El Prado renueva su relato y crece un 10%

El director del Museo del Prado Miguel Falomir, durante la presentación de la nueva instalación de las salas de pintura flamenca y el Tesoro del Delfín. / Víctor Lerena (Efe) I Atlas

El museo resitúa el Tesoro del Delfín y su colección de pintura flamenca y holandesa en ocho salas recuperadas del edificio Villanueva. Con una inversión de más de tres millones de euros, es su «penúltimo reto» previo a la ampliación del Salón de Reinos

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIMadrid

Día grande para el Museo del Prado, que crece un 10% y renueva su relato y parte de sus espacios más nobles. El museo resitúa el suntuoso Tesoro del Delfín y reordena y amplía su colección de pintura flamenca y holandesa, que ocupan desde ahora ocho salas en la segunda planta del edificio Villanueva. Ha necesitado una inversión superior a los tres millones de euros y supone un paso definitivo en el Plan de Reordenación de Colecciones de la pinacoteca que pretende la recuperación integral del edificio Villanueva para uso expositivo. «Ha sido un enorme esfuerzo material, intelectual y científico», dijo del «penúltimo reto» del museo su director, Miguel Falomir.

El siguiente será la ampliación del Salón de Reinos según el proyecto de Norman Foster y Carlos Rubio. «Será otro éxito porque confiamos en la aprobación de los Presupuestos del Estado y la liberación de las dotaciones», dijo José Pedro Pérez-Llorca, presidente del Patronato, que eludió hablar de plazos. «Lo relevante es que se llevará a cabo, que llegaremos a Ítaca, da igual quien pilote la nave», dijo en clave homérica. «El Prado es ejemplo de continuidad y haremos el Salón de Reinos. Ya veremos quién, porque todos pasamos, pero la realidad viva del Prado permanecerá y se enriquecerá».

Más de 2,5 millones ha costado la portentosa instalación en la Sala 79 B del Tesoro que perteneció al Gran Delfín Luis de Francia (1661-1711), hijo del Rey Sol, y que heredó su hijo Felipe V (1683-1746), primer Borbón español. La colección de «vasos ricos» en cristal de roca y piedras ornamentales, que llegó al Prado en 1839, se expone ahora completa en el Toro Norte, en el cuerpo central de la planta segunda del ala Goya del edificio Villanueva.

Durante el siglo XX el Tesoro se expuso en distintos espacios del edificio, el último una sala acorazada en el sótano inaugurada en 1989, pero aislada del recorrido actual de la visita. En la nueva sala circular se ha plantado una vitrina curva continua de 40 metros de longitud, instalación única en su género con todos los requerimientos técnicos y de conservación, con soportes y sistemas de iluminación específicos para cada pieza.

«El nuevo montaje ofrece la visión más completa del Tesoro desde hace más de dos siglos», dice Letizia Arbeteta, la mayor especialista en el Tesoro y asesora científica. De las 169 obras que lo conformaron, han llegado a hoy las 144 que reúne su nueva exposición permanente. Es una colección única, «equiparable a otros grandes tesoros dinásticos europeos, por su calidad, su valor intrínseco y su belleza, además de ser un importante ejemplo del coleccionismo europeo de artes suntuarias en los siglos XVI y XVII, imagen también del poder y prestigio regios», acota la experta.

Cuenta con piezas antiguas y medievales, aunque predominan las ejecutadas en los siglos XVI y XVII en la corte de París. Se ha abordado la revisión científica y técnica de todos los vasos, su restauración y un estudio documental e histórico que ha permitido nuevas atribuciones de unas piezas tan valiosas que el algún caso costaron cinco veces mas que que una tela de Tiziano o del Bosco. La colaboración de Samsung aporta una aplicación interactiva y un audiovisual de 3,5 minutos que narra la historia del conjunto.

Rubens, Jan Brueghel y Rembrandt

Algo más de 700.000 euros se han invertido en la remodelación de las siete nuevas salas para la colección de pintura flamenca y holandesa. Exhibe 120 obras, de las cuales casi 90 no se habían mostrado en las últimas décadas. «El Prado es hoy un 10% más grande», se felicitó el conservador Alejandro Vergara, al presentar una colección «que querrían el Louvre, el Metropolitan o el Kunsthistorisches de Viena».

Ante la necesidad de espacio para acoger distintos servicios, las salas de la segunda planta se dedicaron en 2004 a almacenes, despachos y el taller de restauración. Con la ampliación de Moneo en Los Jerónimos y la adecuación del taller de restauración, se liberó de nuevo este grupo de salas. El museo programó entonces su recuperación como espacio expositivo, su reacondicionamiento arquitectónico y la mejora de sus dotaciones con el concurso de Rafael Moneo.

Las siete nuevas salas albergan ahora «una de las mejores colecciones del mundo de pintura flamenca de los siglos XV al XVII, formada en su mayor parte por el mecenazgo real», destaca Vergara. De 1430 a 1650 los territorios que conforman la actual Bélgica fueron, junto a Italia, los principales productores de pintura de Europa. La pintura de esa región se denomina «flamenca» y se realizó en su mayoría en Amberes.

Las nuevas salas acogen obras fundamentales de Rubens, Jan Brueghel, Clara Peeters y David Teniers, entre otros artistas. Las salas 78 y 79 acogen importantes obras de Rubens (1577-1640), entre ellas las mitologías que le encargó Felipe IV para la Torre de la Parada y algunas de las mejores obras de pequeño formato del maestro holandés. En la sala 76, dedicada a la pintura holandesa entre 1478 y 1800, se exhibe 'Judit en el banquete de Holofernes', de Rembrandt, e importantes obras de pintores representativos de esta escuela como Salomon de Bray y Gabriël Metsu.

La apertura de estas salas ha motivado la reordenación de la pintura de Rubens, Van Dyck (1599-1641) y Jordaens (1593-1678) en la primera planta del museo, tanto en la Galería Central como en la sala 16B.

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