Caleidoscopio surrealista en el Thyssen

Exposición «Dalí y el surrealismo en la Colección de Arte ABANCA. /Diego Pérez Cabeza (Efe)
Exposición «Dalí y el surrealismo en la Colección de Arte ABANCA. / Diego Pérez Cabeza (Efe)

Dalí brilla entre los pintores de esta corriente presentes la colección Abanca que exhibe el museo

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIMadrid

«El surrealismo fue un movimiento literario. No era pictórico, lo que hizo que no haya un estilo plástico único que lo defina, sino decenas de modos de llevarlo a la pintura». Así lo destaca Guillermo Solana, director artístico del Museo Thyssen-Bornemisza, para explicar el caleidoscopio surrealista que conforman las obras reunidas en 'Dalí y el surrealismo en la colección de arte Abanca'. Es una exquisita exposición 'de cámara' que reúne en el Thyssen 13 obras de las más de 1.250 de 250 autores que atesora la colección de la entidad gallega, surgida de la fusión de las antiguas Caixanova y Caixagalicia.

«Hubo quién pensó que el surrealismo no podría llegar a la pintura pero aquí está la prueba de que sí llegó y que lo hizo por muchos caminos», aseguraba Solana ante las pinturas. Destaca cómo «cada pintor es un mundo en su conexión con André Bretón -el fundador del movimiento en 1924- y la secta que fue el surrealismo».

En la pequeña y delicada muestra gratuita que el Thyssen acoge hasta el próximo 27 de enero, hay piezas espectaculares de Giorgio de Chirico, -«que fue condenado y no tuvo relación con el grupo», apunta Solana-, de Max Ernst, -«el primero oficialmente surrealista»- y de un Miró «que no entra en la batalla y estaba 'au-dessus de la mêlée', por encima de las pugnas». La muestra se completa con obras de Roberto Matta, Wifredo Lam, Óscar Domínguez y los representes de la corriente gallega: Maruja Mallo, Eugenio Fernández Granell y Urbano Lugrís.

Las dos piezas estelares son las de Salvador Dalí (1904-1989): 'Las rosas sangrientas' (1930) y 'Patio oeste de la Isla de la muerte' (1934). «Dalí fue la esperanza blanca del movimiento, el joven que debía salvar el surrealismo, pero fue también condenado como 'Ávida dollars', convertido en el maldito por excelencia, aunque llevaría el show mucho más allá que todos los demás surrealistas ortodoxos», sostiene Solana. «Su distanciamiento del grupo llegó al extremo cuando Dalí confesó a Breton que tenía sueños eróticos con Hitler, aunando así las dos fobias del homófobo Bretón, el nazismo y los homosexuales, a los que llamaba pederastas», agrega Solana.

Juan Ángel López Manzanares, el comisario de la exposición, destaca al igual que Solana cómo el movimiento surrealista que surge tras el descrédito que sufrió la cultura después de la Primera Guerra Mundial, «no fue tanto una escuela de pintura con un estilo definido, como un conjunto de manifestaciones que aportaban ideas o tentativas de volver a recomponer ese hombre, con la idea de cambiar la vida y transformar la sociedad, de volver a una sociedad más equilibrada».

«Todas estas obras ilustran la doble faceta creativa del surrealismo centrada en la 'escritura automática' y el 'relato de los sueños'», apunta el comisario. Plantean cómo en esta dualidad «no solo estaba en juego la primacía de la escritura frente a la pintura y, con ella, la existencia o no de una plástica surrealista», sino también «una toma de partido por un tipo de creación instintiva azarosa, o por otra de carácter más premeditado y razonado elaborada a partir de la memoria».

Es la segunda vez que Abanca y el Thyssen colaboran para mostrar las obras del banco tras de la exposición 'Picasso y el cubismo' que en 2015 llevó al museo a más de 42.000 visitantes. «Esperamos batir esa cifra y estoy seguro de que se logrará y se superarán las 50.000 visitas», ha dicho Juan Carlos Escotet Rodríguez, presidente de Abanca.

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