Domingo Villar, un «oso cavernario» de la novela negra, deja su guarida

Domingo Villar. /efe
Domingo Villar. / efe

«Hacer que un libro se lea con facilidad y sin enganchones es dificilísimo; corrijo hasta la extenuación y busco la concisión», reconoce el autor de 'El último barco'

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIMadrid

«Soy como un oso cavernario» dice de sí mismo un risueño Domingo Villar (Vigo, 1971) para explicar por qué ha necesitado casi diez años para concluir la tercera novela de la serie policíaca que protagonizas el inspector Leo Caldas. «Hacer que un libro se lea con facilidad y sin enganchones es dificilísimo; corrijo hasta la extenuación y busco la concisión», reconoce el autor de 'El último barco' (Siruela), admitiendo la evidente contradicción entre ese afán de concisión y la extensión de su novela. Se ha quedado en setecientas páginas, pero llegó a tener más de ochocientas. Reconoce Villar que «escribir es cincelar lo que creas» y quitar lo que sobra, ya que «a menudo no renunciamos a esos pasajes hermosos que son palos en la ruedas de una buena historia».

Villar escribe en castellano y luego traduce al gallego, o viceversa, lo que hace el proceso creativo aún mas premioso. Busca así «la musicalidad de las dos lenguas y de la voz propia de cada personaje». Aunque reconoce que los diálogos le salen mejor en castellano, «dado que el 99% de mi vida transcurre en esa lengua», admite que «el gallego me acerca más al lugar emocional que busco al escribir».

Ha triunfado en un mercado sobresaturado como el de la novela policial. Pero advierte que sus historias «son antes retratos sociales que aventuras criminales». Inauguró la serie policial con 'Ojos de agua', de la que se han vendido veinte ediciones, y siguió con 'La playa de los ahogados', llevada al cine por Gerardo Herrero, con Carmelo Gómez en el papel de Caldas.

En el 'El último barco' su policía investiga la desaparición de Mónica, la hija del doctor Andrade, un prominente cirujano de Vigo. La joven faltó a una comida familiar dominical y no acudió el lunes a impartir su clase de cerámica. Aunque, en apariencia, nada ha alterado la casa pintada de azul de la joven en Moaña ni la vida del pueblo, Caldas comprobará que «en la vida, como en el mar, la más apacible de las superficies puede ocultar un fondo de devastadoras corrientes».

Cree Villar que la serie seguirá -«tengo un buen puñado de ideas, varias historias puestas en remojo en el caldero de las historias»- y no quiere dejar de escribir sobre su Galicia natal, «que para un escritor de novela negra es un as en la manga». «Su naturaleza es exuberante, sus gentes son complejas como su orografía, y la realidad de esta frondosa tierra fronteriza y abierta al mar es muy rica», enumera Villar para explicar su fidelidad a un territorio que dejó en 1989 para instalarse en Madrid.

«Escribo retratos sociales antes que aventuras criminales», dice el creador del inspector Leo Caldas

Alarmados por la tardanza en la entrega del original, sus editores le invitaron a abandonar la «cueva del oso» y trabajar en la editorial, con horario de nueve dos, sobre la última versión de la novela. Temían que su afán ultracorrector convirtiera el proceso en inacabable. «Soy un oso cavernario y tremendamente inseguro, pero a veces salir de la cueva te hace mucho bien», reconoce Villar. Ultimó la novela en la sede de Siruela, en un ambiente laboral muy distinto al de su solitaria guarida literaria. «La literatura, al contrario que el cine, es soledad y dudas», resume Villar, hijo de bodeguero, como su policía, y que desempeñó otros trabajos antes de dedicarse en exclusiva a la literatura hace ahora una década.

Se resigna ahora a afrontar la fase promocional con la que debe lidiar hoy todo escritor, «a pasar de ser un ermitaño a un exhibicionista». Se siente más cómodo cuando lo controla todo «y eso solo ocurre en mi cueva», insiste el escritor vigués, que ha vendido especialmente bien sus novelas en Francia y Alemania, pero que tiene en sus paisanos a sus mejores lectores «tanto en castellano como en gallego».

Traducida a quince idiomas, la serie de Leo Caldas ha cosechado un puñado de premios nacionales e internacionales. 'La playa de los ahogados' fue libro del año para la Federación de Libreros de Galicia. 'Ojos de agua' ha sido finalista de los Crime Thriller Awards y Dagger Interntaional en el Reino Unido, del premio Le Point du Polar Européen en Francia, y del premio de la Academia Sueca de Novela Negra.