El menú de la marina española en 1771

Barcos de las armadas española e inglesa en 1804. Wikipedia CC PD/
Barcos de las armadas española e inglesa en 1804. Wikipedia CC PD

Un documento escrito en Cádiz, base de la Dirección General de la Armada en durante el siglo XVIII, nos permite saber qué comían los oficiales de a bordo

Ana Vega Pérez de Arlucea
ANA VEGA PÉREZ DE ARLUCEAMadrid

«Mesa que dan abordo a los oficiales del exercito q van con tropas a la América». Con esta anotación a mano comienza un documento de escasas tres páginas y editado en imprenta que, perteneciente al fondo antiguo de la Universidad de Sevilla, nos permite conocer lo que comían los oficiales de la Armada hace 250 años. En concreto en 1771, tal y como nos permite elucubrar un apunte manuscrito en la última hoja: «La subministración del Vino de que trata esta Instrucción debe entenderse á razón de una botella por cada Individuo de los que gozan mesa. R[ea]l Isla de León 5. de enero de 1771».

La Isla de León no se refiere únicamente a la famosa isla de la bahía de Cádiz sino a la actual población de San Fernando, que se llamó oficialmente «Villa de la Real Isla de León» entre 1766 y 1813. Por esas mismas fechas, en 1770, se trasladaría a esta municipio gaditano la Dirección General de la Armada y la base del Departamento Marítimo del Sur, gracias a lo cual creció San Fernando en población e importancia, albergando a un importante número de militares, marineros y comerciantes. Todos ellos estaban implicados en la Flota de Indias, la ruta náutica que durante más de dos siglos intentó asegurar la llegada a destino de los navíos mercantes españoles a través del acompañamiento de buques de guerra.

Y de la manduca de los oficiales de esos barcos se encarga precisamente el documento que les traigo hoy, que detalla perfectamente la dieta que se les ofrecía a bordo a ellos y a sus familias y que formaba parte de su salario, aunque fuera en especie. Por eso el cumplimiento de las condiciones estipuladas para la comida era muy estricto y además, responsabilidad del capitán de la embarcación o comisionado, que debía asegurarse de que cada día se repartían las provisiones acordadas, «los avíos y utensilios para su suministración y servicio de la mesa».

Detalle del documento de 1771. Archive.org CC PD.
Detalle del documento de 1771. Archive.org CC PD.

Claro que en el largo viaje y dependiendo de múltiples circunstancias podía ser que el menú cambiara, pero a simple vista no está nada mal. Para desayunar «un pocillo de chocolate on pan o manteca o queso», al mediodía para abrir boca una sopa de pan y otra de arroz o fideos, luego un cocido u olla con carne y tocino, chorizo, berza, calabaza, garbanzos «arreglada a la proporción de lo que se haya podido embarcar y según la duración del viaje». Después de la olla dos principios o platos principales, uno de carnero o ternera y otro de ave, luego un plato de encurtidos, escabeche, ensalada o equivalente y postre en forma de aceitunas, pasas, almendras, nueves, avellanas o queso, entre los cuales se incluía tres veces a la semana un dulce especial y dos veces a la semana una ración extraordinaria «de jamón, salchichón o masa». De cena ensalada cruda o cocida, un plato de carne y otro de pescado o huevos y como postre frutos secos o aceitunas.

«Para la comida y cena se subministrará sin escasez vino bueno», avisa esta circular, y también pan decente, bizcocho blanco que tal y como nos dice su nombre se cocía dos veces (bis-cocho) para eliminar toda la humedad y que durará más tiempo. En caso de que las inclemencias del tiempo no permitieran encender el fuego y por tanto no se pudiera comer caliente, había que tener siempre preparados fiambres u otras soluciones de aquí te pillo aquí te mato como jamones cocidos, escabeche, salchichón, ensalada de anchoas o gazpacho. El amor por el detalle de la administración española nos descubre también que si algún oficial o familiar se ponía enfermo, debía recibir un puchero especial hecho con gallina y una taza de caldo. La dieta especial se extendía incluso a los viernes y días de vigilia, cuya observancia estaba cubierta por un menú con «potaje de garbanzos, frijoles o lentejas, un plato de bacalao guisado o cocido, escabeches o salmón y un plato hecho con huevos». Casi dan ganas de alistarse.