La última transformación de Charlize Theron

Fotograma de 'Tully'. /
Fotograma de 'Tully'.

La actriz de 'Monster' cogió 25 kilos en 'Tully' para otra actuación de Oscar

MERCEDES GALLEGOCorresponsal en Nueva York (EE UU)

Si ya a los 28 años ganó un Oscar por su papel de prostituta y asesina en Monster, era de esperar que Charlize Theron se transformara con el paso del tiempo en una actriz aún más madura y versátil, como la que soporta todo el peso de 'Tully', la última cinta del director canadiense Jason Reitman ('Up in The Air' y 'Juno'). Un papel vulnerable e intimista que sacude los clichés que se le hubieran podido atribuir tras su actuación en películas de acción como 'Mad Max: Furia en la carretera' o 'The Atómica'.

La esperada cinta en la que el director de 'Up In The Air' vuelve a hacer equipo con la guionista de 'Juno' Diablo Cody se presentó el jueves en la 17 edición del Festival de Cine de Tribeca, después de que una primera versión pasase en enero por las pantallas de Sundance. Con ese 'feedback' el director canadiense volvió a la mesa de edición para dar más aire a las escenas finales, consciente de que el espectador necesitaría respirar para digerir el giro del guión que obliga a repensar toda la historia. «Siempre me han gustado las películas capaces de sorprenderme», confesó Reitman. «Hice todo 'Up in The Air' con una sola escena en mente».

Para Reitman, hay dos tipos de actrices: Las que son «marionetas humanas», capaces de transformarse en el personaje que se les asigna, y las que son capaces de sentir lo que el personaje siente. «Charlize es las dos», afirma. Para convertirse en Marlo, la agotada madre de dos hijos a punto de dar a luz a un tercero, Theron tuvo que engordar 25 kilos, primero engullendo pasta y desayunos de dos en dos y luego despertándose a media noche para seguir tragando. «Al principio era divertido comer todo lo que te apeteciese, pero después de tres semanas ya no lo era», confesó. «No fui una compañía agradable durante el rodaje. Tanto azúcar y alimentos procesados fueron como un puñetazo en la cara».

Tanto se metió en este papel sobre la soledad y la depresión posparto que acabó ella misma sumida en una depresión. La actriz sudafricana descubrió que ya no era la joven de 27 años que se transformó para 'Monster' y que a los 43 años cuesta mucho más quitarse los kilos de encima. «Cálmate, tu cuerpo es diferente», le decía su médico. Un año después, el jueves volvía a exhibir un cuerpo esbelto en Los Angeles, donde presentó la película en paralelo al estreno neoyorquino, pero le ha costado un año de angustias y sacrificios que no le quedarán ganas de repetir.

Charlize Theron posa en el estreno de 'Tully' en Los Ángeles.
Charlize Theron posa en el estreno de 'Tully' en Los Ángeles. / AFP

Frente a la aguerrida vaquera de 'Un millón de formas de morir en el Oeste' o la Emperadora Furiosa de 'Mad Max', Theron despliega desde la primera escena una ternura paciente que alterna con frescos golpes de humor. Reitman entendió desde el principio que su mayor labor en esta película sería compaginar a esta actriz inteligente, capaz de mejorar el humor de Cody Diablo, con un elenco divertido que la inspirase y crease la magia buscada. Theron no la decepcionó. Como madre de tres hijos ella misma tenía el background necesario para entender a la protagonista y meterse en la piel, por lo que llegó a añadir bromas ingeniosas que pasaban por encima de los personajes para aterrizar directamente en el público con sonoras carcajadas.

«A diferencia de otras actrices no tiene miedo de resultar desagradable», se maravilló el director. «No te suelta la menor pista para recordarte que realmente ella no es así, sino que se pierde por completo en el papel». Tully empieza en Tribeca el recorrido por las pantallas que puede llevarle hasta una traca de premios, pero primero tendrá que demostrar, como el movimiento de #MeToo, que los problemas de mujeres son temas universales.

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