Muere Juana Biarnés, la reportera que no quiso ser 'paparazzi'

Joana Biarnés, la primera fotoperiodista española./EFE
Joana Biarnés, la primera fotoperiodista española. / EFE

La primera fotoperiodista española, una «fotógrafo» de corazón y a contracorriente, acabó cambiado la cámara por los fogones

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIMadrid

Un infarto acabó, en la madrugada de este jueves, con la vida de Juana Biarnés, la primera fotoperiodista española. Nacida en Tarrasa en 1935 y fallecida a los 83 años en su casa de Viladecavalls (Barcelona), Biarnés fue una pionera a contracorriente que cuando llegó la dictadura de los 'paparazzi' se negó a doblegarse y cambió la cámara por los fogones. «Detesto la palabra 'paparazzi'», aseguraba sin nostalgia una «fotógrafo» a quien su trabajo hizo «fuerte y feliz». Seguía con ganas de vivir, disparando su Olympus digital a pesar de su problemas de visión y convencida de que «mi mejor foto es la que haré mañana».

No quiso nunca que en su carné pusiera fotógrafa. «Preferí fotógrafo», explicaba Biarnés, que reunió lo mejor de su obra en 'Disparando con el corazón' (Blume), un libro que ponía broche al rescate de una figura y una obra olvidadas durante tres décadas. Una carrera en la que alternó el deporte con la moda y el reportaje social y la cobertura de accidentes y catástrofes con el retrato, género en el que brilló.

Hay quien sostiene que se fotografía con el cerebro, quien apunta que es el ojo el que manda, pero en el caso de Biarnés el corazón dictaba lo que debían hacer el ojo y el cerebro. Arrojada como pocas, se coló en el avión de los Beatles, se llevó un amoroso beso de Clint Eastwood, se la pegó a Roman Polansky, compró con Massiel en Londres el famoso vestido del 'Lalalá'.

Llegó al oficio para cumplir una promesa que le hizo a su padre. Tomó por primera vez la Leica de su progenitor para sustituirle en un reportaje en una sima. Luego hizo lo propio en el fútbol y comenzaron los contratiempos. «¡Guarra!» fue lo más bonito que escuchó cuando cubrió por primera vez un partido regional y quisieron echarla.

No se amilanó. Quería ser alguien en la fotografía. Lo logró. Fue la primera reportera con contrato y carné del diario 'Pueblo', que dirigía Emilio Romero. Jamás se sintió «acosada», y sí «envidiada», aunque recordaba sin rencor cómo la mandaron «a fregar platos» en su primer partido, o cómo el árbitro respaldó a los energúmenos «diciendo que aquello era de hombres, como el Soberano». «No me mires como una mujer, mírame como un fotógrafo», exigió enrabietada. Fotografió entre lágrimas las inundaciones del Vallés en 1962 «y aún lloro al recordarlo», decía más de medio siglo después

Su primera gran exclusiva llegó al colarse en el lavabo del avión que traía a los Beatles a Madrid. La seguridad le echó el guante cuando ya tenía la foto. Insistió en el hotel y llegó en el montacargas hasta la suite de los «escarabajos» «¡Otra vez tú!», exclamó Ringo Starr al abrirle la puerta. Pero Biarnés estaba más orgullosa de un reportaje sobre los hijos de solteras vejados y maltratados en el orfanato de San Fernando de Madrid que hizo que los guerrilleros de Cristo Rey la amenazaran de muerte.

Retratista

Alternó campos de fútbol con saraos, salas de fiestas y platós. Reportajes de hippies en Ibiza con retratos de una sensual Carmen Sevilla, de una esplendorosa Marisol o del bellezón de Rocío Durcal rodeada de soldados. Fotografió la intimidad torera de El Cordobés, a la duquesa de Alba flamenqueando, o la loca genialidad de Salvador Dalí y Luis Buñuel. Estuvo con Lola Flores en noches de fiesta y mañanitas de fútbol folclórico, con Sara Montiel de rodaje, con Raphael acosado por las fans o haciendo de carabina entre Julio Iglesias e Isabel Preysler.

Retrató, a Jackie Kennedy, Louis Armstrong, Yul Brynner, Jack Lemmon, Orson Wells, Rudolf Nureyev, Sammy Davis Jr., Roman Polanski, a quien le robó la foto haciéndose pasar por otra, o a Clint Eastwood, que la besó en los labios. Todos sucumbieron al empeño y la curiosidad fotográfica de la imparable Biarnés, que llegaría a revelar sus negativos de los Oscar en el lavabo de la mansión de Xavier Cugat.

Siempre a contracorriente, cuando se hartó colgó la cámara. Cruzó el Mediterráneo y abrió con su marido Jean Michael un restaurante en Ibiza, Cana Joana, donde dio de comer a amigos como Julio Iglesias, Juan de Borbón, conde de Barcelona, o Juan María Arzak. El la cocina fue autodidacta, como en la fotografía, y regaló a sus amigos y clientes fabulosaa paellas durante dos décadas.

PHotoEspaña inició en 2105 la recuperación del legado de Biarnés, unas imágenes logradas «a golpe de corazón, que es el que ha mandado en mi carrera, en la que todo ha sido amor propio», según explicaba la fotógrafa. «No esperaba nada y si el reconocimiento llega ahora, bienvenido sea», decía risueña evocando su andadura en la profesión. «Se lo prometí a mi padre y lo único que hice fue cumplir la promesa», repetía ante su retrospectiva 'A contracorriente' en PHotoEspaña de la que fue comisario Chema Conesa.

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