Gastrohistorias

La sopa de ajo según Dumas

Ajos y fotografía de Alejandro Dumas. Wikimedia Commons CC PD./
Ajos y fotografía de Alejandro Dumas. Wikimedia Commons CC PD.

El escritor francés viajó por España en 1846 prestando especial interés a la gastronomía tradicional, de la que versionaría varias recetas en su Diccionario de Cocina de 1873

Ana Vega Pérez de Arlucea
ANA VEGA PÉREZ DE ARLUCEAMadrid

Al pobre Alejandro Dumas (1802-1870) se le atribuyó durante mucho tiempo aquella poco halagadora sentencia de que África comienza en los Pirineos. El autor de 'Los tres mosqueteros' negó siempre, por activa y por pasiva, haber dicho aquello e incluso después de muerto, su hijo se sintió en la obligación de desmentir la presunta hispanofobia del padre declarando a un periódico nacional que ambos habían sido apasionados admiradores de España a pesar de haber sufrido algunos vergonzosos incidentes durante su paso por nuestro país.

Los dos Dumas pusieron el pie en España en 1846, con ocasión de la boda entre la infanta Luisa Fernanda, hermana de la reina Isabel II, y Antonio de Orleáns, duque de Montpensier e hijo del rey de Francia. Al padre se le encomendó asistir como cronista oficial y ya puestos aprovechó para recorrer la península ibérica de punta a punta antes de aventurarse en Túnez y Argelia. Describió sus experiencias en el libro 'De París a Cádiz', publicado el año siguiente y agriamente recibido entre los lectores españoles por considerarse que describía nuestras costumbres desde los prejuicios extranjeros. A pesar de que Dumas cayera en ciertos tópicos manidos y nos observara con alguna superioridad, es cierto también que no ahorró en halagos hacia nuestros paisajes y que respecto a algunos temas supo vernos con la imparcialidad que marca la distancia.

Amante de la buena cocina, comilón y reputado oficiante de guisos y salsas, Alejandro Dumas dedicó durante su viaje un especial interés al asunto gastronómico. Sin sacudirse la supremacía culinaria gala en ningún momento, hizo hueco en sus páginas para alabar nuestras materias primas, utilizadas por él mismo para cocinar a lo largo de su periplo por no fiarse de la mano de los fondistas españoles. Le encantaron el chocolate, la carne de caza, las frutas, las verduras y el jamón de Granada a la vez que echó pestes del cocido, el aceite, el gazpacho y el vino. Pese a sus peculiares filias y fobias, el escritor dedicó un largo capítulo a la gastronomía española en su póstumo 'Gran diccionario de cocina' (1873), en el que incluyó recetas de varios de nuestros platos más famosos pasados por su filtro particular, desde el puchero de garbanzos al pollo en pepitoria o la sopa de ajo.

Aquí tienen la receta escrita por Alejandro Dumas para hacer sopa de ajo «a la española», que de ajo la verdad tienen tan poco como si la hubiera hecho el conde de Montecristo en el Castillo de If.

«Coja dos onzas de grasa [manteca de cerdo, posiblemente] por litro de agua, caliente la grasa en una cazuela y eche un diente de ajo que dejará tostar hasta que esté casi quemado; entonces eche el agua y una buena pizca de sal y tendrá usted hecho el potaje en tres o cuatro hervores, después de los cuales echará en una sopera pan cortado en rebanadas delgadas, tantos huevos como comensales haya y cubrirá esto vertiendo encima el caldo en ebullición».