«El ciberdelito nos parece simpático», denuncia Lorenzo Silva

Lorenzo Silva presenta la nueva aventura de su detective Rubén Bevilacqua, 'Lejos del corazón', en la sede de la Unidad Operativa de la Guardia Civil. /EP
Lorenzo Silva presenta la nueva aventura de su detective Rubén Bevilacqua, 'Lejos del corazón', en la sede de la Unidad Operativa de la Guardia Civil. / EP

El escritor lleva a sus 'picoletos' Bevilacqua y Chamorro al infierno del Estrecho en la novena novela de la serie

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIMadrid

«El ciberdelito nos parece simpático, pero es la más temible avanzadilla del crimen y su efecto es demoledor, en especial para los más débiles». Lo denuncia Lorenzo Silva (Madrid, 1966), que celebra los «primeros» veinte años de vida de su legendaria pareja de 'picoletos' llevando al subteniente Rubén Bevilacqua y a la sargento Virgina Chamorro al infierno del Estrecho. Narcotráfico, ciberdelincuencia, secuestro y extorsión son los mimbres de 'Lejos del corazón' (Destino), novena novela y undécimo título de la saga, un clásico contemporáneo «con mucha vida por delante». Otra vuelta de tuerca a la «madura» relación de una pareja que, para goce de su legión de seguidores, está más unida que nunca.

'El lejano país de los estanques' inició la serie en la primavera de 1998. Escrita en 1995, rodó tres años de editor en editor hasta que María Antonia de Miquel apostó por ella. Hoy suma once títulos: nueve novelas y dos libros de relatos con más de 3.000 páginas traducidas a una decena de idiomas y que han dado pie a dos películas ('La niebla y la doncella' y 'El alquimista impaciente') y a dos series de televisión. Se han vendido más de dos millones de ejemplares de las andanzas de estos beneméritos investigadores con los que Silva nos ha contado la España del siglo XXI.

La Guardia Civil reverencia a su creador, que quiso presentar la nueva entrega en la casa de Chamorro y Bevilacqua, la sede central de la UCO (Unidad Central Operativa) y arropado por dos de sus máximos responsables, Jesús García y Juan Antonio Rodríguez, al frente de los departamentos de delincuencia especializada y drogas y de delitos telemáticos. Mantiene el espíritu de la saga y sigue apegada a la realidad en un escenario de rabiosa actualidad como el Estrecho de Gibraltar y a través de «ese nuevo territorio de vida y relación que llamamos ciberespacio».

«Tenemos una visión venial del ciberdelito, que contemplamos con ojos benévolos y con simpatía», insiste Silva. «No somos conscientes de su gravedad y su poder». De la capacidad criminal de unos delincuentes «multitarea e hiperactivos con sus potentes y baratas herramientas», según destaca el oficial de la UCO que los combate. No en vano, 'Lejos del corazón' toma su título de una vieja canción italiana, 'Lontano daglo occhi', de Sergio Endrigo, que sería el dicho español «ojos que no ven, corazón que no siente» y que «resume lo que hace un ciberdelincuente con sus víctimas, lejos los ojos y el corazón».

Explora Silva la vanguardia del cibercrimen, el delito por antonomasia del siglo XXI, y desarrolla la trama en el Campo de Gibraltar, la zona más caliente del mapa criminal española, que, según él, «no se colombianizará». Será gracias a la eficacia de unas fuerzas de seguridad que trabajan con menos medios que los malos, pero que mantienen a raya el asesinato. «Paradójicamente, los delitos de sangre están muy por debajo de la media y los traficantes no matan sabiendo que allí no saldrán impunes», apunta.

El gozne del mundo

Silva ha acompañado en repetidas ocasiones a la Guardia Civil en sus acciones contra el narco. «Si no pisas el terreno pierdes la verdad, que está en los detalles, como nos enseñó Stendhal», asegura el escritor, que llevaba años madurando una novela en este escenario «en el que confluyen dos continentes, tres países y tres jurisdicciones». «El Estrecho es el gozne del mundo, un abismo entre el Norte y el Sur. Una grieta insalvable en términos de desigualad», dice. Una agujero negro que agranda «el ingente tráfico de droga, el paraíso fiscal de Gibraltar y su cáncer: las toneladas de dinero negro que hay que blanquear».

El secuestro de un joven genio de la informática desencadena el caso. La familia denuncia tarde la desaparición y comete el peor error: seguir a pie juntillas las instrucciones de los captores y pagar sin rechistar un rescate de 120.000 euros en efectivo. Lo investigan Vila y Chamorro, «dos trabajadores públicos», se enorgullece Silva. Mira sin melancolía las dos décadas que han recorrido y celebra que estén «en plena madurez». También de «poder recuperar el humor», algo «imposible» en la entrega anterior, que transcurría en Afganistán.

Con casi 30 años de servicio, Bevilacqua, Vila entre los suyos, siente que es prescindible que está en el «odioso» tiempo de descuento. «Pero hay vida después de la UCO», proclama Silva para que nadie se alarme. «Mi padre, militar, halló su camino al dejar el servicio activo, como lo encontrará Vila cuando se jubile». «Ahí está el sector privado, aunque no lo veo claro ni tengo la menor prisa por decir que pasará», dice el escritor. Chamorro sigue siendo joven y el hijo de Bevilacqua ha jurado bandera en el benemérito cuerpo contra el consejo de su padre y tiene una vida profesional delante.

Un 'milagro' negro y audaz

Para Silva, es «casi un milagro» la veteranía de sus personajes. «Me decían que la novela negra no tenía mercado, que no funcionaría y que lo dejara» contó justo cuando se anunciaba que Fred Vargas, -Frédérique Audoin-Rouzeau- otra de las grandes firma del 'noir' europeo, tomaba el relevo de Leonardo Padura como premio Princesa de Asturias de las Letras. «Se ha querido estigmatizar a los autores de novela negra como escritores de segunda división. Se les ha negado el Nobel, aunque nos salve el pionero sistema español de premios que se revela innovador y audaz», se felicitó.

El premio Ojo Crítico de RNE para 'El lejano país de los estanques' (1998) fue el primero para sus 'picoletos', antesala del Nadal para 'El alquimista impaciente' (2000) y el Planeta para 'La marca del meridiano (2012). Nacido en Montevideo y criado en Carabanchel el subteniente Bevilacqua era entonces un sargento «pasado de vueltas, cáustico y solitario», traumatizado por tres años lucha contra el terrorismo en Guipúzcoa y una cadena de errores en la policía judicial en Cataluña que le costó su matrimonio.

Gaditana de origen, Chamorro era una guardia rasa, joven e inexperta, recién salida de la academia. Licenciada en matemáticas, racional que instintiva,aficionada a la astronomía, responsable, identificaba con el espíritu del cuerpo y su jerarquía militar.

El choque de sus personalidades contrapuestas se ha atemperado. La mirada analítica de Chamorro se complementa con la sagacidad psicológica de Vila y su intuición. Tuvieron momentos difíciles que superaron ayudándose en sus crisis personales y profesionales. Con 53 años él y 42 ella, parecen haber encontrado la serenidad, la madurez y su lugar en el mundo en la UCO.

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