tres horas. El agua, una vez más, acompañará al caminante, que podrá disfrutar de la cascada que da forma al valle que recorre la ruta y forma pequeñas piscinas naturales. Este camino es ideal para iniciar a los más pequeños.

La Sierra de Candelario está declarada Espacio Protegido debido a su gran biodiversidad. El paisaje lo componen robles, castaños y pinos de diferentes subespecies. Cerca de las corrientes de agua, las variedades de árboles aumentan: fresnos y abedules recorren las orillas de los arroyos. En la sierra también encuentran su hogar numerosos tipos de arbustos típicos de zonas montañosas como el piorno.

En cuanto a la gastronomía, Candelario es famoso por la chacinería. Gracias al clima frío y seco propicio para este tipo de productos curados. De todos ellos, el más destacado, el chorizo calar. De hecho, las casas típicas de la localidad se las conoce como 'casas choriceras' o 'casas chacineras'. Un bien final para la visita sería conocer una de estas viviendas, recreada en el Museo Etnográfico de la localidad.