Giacometti, un buscador infatigable

Las esculturas de yeso y yeso pintado, «Mujeres de Venecia», del artista, Giacometti, en el Museo Guggenheim Bilbao./EFE
Las esculturas de yeso y yeso pintado, «Mujeres de Venecia», del artista, Giacometti, en el Museo Guggenheim Bilbao. / EFE

El Guggenheim explora la obsesión por la figura humana del genial creador suizo a través de 200 obras de todas sus épocas

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIBilbao

Giacometti es mucho más que los estilizados bronces de caminantes que le convirtieron en el escultor más cotizado del mundo. Antes de llegar a su síntesis filiforme de la figura humana, transitó por muchos territorios, de la figuración más convencional al cubismo o el surrealismo, como se aprecia en 'Alberto Giacometti. Retrospectiva', la espectacular muestra que acoge hasta febrero el Museo Guggenheim Bilbao. Explora su obsesión por la figura humana y repasa la trayectoria de uno de los más grandes escultores de la historia y del siglo XX. Revela su parte más íntima y descubre a Giacometti antes de Giacometti. Junto a obras tan populares y famosas como 'El hombre que camina', 'Mujeres de Venecia' y 'Mujer con carro', hay otras casi secretas pero cruciales como,'Mujer cuchara', 'Mujer degollada', 'Bola suspendida', 'Gato' o 'Nariz'.

Recorre cuatro décadas, de los años viente a los sesenta, a través de 200 piezas entre esculturas, pinturas y obras sobre papel que desvelan la continua evolución del artista, su infatigable «búsqueda de la verdad», desde sus primeras tentativas cubistas, su dubitativo paso por el surrealismo o el interés por el arte indígena hasta la forja de el singularísimo estilo que lo consagró como un genio universal tras su retorno a la figuración a finales de los años treinta.

Muchas de las piezas reunidas en la catedral de titanio de Gehry destrozarían récords en la salas de subastas, donde ya se pagaron 141 millones de euros por 'El hombre que señala', 83 por su estilizada 'Cuádriga' y 74 por 'El hombre que camina'. Casi todas fueron concebidas y realizadas en un diminuto espacio de apenas veinte metros cuadrados, el estudio de Giacometti cerca Montparnasse del que jamás se mudó. Está próximo a la parisina Fundación Giacometti, institución que vela por el legado del genial artista suizo y que cede piezas de múltiples escalas. Algunas de apenas unos centímetros y pocos gramos - 'Hombre pequeño sobre un pedestal'- pero que aguantan el tipo confrontadas a las toneladas de acero de Richard Serra, y otras de yeso o bronce que rozan los tres metros con cientos de kilos.

El alma de la muestra es la extraordinaria colección de la Fundación Giacometti, reunida por la viuda del artista, Annette. Atesora casi 400 esculturas, 130 pinturas y más de 4.000 documentos y obras en papel de las cuatro décadas en las Alberto Giacometti (1901-1966) no cejó en una búsqueda que le convirtió en uno de los artistas más influyentes del siglo XX junto a Picasso. «Ver, comprender el mundo, sentirlo intensamente y ampliar al máximo nuestra capacidad de exploración» era su intención.

El mundo en un cubículo

Nacido en una familia de artistas, hijo del pintor neoimpresionista Giovanni Giacometti, llegó a París en 1922 y optó por la escultura. Cuatro años más tarde se instala en el que sería su taller hasta el final de su vida, un cubículo alquilado de 23 metros cuadrados en la calle Hippolyte-Maindron, cerca de Montparnasse. En ese minúsculo habitáculo forja Giacometti su peculiar visión del mundo en la que la figura humana juega un papel primordial. Factura sin desmayo piezas inspiradas en las personas de su entorno; su padre, su hermano Diego, su esposa Annette, sus amantes y amigos como Jean Genet.

La figura humana le obsesiona y es la esencia de la obra de Giacometti y de la muestra, que alterna sus piezas más abstractas y desconocidas con sus filiformes y rugosas figuras de hombres que caminan y sus hieráticas mujeres. Marca un hito al reunir por segunda vez las ocho esculturas en yeso del excepcional conjunto 'Mujeres de Venecia', creado para en la Bienal de 1956. Exhibido en la Tate Modern de Londres en 2017 tras su restauración, subraya el interés del artista por el yeso o la arcilla, materiales moldeables que a menudo emplea tanto para la forma inicial como para la definitiva.

Mujeriego irredento, Giacometti frecuentó burdeles y encadenó amantes, pero era un creador reflexivo a quien Jean-Paul Sartre definió como el artista «existencialista por excelencia». Amigo del filósofo francés, lo fue de otros intelectuales y escritores como Simone de Beauvoir y Jean Genet, a quienes esculpió y retrató. «Desde siempre, la escultura, la pintura y el dibujo han sido para mí medios para comprender mi propia visión del mundo exterior y, sobre todo, del rostro y del conjunto del ser humano. De mis semejantes y, sobre todo, de aquellos que, por un motivo u otro, están más cerca de mí», explicaba.

«No es una retrospectiva clásica», asegura Mathilde Lecuyer-Maillé, del Instituto Giacometti de País y comisaria adjunta de la brillante exposición junto ya Petra Joos, del Guggenheim bilbaíno, y Catherine Grenier, directora la Fundación Giacometti, que destaca «la universalidad y la atemporalidad» de su obra. Patrocinada por Iberdrola, la muestra se había visto antes, con menos piezas en Museo de Bella Artes de Québec y en el Guggenheim de Nueva York.

Es un viaje «cronológico y temático» que se inicia con obras de los años veinte donde prima el color. Continúa con el período postcubista, tras descubrir a Lipchitz, Brancusi y Picasso y con la pieza maestra de esa esta época, 'Mujer cuchara' (1927) de inspiración africana, y el surrealista 'Mujer degollada' (1932) emblema de un Giacometti que trató a Miró, encandilo a Dalí con 'Bola suapendida' (1931) y fue fugaz miembro del grupo de André Breton.

Retorna en 1935 a la figuración que marcará su obra hasta el final de su vida y que le llevó a una determinante «crisis de reducción». Entre 1938 y 1944 sus esculturas se reducen drásticamente. Durante la guerra se traslada a Suiza y transforma una habitación de hotel en estudio. Allí enseña historia a su sobrino Silvio mientras esculpe su figura obsesivamente en series como 'Busto pequeño sobre un pedestal doble' (1941) y o 'Silvio de pie con las manos en los bolsillos' (1943).

A partir de 1945 crea sus obras más conocidas; figuras alargadas y estilizadas en extremo, fruto de sus nuevas inquietudes sobre el espacio y la distancia con el modelo. De vuelta a París, el cambio expresa su ansiedad por el trauma de la guerra. «Estaba harto y me juré que no dejaría que mis estatuas se redujesen ni una pulgada: logré mantener la altura, pero la estatua se quedó muy delgada, como una varilla, filiforme», explicaba el escultor.

La investigación de Giacometti sobre la escala y la figura humana culminan en 'La pierna' (1958), 'Gran cabeza' (1960) o 'Hombre que camina' (1960), su escultura más conocida y una de las más famosas de la historia, se inspira en las estatuas egipcias. Giacometti, que llevaba tres década explorado ese gesto, el paso esbozado en 'Mujer que camina', es consciente de que ve a la mujer únicamente como una estatua desproporcionada e inmóvil, deificada y como símbolo de un ídolo de la existencia, mientras que el hombre avanza con paso firme, en movimiento.

Aborrecía viajar y sólo estuvo una vez en Londres y en Nueva York, pocos meses antes de su muerte, para explorar el emplazamiento de un proyecto frustrado para el Chase Mahnattan Bank, que se ha recreado en Bilbao.

Ficha

Qué: Alberto Giacometti. Retrospectiva

Dónde: Museo Guggenheim Bilbao. Avd. Abandoibarra, 2. www.guggenheim-bilbao.es

Cuándo: del 19 de octubre de 2018 al 24 de febrero de 2019

Cuánto: Entrada general 16 euros

Ficha:

Qué: Alberto Giacometti. Retrospectiva

Dónde: Museo Guggenheim Bilbao. Avd. Abandoibarra, 2. www.guggenheim-bilbao.es

Cuándo: del 19 de octubre de 2018 al 24 de febrero de 2019

Cuánto: Entrada general 16 euros

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