El vino único con identificación digital

El mejicano Vicente Pliego, uno de los propietarios de la bodega Pinea junto a unas vides, algunas centenarias. /Eduardo Margareto / ICAL
El mejicano Vicente Pliego, uno de los propietarios de la bodega Pinea junto a unas vides, algunas centenarias. / Eduardo Margareto / ICAL

Tecnología y tradición en 35 hectáreas de viñas viejas de Olmedillo y Villatuelda (Burgos) y premios internacionales sitúan a Bodegas Pinea del Duero en restaurantes 'top' y clubs de golf de varios países

J. BENITO IGLESIAS/ ICAL

«Llevamos poco tiempo y ya estamos empezando a hacer ruido», resume con satisfacción Vicente Pliego, un amante de la Ribera del Duero desde su México natal, donde un día soñó junto a su socio, Hugo del Pozo, con elaborar uno de los mejores vinos del mundo. Tras aprender en viajes por varios países y estudiar las técnicas tradicionales e innovadoras de la viticultura, Vicente llegó en 2013 al lugar donde él consideraba que se producía la mejor uva de la variedad tempranillo.

Estaba situado a más de 900 metros de altura y allí había 35 hectáreas de viñas viejas que fueron compradas entre Olmedillo de Roa y Villatuelda (Burgos), un 20 por ciento centenarias y un 80 por ciento con una antigüedad de entre 30 y 60 años. De ahí nació Bodegas Pinea del Duero y el 'milagro' de obtener vinos de gran calidad se ha cimentado después en unas pequeñas instalaciones en Valbuena de Duero (Valladolid).

El secreto pasa por una vinificación no intervencionista, donde se utilizan drones que controlan el estado de los viñedos y sistemas de medición de suelo que permiten una gran precisión en la viticultura. «Sabíamos desde el inicio la materia prima que teníamos entre las manos. Muchos productores de vino españoles ven casi imposible triunfar en los mercados internacionales, y desde fuera se valora mejor el producto de aquí. A pesar de las crisis y las circunstancias históricas que ha vivido España, se mantiene intacta su autenticidad en vino, aceite o cereal como en ninguna parte», explica a Ical Pliego.

Ahora -una vez conseguido el objetivo inicial de hacer un vino de alta gama- se trata de que el cliente se asegure de que cada botella que adquiere es genuina. Para ello, la contraetiqueta de Bodegas Pinea lleva el sistema 'ConnectedBottle' que incorpora la tecnología NFC (Near Field Communication), donde el consumidor final puede confirmar la autenticidad del vino de forma digital y cerciorarse del valor de la compra.

Los consumidores -acercando la cámara de un smartphone a la etiqueta- acceden en un 'chip' a los datos de autentificación que se transmiten de forma inalámbrica y un enlace para recabar información de la añada; el pago de donde se extrajo la uva; el proceso de elaboración; y contenido audiovisual exclusivo sobre la vendimia con entrevistas al enólogo Isaac Fernández, conversación con los fundadores y descarga de fotografías. «Así ayudamos al usuario a vivir a una experiencia más completa, acercándole a la Ribera del Duero y a nuestra manera de entender y vivir el vino», sostiene Pliego.

60.000 botellas anuales

Una mínima parte de las 60.000 botellas que se sacan anualmente al mercado están en restaurantes 'top' con Estrella Michelín en España cuyos chefs -como Joan Roca, Ferrán Adriá o Pedro Subijana y escuelas de alta cocina con los que Vicente Pliego se ha reunido- se interesan y apuestan por los vinos de baja producción que se están haciendo. «Los que expresan el 'terroir' y prestan atención a la tradición viticultura no son iguales y cada añada presentan un sabor distinto. Tenemos capacidad para producir más pero nos quedamos con la uva de mayor calidad, la de las viñas más viejas, y el resto se vende a varias de la mejores bodegas de la Ribera del Duero», indica.

Mientras tanto, la mayor parte de la producción vitivinícola viaja a los selectos restaurantes y clubs de golf de Estados Unidos, Irlanda, Reino Unido, Alemania, Suiza y Bélgica. Los siguientes pasos de comercialización en 2019 se darán en el México natal de los creadores de Bodegas Pinea del Duero, junto a otros proyectos de expansión en restaurantes de Nueva York y Londres. Tanto Vicente Pliego como Hugo del Pozo estudiaron en universidades Estados Unidos y su campo profesional está muy vinculado al ámbito de las relaciones comerciales y los negocios.

«Tocamos puertas con nuestros vinos y nos las abrieron en un país que es nuestro cliente número uno. Empezamos por Texas y eso nos llevó luego a Arizona, California, Colorado y Chicago. Después llegó Boston, donde estudié, y la zona cercana de Maryland y Masachussets y la verdad es que nos ha ido bien», relata.

Uno de los mayores embajadores de Bodegas Pinea es el jugador de golf castellonense Sergio García, al que conocieron en Estados Unidos dada su afición a este deporte. «Le encantaron nuestros vinos y de ahí surge la creación de una de las dos marcas, '17', ya que primero se casó y luego ganó en 2017 el máster de Augusta. Era su número de la suerte y decidimos diseñar una etiqueta para él. Ese vino se sirvió en su boda y luego en la cena de gala del considerado mejor torneo del mundo. El ruido y la promoción que generó nos llevó a acercarnos a un mercado de lujo en campos de golf, hoteles y restaurantes que buscan vinos de alta gama», se congratula.

El viñedo de sus sueños

«Cuando encontré el viñedo que estaba a la venta y con el que soñaba desde que probé por primera vez el vino Ribera del Duero en México mi socio me dijo que no le pensara y que adelante. Lo siguiente fue traerme a mi mujer y mis hijas. Creemos en la zona en la que estamos y seguiremos creciendo en ella», enfatiza Vicente.

El vino se elabora en bodega subterránea con temperaturas controladas y la fruta se cuida al máximo en la guarda con materiales nobles y doble fermentación en barricas, bajas producciones y una selección cuidada de la uva vendimiada a mano. «Con este proceso minimalista de vinificación y con plena atención al detalle se logra un producto de máxima expresión. Aunque hacer vino de alta gama es muy difícil, considero que hemos logrado situar al que hacemos entre los mejores del mundo», señala orgulloso.

Los suelos que acogen las vides son de arena con abundante presencia de piedra caliza donde la fruta se beneficia de cambios extremos de temperatura que van desde inviernos fríos y nevados hasta días de verano muy calurosos, así como de la enorme variación de temperatura entre el día y la noche durante la época de maduración de la uva.

Numerosos premios

Las cepas adquiridas dieron lugar al vino buque insignia, bajo el nombre de 'Pinea', que ha obtenido cuatro medallas de oro en el los certámenes internacionales Decanter World Wine Awards 2018, Mundus Vini, Texsom Internacional Wines Awards 2019 de EEUU y Concurso Mundial de Bruselas, y una de plata en el Texsom. Además, en la cata del Internacional Wine Chalenge 2019 el vino se llevó 95 puntos, y los prestigiosos enólogos Robert Parker y James Suckling, le dieron 91 y 93 puntos, respectivamente.

El otro vino en el mercado, denominado '17' y dedicado al golfista Sergio García, ha sido galardonado con dos medallas de oro en el Concurso Mundial de Bruselas y en el Decanter World Wine Awards 2018, junto a una medalla de bronce en el Texsom Internacional Wines Awards 2019, y cuenta con 93 puntos concedidos por James Suckling y 92 por Robert Parker.

Nuevo proyecto de enoturismo

La buen marcha de la bodega ha impulsado a sus promotores a diseñar un complejo de enoturismo con alojamiento, zona hostelera y visitas guiadas a las instalaciones de producción, investigación sobre el mundo vino y los viñedos, que estaría listo a lo largo de 2022. La inversión se acercará a los tres millones de euros, que se añaden a los seis ya invertidos en la parte inicial del proyecto, que consistió en la compra de viñedos, la modesta bodega actual de Valbuena de Duero, las mejores barricas de roble americano y francés del mercado y el márketing y promoción de los vinos de Pinea del Duero,

«Tenemos claro que la nueva bodega estará en la zona norte de la Ribera del Duero en unos terrenos ya vistos y seleccionados, pero aún está por decidir si será en Olmedillo de Roa, La Horra o Villatuelda. Ahora, en nuestra pequeña bodega de Valbuena de Duero y los viñedos generamos al año más de 200 visitas solo de extranjeros atraídos por la marca Pinea. Muchos son clientes a los que invitamos y un 90 por ciento de ellos nunca habían estado en España», concluye Vicente Pliego, convencido de que el sueño iniciado en México se acabará cumpliendo del todo.