Solo un empresario leonés estudia devolver ayudas al cierre para mantener su mina

José Antonio Álvarez, Francisco Antelo, Miguel Ángel Estévez, Alberto Martínez y Daniel Heras, los últimos cinco mineros de El Bierzo. /Ical
José Antonio Álvarez, Francisco Antelo, Miguel Ángel Estévez, Alberto Martínez y Daniel Heras, los últimos cinco mineros de El Bierzo. / Ical

El carbón, que llegó a dar empleo a 41.000 pesonas en León con 132 explotaciones, desaparece del mapa industrial autonómico

JAVIER CALVO - LEONOTICIAS

De la bocamina, oscura y polvorienta, ya solo brotan historias del pasado, leyendas. Las puertas que abrían el camino hacia las entrañas de la tierra se han cerrado para siempre. Con el pestillo pasado y el pasamanos huérfano, la memoria de la minería se reduce a todo lo vivido por quienes formaron parte de un singular ejército de héroes dispuestos a entregar su vida por arañar la tierra, ganarse el pan y vivir con dignidad.

Su profesión, la de minero, es pasado. Ahora solo forma parte de las fotografías porque, desde el último día del año que ha acabado, ya nadie baja a la mina. Este primero de año el sector, clave en el desarrollo industrial de la provincia de León, llegó a su fin.

Este primero de año, la guillotina ha caído sobre el sector. La ley obliga y no hay indulto de última hora. El calendario acaba de mostrar la primera hoja del 2019 y quedan los mismos mineros que dedos hay en ambas manos. Ni uno más, ni uno menos. Pertenecen a 'La Escondida', la última mina que se resiste a morir. Lo hace en Laciana, en un valle que tenía 15.000 personas censadas en su capital –Villablino– en los 90 y donde hoy a duras penas se llega a los 9.000, muchos de ellos prejubilados del sector.

'La Escondida' pertenece al empresario Manuel Lamelas, un tipo hecho a sí mismo que siempre ha defendido el mineral contra viento y marea. Sus diez mineros seguirán ahí, en labores de mantenimiento, hasta conocer si finalmente puede o no devolver las ayudas al cierre dadas en su día a las explotaciones.

En su conjunto se inyectaron 500 millones de euros al sector para planificar un cierre ordenado, pero en el cierre no hubo ni orden, ni concierto. En el caso de tratarse de explotaciones rentables habría que devolver las ayudas recibidas y, en ese punto, solo Manuel Lamelas se ha plantado: devolverá los 8,35 millones de euros recibidos si la fórmula matemática que sustente la operación incluye precio razonable para la tonelada de mineral y garantía de compra en térmica. Si no es así, en 'La Escondida' las bombas de achique dejarán de funcionar y el agua llegará hasta el cuello de la explotación. Y ese será el epitafio para el sector.

El inicio, con la gran Guerra

Lejos quedan los tiempos de mula y carro, cuando el carbón recorría la provincia como si fuera 'oro negro'. Era finales del siglo XIX y entonces rescatar el mineral resultaba una labor cien por cien manual, en la que tras adentrarse en una galería había que mirar de frente a los ojos del mismo demonio. La minería ­leonesa despertó tarde, quizá por su complejidad, por la dificultad para extraer mineral en zonas que en su momento llegaron a calificarse como de imposible rendimiento. Fue así hasta que el tren y las necesidades de la Primera Guerra Mundial sirvieron de germen para el ­nacimiento de la Minero Siderúrgica de Ponferrada y la Hullera Vasco-Leonesa.

Ambas empresas fueron la bandera del sector, pero a su lado, brotaron decenas de explotaciones. Una tras otra, hasta alcanzar las 132 ­minas que completaron el mapa industrial de la provincia. Y a la sombra de cada mina crecía la riqueza, y los cementerios. En las cuencas leonesas se llegaron a generar hasta 41.000 empleos en los años 60. En realidad, todo giraba sobre el carbón en la zona norte de la provincia. El mineral generaba riqueza desde el mismo momento en el que el picador hacía su trabajo a cientos de metros de la superficie. El carbón daba ­rendimiento al minero, al transportista, a las térmicas y a la industria complementaria. En los años 90 el sector tenía a 13.000 trabajadores registrados en el régimen especial de la minería en la provincia de León. Una década después, eran poco más de 2.000 mineros. Hoy, ni un puñado queda.

Día a día, mes a mes, año a año, la minería iba desmoronándose como un castillo de naipes. Era tan evidente su caída que nadie lo ­quería ver. Ni ahora, ni nunca. Los ­distintos gobiernos invirtieron más de 27.000 millones de euros en ayudas ­públicas para la reconversión del sector, pero en realidad nadie pensó en la reconversión. El dinero, en sí mismo, lo nublaba todo. Empresarios pícaros y sin escrúpulos, políticos descentrados y una sociedad un tanto cómplice al creerse más fuerte de lo que en realidad era hicieron que tan millonaria inversión se dilapidara en gastos inútiles: piscinas en las que nunca nadie llegó a bañarse porque ni siquiera se llenaron de agua, polideportivos en los que nadie jugó, parques saludables en los que nadie paseó, carreteras que no llevaban a ningún lado, nuevos ­ayuntamientos a lo que pocos vecinos acudieron, polígonos industriales sembrados de zarzas y matojos. La lista de este dislate perpetuado en el tiempo se haría interminable. Hubo para todo y para todos, menos para lo que debería haber sido el objeto real de la multimillonaria inversión: crear empleo alternativo a un sector condenado por Europa y víctima de unas obligadas políticas 'verdes'.

Después, las térmicas

Pero el fin de la minería no ­termina en las explotaciones. Ese círculo vicioso que supone la reconversión total del sector conlleva el cierre de las térmicas; en León, Anllares, Compostilla y La Robla. En ellas se quemaba el carbón que encendía la luz de cada vivienda, pero sus ­'peligrosas' emisiones de CO2 y su dudosa rentabilidad también las condenan. Con ellas se irán otros 2.500 empleos.

Tan solo quedarán las térmicas próximas a las costas, las de interior bajan la trapa. ¿El motivo? A las costas llegan los barcos con carbón de importación procedente de Colombia o Rusia y en la actualidad ese mineral supone el 90% del combustible para la producción de energía.

Es mejor comprar el mineral ­fuera que mantener la actividad dentro, se ha concluido por parte de los técnicos ministeriales. ¿Tiene lógica? Para Manuel Lamelas «ninguna, porque no solo hay que mirar el precio sino las condiciones de explotación en las que se saca el carbón que aquí se va a comprar», reitera.

Este 1 de enero de 2019 quedó para la historia por ser el primer día sin minería. El día 'cero más uno' de un sector que llegó a ser determinante para el desarrollo industrial de todo el país. Desde ese día la minería solo formará parte de la hemeroteca y, si acaso, seguirá alimentando historias de héroes, de personajes que nunca tuvieron miedo a nada y que se enfrentaron a la muerte por conseguir un poco de carbón.