¿Cuándo llegó la pizza a España?

Vendedor callejero de pizzas, Nápoles. Grabado de 1858, British Library CC PD. /
Vendedor callejero de pizzas, Nápoles. Grabado de 1858, British Library CC PD.
Gastrohistorias

Este plato italiano, inmensamente popular en nuestro país hoy en día, fue prácticamente un desconocido hasta los años 50

ANA VEGA PÉREZ DE ARLUCEA

Los abuelos comen pizza, los niños comen pizza, toda España come pizza. Con mayor o menor acierto en la pronunciación (picha, picsa, pisha), lo cierto es que este plato de origen napolitano constituye uno de los mayores éxitos de la comida rápida en nuestro país. La pizza es tan habitual, tan básica, que no hay supermercado que no ofrezca al menos una decena de variedades y no hay reunión de adolescentes o futboleros donde falte. Esta elaboración típica italiana se encuentra ahora al alcance literalmente del dedo gracias a los servicios de comida a domicilio, pero no ha pasado tanto tiempo desde su novedosa introducción en España.

Puede que la palabra pizza apareciera en el 'Vocabulario de las dos lenguas toscana y castellana' de Cristóbal de las Casas (1570), pero el significado propuesto en él, hojaldre, difiere mucho de lo que ahora interpretamos como una pizza corriente y moliente. Habría que esperar más de trescientos años para leer algún dato sobre la pizza en la prensa española, concretamente en El Eco de Santiago de Compostela (8-1-1897), donde se menciona en un artículo sobre los manjares navideños de otros países como «unas enormes tortas o bizcochos muy adornados llamados pizza».

Ya entrado el siglo XX el diario Las Provincias (22-6-1923) daba algún detalle más en un texto dedicado a la ciudad de Nápoles y sus costumbres. El corresponsal, valenciano, tiraba por el camino más corto para describirla y optaba por compararla con la coca diciendo que «la pizza es ni más ni menos nuestra coca en pimentó, tomata y tonyina, con la sola diferencia de que el atún no se emplea en su confección, sirviéndole de sucedáneo alguna veces el aladroc (boquerón)». Ole. No nos enteraríamos de en qué demonios consiste verdaderamente una pizza hasta 1952, año en el que unas declaraciones del presidente estadounidense Eisenhower provocaron el enfado de los italianos por decir que la pizza neoyorkina era mejor que la napolitana. Los periódicos españoles de la época recogieron la furia de Italia y como aquí casi nadie sabía cuál era el objeto de la polémica se publicaron artículos explicando a los lectores en qué consistía este plato. «La pizza es el folklore que se come. Harina, aceite, mozzarella o queso de búfala, setas o pimientos, todo en una especia de torta al horno que cruje y se hace delicia gastronómica en el paladar» (ABC 30-12-1952).

Solamente un año después se anunciaba en la prensa madrileña el que pudo ser el primer restaurante en servir pizza de la capital: el hotel Menfis, en cuyo bar americano se ofrecía «la exquisita tapa italiana llamada pizza». En enero de 1959 aparecía una receta de pizza de anchoas en el suplemento Blanco y Negro de ABC, firmada por la señora Carmen Barrionuevo Bolín. Esta dama, casada con un italiano, indicaba a las lectoras cómo elaborar la pizza en un reportaje a todo color con múltiples fotografías del paso a paso. Poco más tarde abriría la primera(que sepamos) pizzería de España en la calle Gonzalo Jiménez de Quesada número 2 (Madrid). La pizzería Serenella se promocionaba como el único local que ofrecía pizza napolitana en la ciudad, con un pizzaiolo apellidado Sebastianello «primer premio en Milán 1957» y especialidades como romana, atómica, caprichosa, vangole u ojo de buey.

El año 1959 fue el de la llegada definitiva de la pizza en España, porque a la madrileña pizzería Serenella se sumó la barcelonesa Pizzeria (calle Aragón, 207), con ese nombre tal cual. En los 60 y 70 se irían estableciendo otros locales especializados como Passerella en Bilbao y Pizzeria dal Romano en Sevilla, aunque siempre como restaurantes italianos y no como locales de comida rápida, modelo que se extendió a partir de los años 90 y momento en el que las abuelas españolas aprendieron a decir pizza. O picsa. O lo que sea.

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